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Jueves, 20 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Secciones
 
 

ESTÉTICA Y SALUD

Drogas y emociones

 
RAFAEL H. PAGÁN SANTINI

El consumo crónico de drogas de abuso altera profundamente los sistemas neuronales que controlan las emociones y las conductas motivadas, de modo que aquellas se transforman en poderosos refuerzos que dirigen la conducta. Así cuando los adictos atraviesan por períodos variables de abstinencia experimentan intensos estados de malestar, que motivan conductas de búsquedas y consumo de drogas. Este deseo compulsivo de la droga puede desencadenarlo también claves medio–ambientales asociadas a su consumo (por ejemplo, el lugar donde habitualmente se obtiene o se administra la droga) o el estrés. Uno de los principales causantes de la reincidencia en el consumo de drogas es el malestar emocional que los adictos experimentan durante períodos de abstinencia.

Los doctores M. Contreras, F. Ceric y F. Torrealba han demostrado por primera vez que, en la corteza insular, subyace a la percepción de los estados, interceptivos, vinculados al deseo de consumir drogas y al malestar visceral, además de que es una estructura clave para orientar la conducta de acuerdo con las necesidades del cuerpo. La corteza insular o simplemente ínsula es una estructura del cerebro humano. Se encuentra ubicada profundamente en la superficie lateral del cerebro, dentro de lo que se conoce como la cisura de Silvio, que separa la corteza temporal y parietal inferior. (Rev. Neurol 2008; 47 (9): 471–476).

Antonio Damasio ha propuesto que esta región empareja estados viscerales emocionales que están asociados con experiencia emocional, dando cabida a los sentimientos de consciencia. En principio ésta es una formulación neurobiológica de las ideas de Willian James, que primero propuso que la experiencia subjetiva emocional (sentimientos) emerge desde la interpretación de los estados corporales que son elicitados por sucesos emocionales. De acuerdo a este modelo, los sentimientos se originan en la percepción consiente de los cambios corporales producidos en respuesta a un estímulo emocional. Esto podrí ser identificado como un ejemplo de pensamiento formado.

De acuerdo al doctor Contreras y col., el consumo crónico de drogas de abuso produce profundas alteraciones en los circuitos neuronales que se encargan de procesar la información homeostática y emocional, de manera que las drogas se transforman en eficaces reforzadores conductuales (o recompensas) para el individuo que las consume. Así, cuando los adictos atraviesan por períodos de abstinencia experimentan intensos sentimientos de malestar, cuyo alivio motiva el consumo de drogas. La percepción de estados afectivos negativos es un síntoma común del síndrome de abstinencia. 

Este comportamiento ha sido identificado en diferentes especies, tanto animales como humanos poseen mecanismos neurobiológicos que los impulsa a buscar y consumir una substancia que se asocie con el alivio del malestar, de modo que dicha sustancia pasa a ser una medicina, porque su consumo produjo ese alivio en el pasado. Michael Huffman y sus colegas del “Primate Research Institute”, en Japón, han documentado unas 28 especies de plantas que los chimpancés comen con fines medicinales más que alimentarios. En Ghana las poblaciones humanas de la región utilizan la corteza de la especie Entada abyssinica (un miembro de la familia de las acacias) como vomitivo y como cura para la diarrea, y los chimpancés de Mahale, en el este de África, comen esta misma planta, al parecer con los mismos fines. Viéndolo desde la perspectiva de la psicología comparativa, este instinto neurobiológico ha desarrollado un patrón de comportamiento que se ha reforzado por la potenciación de los estímulos, la emulación y la imitación social. El consumo de drogas de abuso ha trascendido los límites de la recreación o el bienestar individual.

Contreras y col., concluyen diciendo que, los sentimientos de malestar que los adictos experimentan durante los períodos de abstinencia son un factor clave en el mantenimiento de la adicción, ya que motiva la búsqueda y el consumo de drogas. Tratar estos estados afectivos constituye una estrategia terapéutica fundamental en el tratamiento de la adicción. El conocimiento de que el sistema interoceptivo, en particular la ínsula, es el sustrato neurobiológico que subyace a la experiencia emocional consciente del deseo compulsivo de consumir drogas hace de él un blanco con un buen potencial para desarrollar nuevas terapias orientadas a aliviar ese deseo, con el propósito de evitar la reincidencia.

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx

 
 
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