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Lunes, 12 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La provocadora e intensa obra de Yishai Jusidman llega al Museo Amparo

 

 

Parte de la muestra
YADIRA LLAVEN

Hace siete años, por diversos motivos, el pintor, crítico y teórico del arte contemporáneo de origen judío Yishai Jusidman (DF, 1963) dejó su país. Primero, radicó dos años en París, y desde hace otros dos vive en Los Ángeles. Esta vez, Jusidman realizó un viaje relámpago a México para exhibir gran parte de su obra, creada durante las dos últimas décadas.

Por esta razón, el Museo Amparo (2 Sur 708) dio a conocer su nueva exposición temporal, que será inaugurada el próximo viernes 30 de enero a las 19 horas.

Jusidman es uno de esos creadores solitarios, ajenos al brillo y al ruido a veces excesivo que emiten muchos artistas en la actualidad. La suya es una obra silenciosa e intensa que se apoya en un estudio analítico de las propiedades de la pintura, en su versatilidad y su diálogo con otras técnicas.

Desde finales de los años 80 ha trabajado en series cohesivas que abordan temas relativos a la práctica pictórica contemporánea, como Payasos (1991–92), que replanteó la obsesión minimalista por la objetualidad del pigmento; Suma (1994–97), que recalibró el formalismo abstraccionista moderno y Bajo tratamiento (1998) que reformuló las posibilidades de tensión sicológica en la pintura sin recursos al brochazo; y recientemente Mutatis mutandis (2006), que presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco); y Pintores trabajando, en la que captura a diversos creadores en la intimidad de sus estudios.

Para Jusidman, los argumentos estilísticos y retóricos que articulan sus temas proceden del afán de englobar al observador en una experiencia orgánica y completa de la obra. La obra funciona a modo de un espejo que distorsiona –literal y metafóricamente– esferizando, velando, amplificando, recontextualizando. Tales manipulaciones son manejadas con astucia a fin de permitir la coexistencia amigable de representaciones figurativas, abstractas y concretas; y también de lograr sugestivamente que la forma, el contenido y el vehículo se entretejan.

El artista ha admitido que una de sus reticencias de hacer pinturas de texto es porque ya existe una tradición en este sentido a lo largo del siglo XX. “En estas obras –apunta– me interesaba hacer una pintura de texto, en el que la pintura misma se fuera articulando por el hecho de que hay un texto allí, que no le permite por un lado ser totalmente pintura. Y, por el otro, el texto lo dirige un poco en qué sentido puede ser la pintura”.

Su obra ha sido descrita por la crítica como “provocadora, que abunda en la naturaleza del arte e interroga al espectador y lo involucra en el proceso artístico”. Y esta preocupación en torno a la reflexión del quehacer artístico sólo puede venir de alguien que se ha comprometido desde siempre en este proceso de creación.

El año pasado expuso por quinta ocasión en Nueva York; esa vez en la galería Yvon Lambert Project Space, en pleno barrio de Chelsea. Ahí comentó que su intención última, más allá de su interés por los hechos noticiosos, es la de mostrar la “tensión y contradicción” que se genera cuando se pasa de la esfera de la realidad política y social, que nos envuelve, al mundo del arte contemporáneo.

Su trabajo ha sido admirada en foros de relevancia internacional, como el Stedelijk Museum Voor Actuele Kunst, S.M.A.K., Gante, Bélgica; el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, MEIAC, Badajoz, España; el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, México; y en la Bienal de Venecia de 2001, en el marco de la exposición internacional curada por Harald Szeemann, El Escenario de la humanidad.

 
 
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