En un libro autobiográfico reciente, el internacional Frank Lampard refiere que Eriksson –su jefe al frente de la selección inglesa– tenía más de playboy maduro que de técnico de futbol. No creo que ésta u otras opiniones similares le roben sueño al apuesto sueco, sobre todo en una semana crucial para él y para el Tri, con la sombra de Honduras rondando y un cúmulo de dudas acumuladas tras varios meses de mexicana gestión. Porque si nosotros no acabamos de verlo claro, seguro que el güero anda en las mismas, y hasta se habrá preguntado más de una vez cómo fue que se embarcó en semejante aventura, en ambiente desconocido, al cobijo de una federación que anda de cabeza y como responsable de una selección de pobre personalidad y escasa autoestima. .
De todos modos
Claro que el mejor lenitivo contra el nerviosismo de estos días es la seguridad de que estamos ante el trance más delicado por el que seguramente atraviese la Selección en su larga marcha hacia Sudáfrica 2010. Asombrosamente, la ronda prepremundialista estuvo sembrada de más trampas y amenazas que el prometido hexagonal final, en el cual estarán los dos mejores –o menos peores– de cada grupo eliminatorio, seis equipos de los que a la postre 3 calificarán y el 4º tendrá la oportunidad del repechaje. Por lo pronto, y volviendo a la ronda actual, México es líder del G–2 (10 puntos contra 9 de Honduras y 7 de Jamaica), y se antoja muy improbable que las cosas vayan a dar un vuelco el miércoles en la última jornada: Jamaica puede superar a Honduras a condición de que éste pierda y los isleños derroten a Canadá, pero para desbancar y eliminar a México, necesitaría que su previsible triunfo sobre el huésped canadiense alcanzara dimensiones de goleada estratosférica –necesita 7 de diferencia para simplemente alcanzar la diferencia favorable del Tri–. Más lógico resulta pensar en, por ejemplo, una conservadora igualada en Tegucigalpa, con la cual los nuestros tendrían para terminar líderes de grupo y los catrachos para casi asegurar el pase, pues la única posibilidad para los paisanos de Usain Bolt –con quienes empatarían en 10 puntos—sería, de nuevo, un alud de goles contra Canadá, capaz de borrar la distancia de 6 que actualmente separa a los centroamericanos de los caribeños. La perspectiva de México es, por tanto, bastante halagüeña, y solamente un hugazo con apellido sueco podría dejarnos en la cuneta. Eso sí, cualquier derrota ante Honduras nos relegaría al segundo puesto, lo cual es irrelevante en sí porque igual calificamos, pero comprometería seriamente el menguante prestigio de Eriksson y su permanencia al frente del Tri.
Signos ominosos
El sábado, en el antiguo 3 de marzo –tan vacío como siempre–, Puebla fue vapuleado sin miramientos por el mediocre cuadro local, que así como metió tres pudo ajustar la media docena sin despeinarse. La relativa sorpresa fue que un equipo entrenado por el “Chas” Carrillo haya sido tan permisivo en el área y sus inmediaciones, pues los atacantes y hasta los defensas tecolotes transitaron por las bandas y remataron repetidamente por el centro como Juan por su casa, sin encontrar en el camino obstáculo alguno. Y estarán ustedes de acuerdo en que un equipo de Carrillo sin volantes de contención y defensa cerrada simplemente no se entiende. Tal vez el timonel contratado por personeros gubernamentales ya esté pensando en otra cosa, visto el nulo apoyo administrativo que ha encontrado en Puebla. A estas alturas –y mientras llega enero y con él las angustias del Clausura 2009– el único y flaco consuelo que nos queda es saber que Indios también perdió (2–0 ante Chivas en el Jalisco) y en la tabla de cocientes esa derrota tiene un peso ligeramente superior al de la paliza recibida por nuestra sufrida franja.
Por lo pronto nos toca “gozar” –si se me permite el sarcasmo— con los esplendores y soponcios de la liguilla semestral correspondiente, minitítulo de por medio.
Fugaz ensoñación
Pues ya ven ustedes cuan efímera es la gloria en el zigzagueante futbol de nuestros días. Bastó que la Virgen de Zapopan descobijara al Guadalajara para que el diablo bajase sigilosamente al Jalisco a torcerle la mira a Omar Arellano –¡qué tres goles a bocajarro dejó ir!–, provocar tortícolis aguda en Santana –de otro modo no se explica su ridículo strike a dos metros del arco– y causar la parálisis temporal que le impidió a Hernández reaccionar ante el dormilón tiro libre de Alex destinado a convertirse en el segundo gol del Internacional de Porto Alegre. Los gaúchos visitantes confirmaron que, en materia de equipos de club, Brasil es un páramo. Nadie negará que forman un grupo aguerrido e incómodo hasta la picaresca y la extenuación, pero de ninguna manera están aptos para ofrecer un espectáculo futbolístico digno de la legendaria prosapia brasileña. Sería un error, sin embargo, pensar que su victoria fue injusta o aleatorios sus méritos, pues la verdad es que controlaron el partido y lo ganaron cuándo y cómo quisieron. Y si el marcador no fue peor, agradezcámoslo a par de balones rebotados en el marco del Rebaño, más otras dos ocasiones perdidas por muy poco. Aun así, ese 0–2 prácticamente descarta a las Chivas de la carrera por el título de la Sudamericana. Y como en el torneo local tampoco pudieron, Vergara tiene ante sí la ansiada oportunidad de despedir a Efraín Flores y regalarle unos cuantos millones de dolarucos a algún vividor de importación con nombre rimbombante.
Manifestación contra Lorena Ochoa
No precisamente, porque en realidad la protesta era contra el gobierno jalisciense, que ya se sabe con cuanto placer derrocha los dineros del pueblo para apoyar negocios amigos, laicos o clericales. Pero el caso es que esta vez la mira estaba puesta en el torneo que lleva el nombre de la diva tapatía, de tan opaca labor en la segunda mitad del año y, nuevamente, en éste su torneo. Pero el golf es un deporte caro y no menos de un millón de pesos salió de las arcas del fisco local sencillamente porque al señor gobernador le vino en gana. Los manifestantes no eran ni cien, pero la razón está toda de su parte. Otra cosa es que alguna instancia legislativa o judicial mueva un dedo para evitar los frecuentes dispendios del ejecutivo.