La posición neutral que el gobierno del estado había mostrado frente al conflicto magisterial parece estar acabado, pues el secretario de la SEP, Darío Carmona García, ha lanzado una serie de amenazas a los líderes de la disidencia magisterial bajo la siguiente consigna:
Tienen que sentarse a negociar con la dirigencia nacional del SNTE o de lo contrario habrá represión.
Y la negociación consiste en que Rafael Ochoa, el dirigente nacional del SNTE, ha dispuestos que en las secciones 23 y 51 del sindicato se remueven a más de la mitad de los titulares de las carteras y éstos espacios sean entregados a los líderes de la disidencia magisterial a cambio de que cejen en sus protestas contra la Alianza por la Calidad de la Educación y entreguen las sedes de la organización gremial, las cuales están a punto de cumplir un mes de estar tomadas por profesores inconformes.
La decisión de la cúpula del SNTE de empezar a ceder posiciones en el sindicato obedece a que fracasó la estrategia de sobornar a los líderes de la rebelión mediante la entrega de plazas, basificaciones, créditos de vivienda y préstamos, pues muchos de esos beneficios fueron rechazados o en muchos casos fueron aceptados, pero eso no implicó que disminuyera la inconformidad de los docentes.
En un principio Carmona se había mostrado neutral. En los dos primeros encuentros que tuvo con la disidencia no tomó partido. Únicamente pidió a los inconformes buscar una rápida solución al conflicto y les ofreció no aplicar ninguna sanción contra los maestros que han participado en las protestas, pese a que esa actitud causó el enojó de Rafael Ochoa quien exigía que la policía desalojara las sedes del SNTE 23 y 51.
Ahora, en las dos últimas reuniones el titular de la SEP ha sido tajante al exigir que ya cese el movimiento o de lo contrario ahora si habrá medidas represivas, no contra el grueso de los docentes inconformes, pero si contra quienes los encabezan.
Para nadie es desconocida que Carmona no es un hombre de palabra, siempre le gusta mantener un doble discurso frente a los problemas. Sin embargo ahora parece que sus amenazas muestran la posición real que el gobierno tiene frente al malestar de las bases magisteriales en contra de su sindicato, de Elba Esther Gordillo y la Alianza por la Calidad de la Educación.
Más allá de observar el cambio de actitud de la administración estatal, lo interesante es preguntarse:
¿Qué hizo el SNTE o Elba Esther Gordillo para que el gobierno cambiara de actitud?
Hasta ahora se desconoce los motivos, pero se especula de tres posibles factores y esos son:
1. Se dice que enviados de Elba Esther Gordillo habrían mandado el mensaje al gobierno que si el gobierno no deja de apoyar a la disidencia o sigue mostrando una actitud neutral frente al conflicto, podría el gobierno federal y en especifico la PGR, reabrir el caso de la periodista Lydia Cacho en contra del gobernador Mario Marín Torres.
Esta posibilidad se antoja difícil, ya que luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió su fallo en torno al llamado “Lydiagate”, este asunto prácticamente murió y jurídicamente se antoja complicado que se pueda re–abrir. Sobre todo porque el dictamen de la SCJN resultó favorable al gobernador y porque el gobierno federal se arriesgaría a que legisladores y dirigentes del PRI hagan frente a la administración de Felipe Calderón en defensa del mandatario poblano.
2. Otra especulación es que “la maestra” estaría amenazando con recortar fondos del gobierno federal y movilizar a maestros de otros estados hacia Puebla para generar un conflicto magisterial, adicional al que mantienen los docentes contrarios al SNTE.
3. Una tercera posibilidad y que parece ser la que tal vez influyó más en el ánimo del gobierno, es que el SNTE le ha planteado al gobierno que si no frena la inconformidad de los docentes, se corre el riesgo de que se cree un movimiento opositor permanente, tal como existe con la CNTE en Oaxaca, Michoacán o el DF.
Ese escenario, dicen, parece que si espantó a varios funcionarios gubernamentales que han empezado a evaluar el riesgo de que el SNTE en un futuro no pueda controlar al grueso de los profesores y se cree en un conflicto de maestros contra el gobierno, el cual podría reavivarse cada año en el periodo cercano al 15 de mayo, tal como ocurre en aquellos entidades en donde la CNTE, que es la disidencia del sindicato oficial, tiene una presencia importante.
Pero además, se ha estimado que la fuerza política que se beneficiaría de una disidencia permanente en el magisterio no sería el PRI, sino el PRD. Sobre todo en las regiones de Huauchinango, Teziutlán, Acatzingo e Izúcar de Matamoros.
Hasta ahora se desconoce cómo podría ser la actitud represiva de la SEP estatal en contra de los líderes disidentes si éstos se siguen negando ha sentarse a platicar con los dirigentes nacionales del SNTE, pero entre profesores de la Sierra Norte se cuenta que ya se han dado un par de hechos que parecerían ser parte de una estrategia de intimidación.
Uno le ocurrió a cuatro docentes que viajaban de Huauchinango a Chignahuapan y en la carretera, una camioneta blanca, en un par de ocasiones los quiso sacar de la cinta asfáltica. Los docentes que iban en un auto compacto son quienes estaban informando sobre las últimas noticias del movimiento.
Otro incidente pasó en la caseta de cobro cercana a Huauchinango. Un líder disidente fue arrollado por un camión pasado. El agredido salió ileso y se detuvo al chofer agresor, que resultó ser pariente de una dirigente del SNTE 23.
Tal vez estos sucesos fueron accidentes y no tienen nada que ver con problemas sindicales.
Lo único cierto, es que si las autoridades estatales y el SNTE no quieren que en Puebla estalle conflictos magisteriales como los de Oaxaca y Morelos, la opción es buscar una negociación que no sea únicamente la entrega de sobornos o amenazar con reprimir. Ese es el camino más equivocado secretario Carmona.