El hecho de conmemorar un Día Internacional de la no Violencia hacia las Mujeres, nos revela que la inequidad de género mantiene aún niveles inaceptables. Es claro que la existencia de marcos jurídicos orientados al mejoramiento de la calidad de vida de este sector de la población y la erogación de recursos públicos para atender esta problemática, no han sido suficientes, la realidad nos rebasa.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares Endireh 2006, 67 de cada 100 mujeres de 15 años de edad y más han padecido algún incidente de violencia, ya sea en su relación de pareja o en los espacios comunitario, laboral, familiar o escolar. En Tlaxcala, 59.5 por ciento de las mujeres sufren violencia, la tasa de mortalidad de mujeres por homicidio fue de 2.4 por ciento en 2004 y la de mortalidad materna fue de 68.3 por ciento en 2005. Los casos de mujeres víctimas de violencia intrafamiliar registrados por el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, según datos del INEGI 2007, fue de 16 mil 303 a nivel nacional y de 187 para nuestro estado.
Pero cómo enfrentar y erradicar la violencia hacia las mujeres desde la trinchera en la que nos encontremos: primero reconociendo que existe y que no sólo afecta a las 187 mujeres que valientemente se atrevieron a denunciar, pues muchas en el silencio viven día a día los estragos y las marcas de las palabras, las acciones y los golpes, de quienes las agreden y vulneran. Es necesario conocer las modalidades de la violencia, para saber si somos o no víctimas de ella; para saber si somos o no generadores de ella. También es imprescindible, que de todos los que conforman las instituciones públicas y la sociedad civil, asumamos un compromiso ético, responsable y solidario para dar vigencia plena a las leyes y perfeccionarlas, sin que exista impunidad alguna ni tiemble la mano para denunciar y castigar a quien lastima a una mujer.
Las mujeres de hoy debemos aprender a vivir sin miedo para ser protagonistas de nuestra propia historia.