Acostumbrados como estamos a la contingencia en el país, como dice Juan Villoro, del alambrito; no debería ser problema habituarnos a esos pequeños acontecimientos que trastornan de repente nuestro diario acontecer, sabemos: no suena el despertador; se acaba el gas porque este cilindro venía más ligero que de costumbre; cierran una calle por un nuevo bache; haces fila durante 50 minutos para que el gerente del banco, cuando estás a tres personas de pasar, informe a todos que hay que cambiar de sucursal porque se les acaba de caer el sistema; tomas un taxi para ir a la otra sucursal, y el taxista te da una vuelta inmensa, porque te dice, es que si agarramos la avenida es peor, ya ve con lo de la marcha; tras hacer tus pagos, llegas puntual, pero corriendo a una junta importante ...
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