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Lunes, 17 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

Gilles Apap y la alegría de la música en el FIP

 
Enrique Soto Eguibar

Con desgano asistí al concierto de Gilles Apap el sábado 15 en el teatro Principal, sobre todo porque lo acompañaba un conjunto de cámara local creado específicamente como Orquesta de Cámara del FIP. Imaginé que sería algo bastante mediocre, con un gran violinista acompañado a medias o menos por la Orquesta del FIP. Para mi sorpresa, y a pesar de mis prejuicios, el concierto fue simplemente maravilloso. El concertista Gilles Apap nacido en Algeria (1963) y educado en Francia, según su portal de internet (www.gillesapap.com) habita en California y su segunda pasión, luego de la música, es practicar el Surf. Podemos ya imaginar un personaje bastante atípico, nada que ver con los estirados característicos de concierto, más bien un hippie, relajado, amable, capaz de dirigirse al público de forma directa, y con extraordinarias habilidades con el violín.

Como Apap lo dijo, su concepto de la música es muy simple, no especificó en que consiste dicho concepto, pero luego de escucharle tocar entiendo que para él la música se asocia con la diversión y el bienestar, con el movimiento, la danza, las olas y la sonrisa, en síntesis con lo dionisiaco. Y seguramente nadie asiste a un concierto para pasar un mal rato, al menos eso creo (habrá que averiguar sí algún masoquista que odie la música es asistente asiduo a conciertos). Total, en el arte buscamos una experiencia estética que despierte nuestra actividad intelectual, que por su carácter se llene de significado, y que, nos produzca una experiencia emocional que de pujanza a nuestro vivir. La del Sábado por la noche en el Principal fue una experiencia de felicidad, tanto para el público, como para los músicos. La Orquesta del FIP se desenvolvió de la mejor manera y sobre todo, logró hacerse partícipe de la felicidad de tocar. Creo que para estos jóvenes músicos la experiencia será muy importante, sin dejar de tocar con maestría, Gilles Apap les mostró que un ingrediente esencial para alcanzar a ser un gran concertista es disfrutar la música, disfrutar tocar y aprender a disfrutar y entrar en comunión con el público. Total, el concierto fue una celebración, celebramos la música, celebramos el sonido del violín, celebramos que estamos vivos, celebramos que Gilles Apap hiciera el esfuerzo de hablar Español, al final creo todo el público vivió esta como una experiencia nueva en lo que a conciertos musicales se refiere. Un concierto ecléctico, disparejo, pero cargado de buena vibra.

Respecto de la organización cabe criticar la impuntualidad. El concierto comenzó 25 minutos después de lo establecido. Me pregunto, por qué motivo habiendo una cola de gente en el teatro los organizadores deciden esperar hasta 15 minutos después de la hora indicada  para dejarles entrar. Si no llegan a tiempo los poseedores de pases de cortesía simplemente no llegaron, o vamos a celebrar el Festival de la Impuntualidad Poblana. Resulta también bastante desconcertante que se organice contemporáneamente y a media calle del Principal, un concierto al aíre libre, con la consecuencia de que el altisonante espectáculo callejero se escuchó durante todo el concierto de Gilles Apap.

Finalmente, se ha dicho que “Gilles Apap es el músico del siglo XXI. Porque representa la dirección en la cual la música se debe desarrollar; por un lado, el respeto formal al preciosismo de los trabajos clásicos, presentándolos en el estilo correcto y con la comunicación intensa característica de su tiempo; por otra parte, el descubrimiento de la música (popular) contemporánea y sus elementos creativos, no solamente los relacionados con la improvisación, sino también con su interpretación”.

 
 
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