Un senador panista asumió para sí como verdadera la frase que Nelson Vargas dijo en relación a que la Policía no hacía nada por averiguar lo que había ocurrido con su hija, quien había sido secuestrada: ¡No tenemos madre!
Los diputados locales de Nuevo León cambiaron el sentido y consideran que los que no tiene progenitora son los tricolores que en todas las sesiones los mayoritean para conceder la voluntad de lo que quiera al gobernador priista.
Los legisladores azules de Veracruz también asumen la orfandad del gobernador jarocho, a quien le reclaman que en lugar de atender las necesidades de los ciudadanos, él se gasta el dinero público en la adquisición, para su uso personal, de helicópteros y aviones.
Esa expresión se dice en voz baja entre los parlamentarios locales ante la incapacidad de diseñar estrategias que les permitan hacer frente a la decisión constante y permanente de la imposición de la mayoría calificada.
La frase: “no tienen madre” se ha convertido en el grito de batalla de las minorías en las cámaras locales y que expresa la impotencia de una clase política que, sin importar su filiación, se le acabaron los argumentos.
Panistas, priistas o perredistas asumen para sí la decisión de que a las minorías hay que desaparecerlas por la fuerza de la imposición. No importa la idea, el proyecto o la propuesta, lo importante es demostrar que lo único que vale es la fuerza.
Como decía Octavio Paz, los mexicanos construidos en el mestizaje, si algo no tiene es padre, pero sí mucha madre, pues si algo ansían es el reconocimiento del padre conquistar y ese no llega por lo que se refugian en el seno materno.
Aunque la verdad es que en política, la transición nació huérfana.