Luego de dos montajes teatrales, a la compañía La Vaca Voladora le gusta pensar que su vuelo no tiene límites. Lo que hoy es teatro mañana puede ser cine o cualquier otra expresión artística que cubra las necesidades de las cinco mujeres que vieron nacer el proyecto hace cinco años con la obra El tiempo de Planck y que continúo con Venta de garage que se presentó en el marco del Festival Internacional de Puebla (FIP) el miércoles 19 de noviembre.
“Lo diferente de la Vaca Voladora es que las actrices somos las que escogemos el texto, escogemos al director y el teatro en el que queremos estar. Hacemos las cosas al revés: en lugar de esperar a que nos llamen para un proyecto, nosotros lo escogemos”, cuenta Mónica Huarte sin dejar de sonreír y bromear con sus compañeras Viridiana Olvera, Flavia Atencio, Mari Carmen Núñez y Pilar Ixquic Mata.
Y aunque estas cinco actrices son las que conforman actualmente la compañía, aclaran que Núñez sustituyó a Sandra Burgos, otra de las Vacas originales, quien realiza estudios en Australia y “está montando una de nuestras oficinas en Sydney”, bromean.
Aunque la función de Venta de garage dentro del Festival Internacional de Puebla (FIP) sería la primera después de varios meses de no presentarse, las Vacas coinciden en que aún le queda vida a este montaje mientras definen cuál será su siguiente proyecto. Una de las razones para seleccionar el texto de la inglesa Sue Townsend fue que contenía el número exacto de personajes femeninos que necesitaban. Sin embargo, para su siguiente obra han decidido que el camino más viable es escribir ellas mismas y hablar de lo que quieran hablar, lo cual lograrán a través de un taller al interior del grupo que facilite un trabajo de creación colectiva.
De romanticismos y realidades
Así como las Vacas apenas están experimentando con la manera de encontrar temas y formas propias, en un principio la labor más allá del escenario fue todo un experimento en sí mismo. Antes de que Tiempo de Planck ganara la beca FONCA, el dinero para la operación de la compañía venía de la organización de fiestas, en una de las cuales participó Julieta Venegas sin cobrar nada.
Más tarde descubrieron que, muy a pesar de lo que se piense, muchas empresas están interesadas en apoyar el esfuerzo de “cinco mujeres locas” que quieren hacer teatro. La clave, cuentan, radica en saber cómo y con quién llegar en cada lugar. Es no dejarle tu carpeta a cualquiera sino acercarte a la persona indicada y saberlo enamorar de La Vaca Voladora.
Y a todo esto, ¿por qué ese nombre? “La versión romántica”, empieza Atencio, “es que si tú puedes creer que una vaca puede volar entonces puedes creer en todo y ese es el espíritu de la compañía; el hecho de que puedes volar con tu imaginación y puedes volar a donde sea”. La real –no menos interesante– es mejor reservarla para no romper el encanto.