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Viernes, 9 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

  EPIDEMIO-LÓGICA  

La vitamina C

 

 
JOSÉ GABRIEL ÁVILARIVERA

Una de las enfermedades carenciales con las que estaba acostumbrada la gente del mundo antiguo era el escorbuto, que se caracteriza por sangrados en las encías; hemorragias en la piel que dan lugar a “moretones” incluso debajo de las uñas; dificultad en la cicatrización; cansancio, depresión, debilidad, fatiga e irritabilidad.

La enfermedad se daba principalmente en ciudades amuralladas, pero era detallada principalmente en los viajes transoceánicos, en los que barcos que requerían alimentos que no se corrompieran tenían qué depender de galletas y carne de cerdo salada. Pero en 1536, un explorador francés llamado Jacques Cartier (1491–1557), al sondear la parte norte de América y plantar una cruz de casi 10 metros )con lo que reivindicó esa parte del territorio para Francia) 110 de sus hombres enfermaron de escorbuto en el invierno. Ya había establecido un vínculo con los nativos de la región, quienes le recomendaron que bebieran agua en la que se hubiesen remojado puntas de pino. Incrédulo pero también desesperado, llevó a cabo el procedimiento y sus marineros curaron. Aunque llevó la noticia de este hallazgo a Europa, fueron necesarios dos siglos para que se comenzara a desentrañar el misterioso componente que curaba el escorbuto. En 1747, el médico escocés James Lind (1716–1795) retomó observaciones similares a las de Cartier y descubrió que los cítricos eran las frutas que curaban más rápidamente la enfermedad en los marinos, a bordo del barco Salisbury, después de probar con diferentes alimentos que iban desde la nuez moscada, vinagre, agua de mar y algunos otros que no es difícil imaginar.

Aunque al principio sus sugerencias fueron menospreciadas, pudo convencer al famoso capitán James Cook de la Armada Real Británica de que siempre llevara cítricos en sus travesías; pero fue hasta 1789 (42 años después) cuando se dio crédito a las investigaciones del doctor Lind erradicando el escorbuto en una forma definitiva de los barcos ingleses. La determinación de su estructura química fue resuelta después de un anecdotario fascinante. Cuando uno se refiere a otras vitaminas, una tonelada de cascarilla de arroz contiene solamente cinco gramos de vitamina B1. Sin embargo, los cítricos contienen generosas cantidades de vitamina C; pero el aislamiento no se podía llevar a cabo hasta encontrar a un animal como modelo de experimentación. La mayor parte de los mamíferos excepto el hombre y los monos elaboran su propia vitamina. En 1918 los bioquímicos Lafayette Benedict Mendel y B. Cohen descubrieron que los “conejillos de Indias” (Cavia porcellus) eran de las raras especies animales que adquirían escorbuto más fácilmente que los primates; sin embargo, debido que es muy “inestable”, se pierde con facilidad al tratar de aislarlo.

Muchos investigadores se orientaron sin éxito en la obtención de este producto y fue 10 años después que el bioquímico húngaro Albert von Szent–Gyorgyi Nagyrapolt (1893–1986) logró aislarlo a partir de la col. Curiosamente, él no estaba interesado en la vitamina en sí,  sino en la forma en la que los tejidos pueden utilizar el oxígeno para generar energía, razón por la cual solamente divulgó su descubrimiento; pero unos gringos que sí estaban interesados en aislar la vitamina C, aprovecharon su hallazgo y encontraron la alta capacidad para curar el escorbuto en 1933, comandados por el químico Charles Glen King, quien propuso el nombre de Ácido Ascórbico que es equivalente a decir “antiescorbútica”. Pero en ése mismo año, el químico Sir Walter Norman Haworth (1833–1950) determinó la estructura química. En 1937 se dio la repartición de Premios Nobel incluyéndolo justamente a él; al químico nacido en Moscú pero de padres suizos, llamado Paul Karrer (1889–1971) y el de medicina, merecidamente a Szent–Gyorgyi.

La vitamina C, determinante en el desarrollo de todos los elementos bucales, contribuye a la correcta absorción del hierro. Es fundamental en el crecimiento y reparación de la piel; es esencial en la producción de colágeno y también tiene una importante función en el metabolismo de las grasas. Pero de todas las vitaminas, es bastante controversial con respecto al efecto que tiene sobre el sistema inmunológico. Hay investigadores que afirman que sí y hay otros que lo niegan. Lo curioso es que dentro de la controversia, se ha planteado que el consumo de altas dosis de Vitamina C acorta el tiempo de duración de la gripa. Lo cierto es que la alimentación que diariamente incluya frutas y verduras es suficiente para estar sanos desde el punto de vista nutricional, de modo que cuando llegan a cuestionarme si el Ácido Ascórbico es bueno para el catarro, siempre respondo: sin vitamina C, la gripa dura hasta siete días; pero con ella dura solamente... una semana.

 
 
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