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Viernes, 5de diciembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Ante la desesperanza, 2010 se ofrece como la posibilidad para una revolución: Holloway

 
YADIRA LLAVEN

El zapatismo sigue más vivo que nunca, con el surgimiento de las nuevas generaciones, nacidas y criadas en el movimiento, que bien podrían ser el puente de transformación para 2010, fecha que se ofrece, ante la desesperanza, la crisis y la descomposición del país, como la posibilidad de una tercera revolución, tras 1810 y 1910, coincidió el economista marxista John Holloway, uno de los intelectuales vinculados al movimiento de insurrección en Chiapas, y el doctor en sociología, Fernando Matamoros, quienes charlaron a dos voces con La Jornada de Oriente del libro Zapatismo. Reflexión teórica y subjetividades emergentes, que escribieron junto a Sergio Tischler, y que presentan hoy 5 de diciembre a las 18 horas, en la Casa Amarilla (2 Oriente 410) de la UAP.

“El zapatismo es la imagen y el ejemplo de que se puede construir otro mundo. No es imposible, ellos lo están haciendo”; de ahí la importancia de la presentación de este libro.

Holloway (JH), de origen escocés, actualmente es docente del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Puebla y autor del libro Cambiar el mundo sin tomar el poder (2002), al igual que Matamoros (FM), quien además es maestro en Anthropologie et Sociologie du Politique por la Université de Paris VIII y autor de Imaginarios en la génesis del neozapatismo (2005).

–¿Cuál es la tesis del libro que nos presentarán mañana (hoy viernes)? –se les preguntó.

(JH) –Surge de un seminario que hicimos hace un año en Buenos Aires, y el objetivo era reflexionar sobre el desarrollo y la importancia del zapatismo, no sólo en el contexto mexicano, si no en el latinoamericano y mundial.

(FM) –La preocupación central del libro es lograr ver cuál es la situación actual del zapatismo, en el que tratan de recuperar la historia y las formas nuevas, propuestas por ellos mismos, ante la acción del problema político y económico tanto de las comunidades indígenas, pero sobre todo en relación a la sociedad mexicana.

–Tras el levantamiento del 94, ¿qué es ahora el zapatismo, un movimiento urbano que ha dejado las armas?

(JH) –El movimiento no ha dejado las armas, sigue siendo armado, pero sí han habido cambios dentro del movimiento, que tiene que ver con el desarrollo de la autonomía de sus mismas comunidades, en sus escuelas, y en su sistema de salud, que ha sido constante. Acabo de regresar de Oventic, Chiapas, y quedé muy impresionado por la fuerza del movimiento, del entusiasmo y la creatividad de una nueva generación de zapatistas; gente joven que ha crecido dentro del territorio y del movimiento, y que tienen una madurez, un compromiso con lo que están haciendo para cambiar la situación de los indígenas de México, y para cambiar al mundo, en una base más humana.

(FM) –Han pasado 14 años de insurrección, aunque su formación nos habla de 1984, pero si pensamos en la creación hay que hablar de 1974. Lo importante del zapatismo es que no sólo está trabajando en problemas de cuestión indígena, pues ha recuperado las formas anteriores de lucha, de organización, resistencia y rebeldía, y su tema central es la autonomía, frente a las lógicas institucionales y electorales.

No obstante, “hay que subrayar que estos 14 años también han sido de muchas agresiones, de baja intensidad, por parte del gobierno. Han tenido paciencia y han evitado el enfrentamiento, al que los ha querido arrinconar el gobierno y los paramilitares. Pero también han construido una dignidad en nuevas formas de hacer sociedad–comunidad, que tienen que ver con la identidad, lo popular, el poder, las formas de organización, mandando obedeciendo, como una alternativa ante la sociedad cada vez fragmentada y violenta. Por eso, el zapatismo puede ser el puente para otros mundos”.

–Hoy se vuelve a hablar de revolución, tras 1810 y 1910, talvez por lo cíclico de la cronología; y se discute y se practica una ruptura total con el capitalismo y con el Estado. En ese contexto, ¿cuáles son las razones del pensamiento de una posible revolución para 2010?

(JH) –Siento que la gente está pensado y actuando, primero por desesperación, por la necesidad del cambio, cuando estamos viviendo en un mundo en plena crisis y en un México en descomposición. Y, en este contexto, obviamente, la fecha 2010 se ofrece como la posibilidad, como centenario de la Revolución y bicentenario de la Independencia, pero –insisto– esto es por la desesperación de vivir otra vida y otra sociedad. Ahí los zapatistas son importantes, porque son más que un movimiento indígena, representan un repensamiento de lo que podría significar la revolución y dar un cambio social radical, con significado mundial.

(FM) –Las conmemoraciones tienen dos formas de ser vistas: una es como rememoración de todas aquellas esperanzas acumuladas y expresadas en una Constitución, la tierra, los recursos naturales, el trabajo, una serie de luchas, mal que bien, escritas en una ley. Por eso 2010 tiene una significación con contenido social importante, en la recuperación de la memoria que contiene la historia de los vencidos: Zapata y Villa asesinados. Y la otra forma está vista como una institucionalización, volver hacer el mito que ahí está la conquista, cuando en realidad vemos a una sociedad y un México moderno, con sus “reformas estructurales”. Por eso podemos decir que dentro de esta rememoración hay una lucha de imágenes, una guerra por recuperar la historia no institucionalizada, si no la que se está haciendo.

“El 2010 se piensa como rememoración, una dimensión que en el libro llamamos Constelación, que ha sido muy importante, como lo fue la fuerza del movimiento zapatista. Si recordamos 1994, se da en el momento de la firma del TLC, y en el arrebatamiento de una serie de conquistas, de derechos, que de alguna manera nos protegían y podíamos exigir su práctica o realidad. Por eso, 2010 está siendo una esperanza ligada a la desesperanza de la crisis financiera y otros problemas”.

–¿Qué significado tiene en esto el concepto “poder popular”, constante reivindicación en las luchas latinoamericanas?

(JH) –Tiene un significado enorme. Es un poder que en América Latina ha tenido un impacto en los últimos cinco años, en Venezuela, Colombia, Argentina, Paraguay, Uruguay, con un empuje en contra del capitalismo, y hacia alguna forma de autodeterminación, que además ha sido muy visible con todas sus diferencias y contradicciones. Si uno ve lo que está pasando en el mundo, la violencia, la destrucción del medio ambiente, y las condiciones necesarias para la vida humana, son más palpables los efectos del capitalismo, catástrofe para la humanidad, que es realmente caro, pero no sabemos como salir.

“El poder popular es el impulso en contra de la dominación de los ricos, del dinero, es fundamental, y es la vida”.

(FM) –Si analizamos las grandes revoluciones, podemos observar que el poder popular es una lucha contra el poder; es la forma de expresión de la parte más profunda de soberanía. Se construye desde abajo para enfrentar todas las formas despóticas, autoritarias, militaristas, policíacas, que implican la explotación.

–¿Se ha creado en la izquierda una nueva forma de revolución?

(FM) –Siempre estamos pensando en el tema de la revolución, que no tiene que ver con el enfrentamiento o con la violencia, si no hay que pensarla como el punto de origen de lo que ha sido la sociedad. No podemos entender la sociedad francesa o mexicana, sin el tema de la revolución, que no es un concepto vacío, si no llena de lo humano, que tiene que ver con la esperanza, pero también con otra dimensión que sería la utopía, como forma de perspectiva contra la destrucción humana.

 
 
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