Algunos permanecen inmóviles. Otros más deambulan de un lado a otro buscando y rehuyendo los brazos de sus padres por igual. Ya sea que cuenten con dos o con 12 años, esta mañana de sábado los niños vinieron al teatro AcercARTE a ver títeres. Y no cualquier tipo de títeres sino los que llevan el nombre de Mireya Cueto, una de las exponentes más importantes de este arte en México, con casi 70 años de trabajo dedicado a la niñez de su país y del mundo.
Aún lúcida y sonriente, Cueto, quien cumplirá 87 años en 2009, se acerca al centro del escenario para agradecer la asistencia del público y pedir el reconocimiento a los jóvenes que permanecieron detrás del teatrillo, manipulando a los personajes de las cuatro obras durante la hora de espectáculo. Aunque ella sigue construyendo los títeres y los escenarios, así como dirigiendo los montajes, son otros tres artistas los que se encargan de darle vida a cada una de las piezas que la compañía presenta en festivales y funciones especiales a lo largo de toda la República.
Catía Ibarra, Oswaldo Martín del Campo y Ramón Guerrero son, además de titiriteros, músicos profesionales que por distintas circunstancias se dedican a este “arte modesto” como la maestra Mireya les ha ensañado a llamarle. Pero no es modesto por ser poco importante sino por la humildad que transmite al público y a todos sus involucrados. Por “amoroso, por abrazar a la vida y al titiritero”, dice Oswaldo.
La nueva generación
Los tres músicos y cantantes coinciden en que prefieren el carácter relajado y amigable del mundo de los títeres que los egos que muchas veces dominan el ambiente musical en nuestro país. No obstante, aclaran, no están decepcionados de la música como tal y siguen involucrados con ella.
“A mí los títeres me salvaron de la depresión, de la frustración, de una vida común y ordinario. Me dieron la oportunidad de hacer arte de buen nivel. Siempre que hay una función de títeres todo se mejora, todo es mágico. Toda está bien y en equilibrio. Afuera ya es todo un relajo. El mundo de la música es muy soberbio. Se pelea mucho por el virtuosismo, y qué tan difícil haces las cosas en lugar de qué tanto dices”.
Cada uno de los tres jóvenes titiriteros llegaron a su actual profesión de manera distinta. Catía proviene de una familia con tradición en este arte y ha incursionado en él desde los siete años. Su madre, Angélica Cantillana, fue directora de su propia compañía de títeres hasta 2001, año en que se fusionó con el proyecto de Mireya. Aunque nunca ha sido ajena a la escena, Catía siempre decía que lo último que haría en la vida era ser titiritera. “Estudié música y cuando dejé un año los títeres me di cuenta que ya eran parte de mi vida. Son muy mágicos”.
Oswaldo, por su parte, disfrutaba de los títeres desde niño, pero su interacción directa con ellos no sucedió hasta que Catía y su madre lo invitaron a incorporarse a su compañía. El día que le hicieron la propuesta, “fue uno de los momentos más alegres de mi vida. Para mí fue el hit”, recuerda. Un par de años más tarde, vino la invitación de Mireya, que fue lo máximo. Conocer a todos los titiriteros que conoce, aprender de ella todas las técnicas de hacer títeres, saber todos los géneros. Adentrarme al mundo de Mireya fue un privilegio que le debo a Catía y a su mamá. Es una deuda espiritual que tengo con ellas”.
Antes de que Ramón se incorporara a la compañía como cantante y guitarrista hace más de tres años para un festival en Huamantla, Tlaxcala, jamás se había imaginado en esta escena artística. De niño, como es la costumbre, había asistido como espectador a algunas obras. Pero hasta ahí. “Yo como guitarrista quería tocar y musicalizar una obra en vivo. Ya viendo los ensayos me llamó muchísimo la atención y me dieron la oportunidad de participar y manipular a los personajes”.
Mireya Cueto
Además de agradecer todo lo que han aprendido con la famosa titiritera, los tres artistas reconocen que su nombre les abre muchas puertas. Como en diversos ámbitos en México, el prestigio de una persona puede tener más peso que la calidad. “Con Mireya tienes los dos”, aclaran los jóvenes.
“Vivir de los títeres es difícil. Hasta hace nueve meses tenía un trabajo estable y me arriesgue a dejarlo por la música y los títeres. Es muy difícil conseguir una función bien pagada, que te programen. Pero sale: estoy comido y vestido y contento. No te da para el lujo pero sí da para vivir”, comenta Oswaldo. “Y sí hay que reconocerlo: el padrinazgo de Mireya nos hace mas fácil la vida”.
“Yo sí genero mis ingresos de la música. Mi participación en los títeres es eventual. Y como dice Oswaldo, el estar en la compañía de Mireya nos abre puertas. El estar en otra compañía imagino que debe ser más difícil”, comenta Ramón.
“Yo que vivo y trabajo desde los siete años en esto veo que se está volviendo más difícil. Yo creo que sigue siendo bien pagado pero el problema es que las oportunidades cada vez son más escasas”, opina Catía. “Sí se gana bien con los títeres. En algún momento hubo un boom de cultura pero conforme fueron pasando los años se volvió más complicado. Sin embargo todavía hay puertas y es cosa de estarse moviendo. Y afortunadamente participamos en la compañía de teatro de Mireya”.
La escena mexicana
“¿México tiene cultura de títeres?”, se les pregunta a los tres. Sin dudarlo, responden que sí. “Para todos los públicos la calidad es la que habla”, comenta Oswaldo. “Si una obra tiene calidad y factura y pasión, a cualquier público se le puede cautivar. Muchas veces la improvisación excesiva puede estropear el trabajo, por ejemplo”.