Ahora nos dice don Agustín Carstens, el doctor en Economía, que el crecimiento de México para el 2009 puede estar alrededor de 0 por ciento.
Y eso, eso de quedar en cero, evita, por lo menos, que nos vaya a salir –como algunos comentaristas– con que vamos a tener un crecimiento negativo. ¿Crecer negativamente significa que creceremos al revés, de cabeza o cómo? ¿Cómo se puede crecer negativamente? ¿No sería más fácil decir que nuestra economía va a decrecer o a disminuir? Bueno, el hecho es que el señor secretario nos dice que nos vamos a quedar en cero; tal como dijera el gallego, ni frío ni calor.
Pero inmediatamente después declara también el ex secretario de Hacienda y ahora gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz, para desmentirlo, para contradecirlo con mucha diplomacia, y aseguró que no, que la cosa va a ser peor, que lo que dijo Carstens sería, si acaso, un pronóstico optimista.
Y en este momento ya no sabe uno dónde guarecerse.
Porque hace solamente unos meses esos mismos nos aseguraban que nuestra economía estaba tan bien blindada que nos encontrábamos mucho mejor que la mayoría de las potencias mundiales, y que si acaso sufriríamos un “leve catarrito”, comparado con la pulmonía de los gringos.
¿Y qué se propone hacer nuestro gobierno federal para enfrentar la crisis?
¿Cómo aumentar el consumo y evitar una crisis de liquidez?
Quienes esperábamos que para conseguirlo se disminuyeran las tasas impositivas, que ya no subiera el IETU otro 0.5 por ciento, como estaba planeado desde su inicio, o que por lo menos se eliminara el impuesto a los automóviles nuevos; en fin, que se tomaran medidas para redirigir el escaso ingreso de los mexicanos hacia el consumo, nos quedamos con las ganas. El apretón de cinturón será para el populacho. El gobierno se queda en las mismas, obeso y cachetón.
Vamos, ni siquiera se ha hablado de disminuir el gasto corriente oficial castigando un poco los altísimos sueldos de la burocracia dorada. Nada de eso. Los aguinaldos de 400 mil pesos de los diputados seguramente crecerán aun más el próximo año; sus viajes al extranjero seguirán viento en popa, a pesar de la indignación que nos invade. Y para acabar de alimentar el encabronamiento y la indignación generalizada, seguramente nos volveremos a enterar de que tampoco pagarán, ya en 2009, el correspondiente impuesto sobre la renta, sino que nuevamente lo tomarán de los nuestros; sí, tomarán de nuestros impuestos para pagar lo que por ley y en justicia les correspondería pagar a ellos. Bueno, eso si fueran mexicanos comunes y corrientes y no de los de lujo, de los de primera, de los que parten y reparten. Y además, no pagan impuestos.
Y así cada día, y ahora por la crisis, se hace más grande una brecha que ya separa a los ciudadanos de los políticos, y a los partidos de la sociedad.
¿Y cuales son las medidas que se anunciaron para enfrentar o paliar la crisis?
*Bueno, disminuir el ahorro en las Afores, permitiendo que se puedan hacer retiros parciales y en consecuencia torpedear a un nuevo sistema de pensiones que ha costado mucho esfuerzo implementar y que estaba destinado a garantizar una mayor equidad en el retiro, que aumentaría de manera muy importante las reservas económicas, y que aliviaría la presión que el sistema de pensiones tradicional está ejerciendo de manera progresiva sobre el presupuesto nacional. Ahora vamos a remar contracorriente. ¿Y los empleados y obreros que saquen sus ahorros de las Afores lo harán a sabiendas de que su jubilación se verá mermada? ¿O a contracorriente de la tendencia mundial y de una economía sana, se subsidiará después a las Afores mediante el gasto público, regresando al viejo sistema de privilegiar a unos cuantos a costa de todos los paga–impuestos? ¿Si se destinan recursos del presupuesto para subsidiar fondos privados de pensiones, no se estaría regresando al viejo sistema, al que se pretendía corregir mediante las cuentas individualizadas?
*Se congelarán los precios de las gasolinas, pero caros. Al precio fijado actualmente por Hacienda, que es 30 por ciento mayor que en Estados Unidos. Y todo el bla–bla–bla del libre mercado, de la libre competencia, de que Pemex entraría a una administración competitiva y sana, quedó en el olvido. Regresamos a los precios fijados por razones políticas y no por una administración sana, tanto por la de Pemex como por la del país. Volveremos a lo que los panistas, en el pasado, llamaban la economía–ficción. Pero entonces estaba mal, ahora ya no.
*El gobierno pagará hasta la mitad del sueldo de las empresas que se encuentren en paro técnico. ¿Y cómo evitar subsidiar así a las más ineficientes? ¿Cuál será el estímulo para las más competitivas, si éstas venden su producción y las otras, las que reciban el subsidio, no lo pueden hacer y tienen que parar, ya sea por su menor calidad o por su mayor precio?
*Se aumentará la cobertura del seguro social para los desempleados de dos a seis meses.
¿O sea que se destinarán mayores recursos al IMSS, para cubrir a quienes tuvieron y ya no tienen empleo fijo? Sí, con 2 mil 600 millones de pesos. Es decir, si hasta el momento se han perdido 400 mil empleos, esto equivale a 6 mil 500 pesos por jefe de familia. ¿Y los que no han tenido ni empleo, ni IMSS, ni nada? ¿Se destinará acaso una cantidad similar para el seguro popular y para las familias de los migrantes que se quedaron sin trabajo allá del otro lado, o que ya tuvieron que regresar? ¿O unos son rabones y otros son coludos?
Finalmente, parece que nuevamente se actúa sin rumbo, o por los mismos caminos trillados del pasado.
Por una u otra causa se adoptan medidas que tienden a profundizar y mantener las diferencias sociales y económicas entre los mexicanos.