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Viernes, 2 de enero de 2009
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Graffiti, el lenguaje de las calles

 

 
ALONSO FRAGUA

La pared los espera. El encuentro del cemento frío con el aerosol es inminente. Un mensaje de amor, un cartón político, una pintura cubista; nada puede contener a la imaginación de un grafitero. Sólo la ley. .

Desde su aparición, el graffiti ha sido motivo de admiración y repudio por igual. Arte puro o simple delincuencia, las opiniones se dividen. El periodista y crítico español Guzmán Urrero escribió en su artículo “Historia de un lenguaje callejero” que “el graffiti ha logrado el estatus de arte cuando, en mi opinión, esta práctica es una fórmula comunicativa que sólo en determinadas circunstancias incluye elementos pictóricos de interés”.

Para el autor de Cine y letras, revista electrónica de cultura y tendencias, catalogar al graffiti como arte de manera inmediata y sin un análisis adecuado “puede conducir al hallazgo de logros artísticos en actividades de escaso mérito estético”. Así, a lo largo de su texto, Guzmán Urrero no deja de destacar el valor comunicativo de esta actividad que considera como un medio de autodefinición y signo de pertenencia grupal entre los jóvenes principalmente.

De acuerdo al ibérico, el primer grafitero conocido fue un personaje neoyorquino que firmaba como Kilroy, quien realizó sus pintas durante la Segunda Guerra Mundial. “Kilroy estuvo aquí” era su único mensaje. Varias décadas más tarde, en los setentas, el graffiti empezó a extenderse por la misma ciudad de Nueva York, en la zona del Bronx. En aquellos años, los vagones del metro y las paredes empezaron a mostrar distintos nombres hechos con aerosol, destacando el de “Taki 183”, joven repartidor de pizzas de origen griego que en sus trayectos en tren colocaba su tag o firma como una forma de ganar notoriedad.

Demetrius, verdadero nombre de Taki, simplemente pintaba el número de su calle al lado de su apodo, modelo que seguirían varios de sus colegas del Bronx, según cuenta Jeff Chang en su libro Can’t stop won’t stop. A history of the hip hop generation. El periodista y crítico musical refiere que el desarrollo del graffiti en la Gran Manzana se dio a la par de los otros tres elementos que forman parte de la cultura hip hop: el break dance, el DJ y el MC o cantante de rap.

A pesar de que Chang y muchos otros autores consideran al graffiti como una expresión propia del hip hop, existen datos que ubican a esta expresión dentro de otras culturas urbanas y no únicamente en la antes mencionada. Por ejemplo, los antecedentes musicales de algunos de los pioneros eran el jazz, doo–wop, rock y hasta la música disco y muchos de los artistas del graffiti eran influenciados por portadas de álbumes de rock progresivo y música de Grateful Dead.

Por su parte, Zephyr, otro reconocido personaje de los inicios del graffiti, se describía como aspirante a hippie y creció en Yorkville, cerca de Manhattan, y no en el Bronx, área que vio el auge del hip hop en los setentas.

 

Matices en aerosol

Hip hop o no, la presencia del graffiti en la sociedad contemporánea es innegable, ya sea como expresión estética o simple vandalismo. La paradoja del grafitero es muy clara para muchos autores y para los mismos involucrados. Intentan que su actividad sea reconocida como arte, pero en todo momento están conscientes del carácter criminal de la misma. El neoyorquino Pink le contaba a Chang que cuando entrenaba a otros grafiteros no estaba enseñando a un artista a exhibir en un museo, sino que estaba entrenando criminales que quieren obtener fama.

Aunque no sea arte, la descalificación automática del graffiti tampoco es el mejor camino en opinión de varias voces. El director del Comité de defensa de los derechos humanos de los chavos banda y organizaciones juveniles, A.C. (Codechav), Tonatiuh Martínez, considera que los jóvenes que realizan pintas en la ciudad de Puebla simplemente expresan su repudio ante una sociedad que no los escucha y que los reprime.

Sin estar de acuerdo con que en la ciudad proliferen las paredes cubiertas por tags, el director de Codechav considera que las acciones puestas en marcha por la policía municipal son similares a las razzias. El camino, dice, es la comunicación directa con los jóvenes. Preguntarles por qué lo hacen. “No queremos represión, sino diálogo”, remata.

 

Pintando alternativas

 

A diferencia de las soluciones del Estado basadas en la criminalización del graffiti, Codechav y otras organizaciones ciudadanas de Puebla como Banda Urbana, A.C. han pensado en propuestas para aprovechar el potencial estético de esta actividad.

En octubre de este año, La Jornada de Oriente dio a conocer el proyecto de Banda Urbana en el que grafiteros poblanos intervendrían el barrio de San Antonio con temáticas que reflejen la historia del lugar y ofrezcan un atractivo visual para el público local, pero también para el turismo nacional y extranjero. 

Juan Carlos Bonilla de Codechav comparte la opinión de Banda Urbana. Bonilla considera que si hubiera un área de graffiti en Puebla podría ser explotada como zona turística. Su idea, además, incluye que cada mes se repinten los murales y se elabore un catálogo que sirva para promover a la ciudad en otros estados y fuera del país como una obra de arte viviente.

Más allá de herramienta turística, el graffiti debe ser comprendido como una actividad que nace, regularmente, en entornos socioeconómicos particulares donde las latas de aerosol representan uno de los pocos medios de expresión existentes. El perjuicio a la propiedad privada es un acto censurable sin duda. Sin embargo, éste es producto de la intolerancia e indiferencia de parte de autoridades y sociedad, actores que, en lugar de buscar la causa del problema, sólo buscan ejecutar a los practicantes de esta actividad de potencial artístico inigualable.

 
 
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