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Jueves, 4 de diciembre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

La encrucijada amarilla

 
YASSIR ZÁRATE MÉNDEZ

Nada tan terrible como una guerra fratricida. Los mexicanos, aprendices avanzados de Caín, tenemos una añeja vocación caníbal. Desde el amanecer como nación supuestamente independiente, hasta la fecha, hemos hecho de la autofagia un deporte nacional.

Y ahí está para confirmarlo el pasado proceso interno del Partido de la Revolución Democrática: una muestra impecable de fratricidio, que ha debilitado aún más a la frágil izquierda institucional de México.

A estas alturas, ya es lugar común en la política barriobajera mexicana la afirmación de que el peor enemigo de un perredista es otro perredista. Y ese sino fatal podría acabar de enterrar sus expectativas electorales en el crucial año que se avecina.

 

¿Izquierda? Ja

Desde la invención de la democracia en la Atenas del siglo VI antes de Cristo, se sabe que las causas del pueblo suelen virar hacia la izquierda. Los tres partidos que dominaron la escena política ateniense ya prefiguraban el panorama político de los siguientes 2 mil 500 años.

En efecto, la Llanura anticipaba a los furibundos conservadores de derecha, que solía coligarse con la Costa, integrada por navieros y pequeños burgueses, que acostumbraban vérselas con la Montaña, compuesta por asalariados y campesinos. Como diría el Eclesiastés, nada nuevo hay bajo el sol.

Las transformaciones económicas jalonaron a la política, aunque casi siempre ha predominado la derecha aliada con los poseedores del capital, que han hecho hasta lo imposible por impedir el acceso al poder a las clases trabajadoras.

Salvo el excéntrico experimento representado por la Unión Soviética, que ciertamente tampoco llevó al proletariado al poder (Lenin fue un pequeño burgués que en su vida uso la hoz o el martillo), prácticamente no ha habido gobiernos encabezados por obreros o campesinos verdaderos, aunque ciertamente Lula es una notable excepción, pero una golondrina no hace verano. De Cuba mejor ya no hablamos, menos de China o Vietnam, inoculados como están por la savia capitalista. Sólo vale rescatar cierta dignidad cubana… rematada a precio de dólares

Afectado por el pragmatismo, el PRD ha ido dejando en el espinoso camino electoral mucha de su piel ideológica. Y el pasado proceso interno, resuelto en tribunales, como si se tratara de una querella entre enemigos irreconciliables, ha dañado aún más su imagen, al exponerla ante algunos implacables sectores de los medios de comunicación electrónicos.

Incluso algunos medios más abiertos o tolerantes con las tribus amarillas los han cuestionado severamente. Y es que el fallo del Tribunal Electoral acabó por legitimar una elección plagada de irregularidades cometidas por todos. Ni unos ni otros se salvan, con lo que también pusieron en entredicho su continuo enjuiciamiento de la forma en que Felipe Calderón llegó al poder.

 

Y lo que se dejará venir

Estos signos de aparente debilidad los pone en una situación delicada de cara a lo que ocurrirá en julio del próximo año, cuando se pongan en juego las 500 curules de San Lázaro. Muchos apuestan a que el PRD no mantendrá el número de diputados alcanzados hace un par de años, en parte gracias al efecto AMLO, pero también gracias a los últimos jirones que tenían de su cobija ideológica.

Ahora, con el espectáculo que han ofrecido, tal vez vuelvan a bajar a sus máximos históricos, que casi nunca han rebasado el 20 por ciento de las preferencias electorales.

A esto se suma el inminente enfrentamiento con sus dos socios del Frente Amplio Progresista y a una eventual salida en masa de los lopezobradoristas, que más de un novoizquierdoso ya ha dicho que las puertas del partido son lo suficientemente anchas para que se vayan todos.

Si bien Alejandro Encinas no aceptó la secretaría general, la asumió por interpósita persona, a través de Hortencia Aragón, con lo que de alguna manera valida la elección de marzo pasado. Una nueva decisión que se antoja como un intento desesperado por mantener cierta presencia del lopezobradorismo en la estructura oficial del PRD.

 

A ver si les alcanza

Y es que al menos en el papel, el discurso de Jesús Ortega podría sonar “moderno”, tratando de alejar el supuesto fantasma de la violencia autofágica e intrapartidista, aunque en sus apreciaciones pierde garrafalmente de vista que esa supuesta violencia no es más que una lectura sesgada aportada por algunas televisoras y radiodifusoras, que se empeñan en hacer ver a los perredistas como una confederación de tribus que no pueden ni saben ponerse de acuerdo.

Aunque hay mucho de cierto en esto, dado el heterogéneo origen del PRD, también es muy cierto que se trata de una visión impuesta.

Ahora eso que se llama izquierda en México tiene la oportunidad de dejar de lado sus posturas pragmáticas, que dejan la impresión de buscar sólo puestos y privilegios. La complicadísima situación  económica que se avecina en los próximos años debe obligarlos a buscar alternativas y modelos que vean por la gente y no sólo en beneficio de seudodemócratas.

 
 
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