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Martes, 6 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SUBEYBAJA 

Lo bueno, lo malo, lo regular y lo peor de 2008

 

 
RAMÓN BELTRÁN

Lo malo

 

Inicia con la amenaza, ya sentida por muchos, de una nueva crisis económica que, para variar, nos dicen será distinta a las anteriores. Una más, después de la que empezó en el 76 con la devaluación de 12.50 a 25 pesos, anunciada por Luis Echeverría en su informe de gobierno. O, para los más ancianos de la comarca, una más desde aquella cuando Ruiz Cortines devaluó el peso de 8.50 a 12.50 por dólar. Eso en aquella época ahora denominada del “desarrollo estabilizador”, la época del “milagro mexicano”, y que muchos atribuyeron a la crisis de corrupción sufrida por nuestro país en el sexenio alemanista. Total, una crisis más de las que hemos sufrido –y aguantado– desde hace 60 años. Cada vez más frecuentes en los últimos treinta.

Bueno, por lo menos hemos ganado algo, y es que ahora las devaluaciones y demás tragedias económicas dejaron de anunciarse en los informes presidenciales. Ahora ya ni siquiera se anuncian. Nos enteramos por la sección económica de los diarios. Y cuando esta es más grave por las primeras planas. ¿Cuál es el nuevo tipo de cambio? Cualquiera. El de hoy puede ser –y casi siempre sucede– distinto del de ayer y de el de mañana. Antes el valor del peso se fijaba por decreto presidencial; hoy se intenta lograrlo por medio de la subasta de dólares que hace el Banco de México. Dólares ofrecidos al mejor postor Mientras que ayer los que compraban dólares en los bancos, ya sea para atesorarlos o exportarlos, eran aquellos odiosos saca–dólares que nos habían saqueado pero –nos aseguraron– ya no lo volverían a hacer nunca más, hoy pueden comprarlos en subasta, y por si acaso nos quisieran saquear, se los ofrecemos aún más baratos que en las ventanillas de los bancos, para que hagan con ellos lo que mejor les convenga: y sin que ningún presidente se atreva a criticarlos o satanizarlos públicamente. Eso, eso es progreso.

Esperamos el embate de la crisis como buen país taurino, firmes, erguidos, con los pies bien plantados en el suelo y esperando la embestida. Y como no tenemos con que hacerle frente mejor utilizaremos el capote, el engaño, para hacer como que lo enfrentamos, cuando únicamente capearemos el temporal. Temporal del cual nadie –aparentemente– es culpable, pero que ocasionará –por lo pronto– que solamente sean creados 80 ó 90 mil empleos este año, del millón que se requieren, como mínimo.

 

Lo bueno

 

Algo bueno nos debería traer el año de nones, año de dones.

Y gracias a esto, los mexicanos podemos respirar tranquilos, con alivio, sin pesadumbre.

La otrora denominada “pareja presidencial”, sí, la del Pollito Chente y Doña Martita, podrán legalizar su unión ante Dios. Porque ya anteriormente la habían legalizado ante los hombres, cuando habitaban allá en los meros Pinoles. Ahora el Vicario de León, Guanajuato ha informado a los futuros contrayentes que ya no existe ningún impedimento para que “Chente” Fox pueda casarse por la Iglesia. El Vaticano dixit. Bueno, el Tribunal de la Santa Rota. Que después de profundos y sesudos estudios de personalidad han concluido que esos desordenes sicológicos que aquejaron a Fox y a México durante un sexenio –el histrionismo, la melancolía, el protagonismo, la frivolidad extrema– se han curado por completo. Que dejaron de ser impedimento para el matrimonio. Sobre todo si se toma en cuenta que de la unión esperada no habrá nuevos descendientes. Ahora Chente ya está sano. No lo estaba, según el Vaticano, mientras gobernó a nuestro sufrido país. Y por supuesto Martita también está sana. Nada les impide ya unirse, hasta que la muerte los separe.

Lamentablemente nadie nos ha dicho quien curó al Chente y como lo hizo. ¿Sería acaso el Dr. Lammoglia? ¿O el famoso Dr. De La Fuente? ¿Se le administraron electroshocks? ¿O se curó a fuerza de dar limosnas? Jugosas limosnas para los hijos de…Marta. Y seguramente que también las hubo para algunos otros. ¿Ya no requiere de Prozac para funcionar?

Sea como sea es importante para la ciencia dar a conocer como se curan, aquí y ahora, esos graves trastornos psicológicos. Podríamos –¿por que no?– hacernos merecedores de un Premio Nobel de Medicina.

Y –en el mejor de los casos– si se ha hallado un método seguro y efectivo para corregir graves desviaciones psicológicas, podríamos someter a tratamiento a nuestros presidentes desde antes de que tomen posesión de su cargo. Nos podríamos ahorrar, por ejemplo, a otro “perro defensor del peso”, e inclusive a su señora esposa. Posiblemente hubiéramos tenido de Primera Dama a Rosa Luz o a Sasha Montenegro. Y no a Carmen Romano y su piano itinerante. Porque nadie nos garantiza que la primera mujer de Chente era mejor que “ la señora Marta ”, o por lo menos un poco menos mala.

 

Lo peor

 

E inauguramos el año nuevo con las declaraciones del Sub Comanche Marcos emprendiéndola ahora contra López Obrador. Y no se trata de meternos a defenderlo. Para nada. Pero acaso no sería mejor dejarle la chamba de descalificarlo a la derecha. Porque si alguien ha sufrido de protagonismo y falta de resultados es el famoso Marcos, a cuyo Comandante Supremo aún no conocemos, aunque sospechemos que se apellida Camacho Solís y se llama Manuel. ¿Y de resultados? Basta darse una vuelta por Chiapas, o por cualquier estado con población indígena, para constatar que hoy están igual o peor que hace 15 años. A menos que se hayan ido de “mojados” al país del norte.

Qué distancia tan grande, abismal, separa a ese Marcos seudo guerrillero y ya panzón (de acuerdo a las fotos de Proceso), después de 15 años de gozar del dolce farniente, de personajes de la talla de Lula o de Mandela. Por sus obras los conoceréis, dice la Biblia.

¿Pero es que acaso es una desgracia de la izquierda, un odioso “destino manifiesto”, el practicar el canibalismo?

Oyendo a Marcos, sin autoridad moral, metido a juez de López Obrador, es imposible olvidar las “purgas” estalinistas, los juicios y fusilamientos de los compañeros de lucha del “papacito Stalin”, de la persecución y asesinato a traición de León Troski, por órdenes de ese mismo, aquí en México.

¿Cómo olvidar las luchas entre socialistas, comunistas y anarquistas durante la guerra civil española, luchando entre sí sin recordar que su enemigo común se llamaba Francisco Franco ?

¿Habrá alguien que pueda aglutinar a la izquierda mexicana, tan necesaria, tan imprescindible, tan importante como instrumento para atenuar las enormes diferencias sociales que nos aquejan?

¿Y corregir la belicosa y canibalesca personalidad de muchos de sus militantes?

 
 
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