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Jueves, 18 de diciembre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Recorre Victoria los cerros en busca de musgo y lama para los nacimientos

 
TERE RAMIREZ OJEDA

Ella contribuye a la decoración tradicional y natural de un nacimiento. Sólo en diciembre recorre por horas los cerros de la Trinidad Tenexyecac en busca de musgo, lama y paxtle que se anida en los árboles para arropar la llegada del niño Jesús el 25 de diciembre.

Victoria Zúñiga Mateo ha realizado ese ritual durante 20 años y está convencida que uno de los principales símbolos del nacimiento es la alfombra de musgo verde, por lo tanto no ha dejado de aportar ese elemento a los belenes, denominación que también tiene ese aposento porque representa el portal de la ciudad de Belén.

Con la fuerza física que le ha dado el trabajar en el campo toda su vida, Victoria carga pacas de paxtle, musgo y lama desde su hogar ubicado en la Trinidad Tenexyecac hasta su lugar de venta en el mercado Emilio Sánchez Piedras de la capital del estado.

En el trasporte público se las arregla para arribar al espacio de medio metro que tiene asignado en la explanada frontal de ese mercado.

Durante más de ocho horas permanece en su puesto en el que exhibe sus pedazos de capas vegetales que hace tiempo dejaron de ser las más tradicionales en los nacimientos del niño dios.

“Las ventas ya no son como antes, todavía hace como 10 años la gente compraba sin excepción el paxtle y el musgo para los nacimientos, ahora ya hay muchas cosas de importación y otras religiones en las que no se acostumbra venerar a Jesusito”, refiere la mujer de 54 años de edad.

Menciona que el lugar que abriga el nacimiento del “redentor” tiene que ser adornado principalmente con paxtle, ya que es un elemento tradicional y que es iluminado por series de luces de colores; sin embargo, su costo en el mercado no rebasa los 5 pesos por montón.

“Los abuelos nos enseñaron como colocar el nacimiento para recibir al niño dios, desde las posadas ya debe estar el lugar listo, pero ahora ya no es como antes, le digo que la gente compra poco, con decirle que el otro día sólo vendí 30 pesos”, menciona un poco decepcionada por su esfuerzo.

Y es que los nacimientos tradicionales prácticamente asemejan a un bosque, pues no sólo son cubiertos de musgo, paxtle y lama, sino de arena y agua para formar un lago, y son enmarcados por las cabañas de madera con techos de paja.

Mientras acomoda sus productos boscosos, la mujer campesina corrige y dice: “no importa que ya no sea como antes, que la gente ya no crea en estas cosas (religiosas), a mí me hace sentir bien vender esto para el niñito dios”.

 

La misión de una abuela

Victoria Zúñiga afirma que no ha dejado de vender los musgos porque necesita ganarse “unos centavos”, después de que una de sus hijas falleció y le dejó la responsabilidad de tres nietos.

El resto del año vende yerbas y verduras también en el mercado para apoyar al gasto familiar, pues su esposo es campesino y “no siempre tenemos buenas cosechas”.

Ella sabe que su misión es ofrecer a sus nietas y nieto el apoyo necesario en tanto no sean autosuficientes, “dios sabe porque se murió mi hija a los 30 años de edad, pero ahora soy la responsable de que mis otras niñas sean personas de bien”.

Afirma que las tradiciones mexicanas son parte de la identidad de su familia, por lo que sus nietos le ayudan en la búsqueda del musgo y el paxtle.

Para esta mujer, el cariño de su familia es lo único que la alienta a disfrutar su existencia, porque con él obtiene “las fuerzas para seguir trabajando porque no nos queda de otra cuando uno es pobre y creció en el campo como yo”.

 
 
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