En un mundo tan poblado no debería ser difícil encontrar pareja. Y es que por mucho que disfrutemos de nuestra propia compañía siempre se necesita de otro que testifique la existencia. Decía Bécquer: “La soledad es muy hermosa, cuando se tiene alguien a quien decírselo”, ni el más vanidoso de los hombres nuevo milenio podría vivir sin reflejarse en los ojos de alguien más.
El
homus–hipermodernus vive sin tiempo para relacionarse; las sociedades actuales de la eficiencia y la inmediatez (del
centrum, del
blackberry, del café
gourmet para llevar) y los modelos de éxito del mundo occidental, exigen cada minuto del tiempo. Pero, hábiles como somos para el acoplamiento, hemos sabido encontrar formas.
Existe desde el
match maker que anota las cualidades específicas de quien se busca, consulta un catálogo, y tras días de concienzuda aritmética amorosa, arma una cita con la persona correcta, si no resulta, arma otra y otra (cuando se es muy exigente y ninguna de las citas parece adecuada, lo peor que puede pasar es que ...
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