–Los niños crecen, ¿verdad? –pregunto una niña de nueve años a su amiga, con quien jugaba muy entretenida.
–Sí claro –respondió la amiga quien recortaba con tijeras una muñequita de papel.
–Para arriba
–Claro.
–Los árboles crecen.
–Pus sí.
–También para arriba.
–Claro, mensa.
–Los números crecen.
–Según.
–De uno en uno, aumentan.
–Si re–mensa.
–¿Quién, tú o yo?
–Tú, ¡mensa!
–¿Aumentar es lo mismo que crecer para arriba?
–¿Qué te pasa?
–Contesta.
–Sííí. Yo digo que sí.
–¿Se puede crecer para los lados?
–¿Quééé?
–Si, que si se puede crecer para los lados.
–Si te pones gordinflona creces para los lados.
–No. Si te pones gordinflona tus brazos se hacen gordos pero no crecen para abrazar a más personas.
–¿Qué estás diciendo?
–Crecer para los lados es que puedas alcanzar a más gente, que tus brazos alcancen para abarcar a más gente. Que las muñequitas que recortes le alcancen a más niñas.
–¿Entonces para qué creces para arriba?
–Para arriba creces solo. Para los lados creces con los otros.