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Viernes, 5 de diciembre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

Ajusta Édgar Sánchez el tiempo en su taller de reparación de relojes

 
JOSÉ CARLOS AVENDAÑO

El tiempo nunca se detiene, siempre sigue su curso, pero lo que sí se para en algún momento dado son los relojes.

Edgar Sánchez Rodríguez ha dedicado 50 de sus 71 años de vida a la reparación de relojes de todo tipo en la calle Allende en la ciudad capital; los segundos, los minutos y las horas deben quedar ajustados en cada uno de los mecanismos que repara.

Quizás por el vínculo que tiene su oficio con el tiempo, no ha sentido que ya lleva cinco décadas de trabajo en el mismo lugar, sentado la mayor parte del día y concentrado en el arreglo de los relojes que la gente le ha llevado a reparar durante todo ese tiempo. Es más, ya hasta perdió la cuenta del número de mecanismos que ha ajustado.

“Llegue soltero y joven a esta ciudad, ahora ya hasta soy bisabuelo”, menciona Edgar Sánchez mientras arregla un mecanismo automático de un reloj. “Me gusta mi trabajo, es un oficio bonito que me ha dado para vivir y brindarles la oportunidad de estudiar a mis cuatro hijos”, apuntala.

Mientras retira la lupa especial de su ojo con la cual se apoya para arreglar los mecanismos, Edgar muestra tres antiguos relojes de péndulo de pared que le llevaron a reparar. “Ese es un Junghans, tiene más de 100 años y es de fabricación alemana, su costo actual es superior a los 10 mil pesos”, señala.

–¿Dónde aprendió a arreglar relojes?–, se le pregunta.

–Aprendí en un taller de San Martín Texmelucan, donde además se realizaban trabajos de reparación de joyería y pedrería. Desde adolescente me gustó mucho desarmar los relojes y eché muchos a peder, creo que a todos nos pasa eso cuando inicias en un oficio, pero con el paso del tiempo conocí los mecanismos y ahora eso me da para comer, responde.

El único inconveniente que encuentra en su trabajo es que pasa todo el día sentado, “no puedo arreglar los mecanismos de pie y el pasar la mayor parte del tiempo en una silla ya me va fregando los riñones y además la vista ya no la tengo igual que cuando era joven, por eso hago bicicleta 40 minutos todas las mañanas y camino para cuidar mi salud”.

–¿A qué edad empezó usted a trabajar?

–A los 13 años de edad, no estudié porque no había la posibilidad en la familia debido a que fuimos siete hermanos. Mi padre fue profesor de misiones culturales y con su sueldo no alcanzaba para tanto.

–¿De dónde es originario?

–Mi madre es de Orizaba, Veracruz, y mi padre  de Pachuca, Hidalgo, pero yo nací en San Martín Texmelucan, Puebla.

–¿Entonces por qué decidió venir a trabajar en Tlaxcala?

–Porque allá aprendí a trabajar la reparación de relojes, joyería y pedrería, pero es feo que uno le haga competencia a su maestro, no se ve bien. Elegí Tlaxcala porque está cerca  de San Martín.

Sin embargo, el inicio de su aventura laboral en la capital tlaxcalteca no fue fácil, pues hace 50 años la actividad comercial en la calle Allende no era fuerte, “aquí pasaba un vehículo cada media hora”.

–¿Tenía trabajo en ese entonces?–, se le inquiere.

–Lo que había era relacionado con la reparación de relojes, pero de joyería y pedrería casi no, porque en ese tiempo los únicos que tenían ese tipo de objetos eran los Brindis, don Ricardo Martínez y la familia de los Montero, pero me imagino que ellos  iban a Puebla o a otro lado a arreglas sus piezas.

Cuando llegó a Tlaxcala había tres negocios de reparación de relojes y de joyería, de manera que fue el cuarto. Actualmente, agrega, ya hay muchos relojeros, pero son de los nuevos y no conocen los mecanismos antiguos.

“Es como los radiotécnicos actuales, si a uno le llevas un aparato electrónico de los antiguos ya no te lo arregla, entonces así pasa con los relojeros nuevos, pues desconocen los mecanismos antiguos y ellos sólo saben de los relojes actuales”, comenta Edgar Sánchez.

–¿Cuánto cobra  por reparar un reloj?

–Si es un Citizen cobró 150 pesos, si es uno de cuerda 100 pesos y si es un Mido, el costo es en función de las refacciones que se cambien porque son muy caras. De hecho, ahorita subió mucho el precio de las piezas con el alza del dólar, no le miento pero casi como 40 por ciento.

Durante los 50 años de trabajo, ha arreglado cuatro relojes marca Rolex, “no le voy a decir que de los más caros, pero de un precio de 30 mil pesos sí. De los Omega he reparado muchos”, refiere.

–¿Qué tipo de relojes son los más comunes entre la población de Tlaxcala?

–Ahorita los de cuarzo, porque de cuerda ya casi no hay.

Por último, menciona que como en todos los trabajos hay clientes que vienen a fastidiar al relojero, “hay personas tranzas y a veces les doy el reloj y no me entregan la nota, se dan casos en los que me reclaman el objeto y es su palabra contra la nota, entonces tengo que pagar el reloj y creo que esas acciones no se valen”, concluye.

 

 
 
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