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Viernes, 14 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Harp y Robles reivindicaron con su canto a la raza negra, a la afromestiza de Oaxaca

 

Susana Harp ayer en el zócalo de Puebla / Foto Rafael García Otero
YADIRA LLAVEN

“Nací en Oaxaca. Desde niña me la pasé oliendo mole, chocolate, escuchando bandas, viendo a las mujeres triquis tejer en las calles de mi tierra; y pues como que no había mucho que pensar, qué le iba a hacer; sin embargo, todos estos recuerdos los plasmé en un texto que escribí para un libro de Denisse Dresser”, comienza Susana Harp en rueda de prensa. “Fue algo muy rico: hacer un alto y rememorar cómo fue mi inicio en el canto, con las maestras de la primaria que me ponían a cantar a ritmo de la marimba, de la madera que canta, que a los cinco años de edad ya me erizaba la piel. Desde entonces, cantar es algo que me gusta, nadie me obligó hacerlo, y por eso es la valía de mi proyecto, por ser honesto, porque me sale del corazón, es una necesidad de mostrar y compartir lo que también es México”.

–Háblanos de la investigación que realizaste en la costa del pacífico para grabar tu sexto disco, Fandangos de ébano.

–En las comunidades que están de Puerto Escondido, hacia la costa de Guerrero, hay muchísima migración afromexicana. Hablando de Oaxaca, son comunidades que desde hace muchos siglos se establecieron como ranchos ganaderos, lo primero que trajeron fue a los negros a este continente, porque nuestros indígenas no sabían qué hacer con una vaca, un caballo y un toro, que no eran animales de esta zona, luego los utilizaron en otras cosas, digo así porque así se les trataba.

“En homenaje a estos hombres de color ébano, que medían 1.80 metros de estatura, de dentadura completa, grabé el disco Fandangos de ébano”, que incluye chilenas, gustos, sones de artesa y corridos, así como otros “conjuros” relacionados con la cultura afromexicana y vinculados con comunidades como Pinotepa, El Ciruelo, Collantes, Corralero, Zapotalito, Cuajiniculapan y Juchitán.

A La Jornada de Oriente dijo que “ha sido un placer adentrarme en este otro México en busca de su tradición musical. Ante mis ojos se abrieron ritmos y colores de almas viejas, de corazones alegres. Ahora quiero compartir mi versión con todo el que quiera conocer el pulso de un país multicolor”.

En Oaxaca, expuso, “la presencia de la tercera raíz es mayor que en Guerrero; son más las comunidades afromexicanas. Al entrar a El Zapotalito parece que estás en África, por la fisonomía y alegría de la gente. De todas maneras los costeños son alegres, pero los afromestizos tienen su swing muy especial”, que logra impregnar en este disco.

A partir de la indagación crea la asociación civil México negro, “que no tiene nada que ver con política, pues es de filiación cultural, ha sido testigo de este proceso de investigación de tres años, y Fandangos de ébano es el resultado de estas giras y estas vueltas que mostraré a los poblanos esta noche” (ayer).

“El proyecto que estamos haciendo junto a Xquenda –su fundación– es mucho más amplio. Mi disco es uno de los renglones, que aborda un arrullo que se llama Arriba del cielo; un réquiem, muy triste, obviamente, para cuando se mueren los niños. Es una pieza que sólo se canta en esa zona. Es impactante. El resto de las historias son alegres. El afromestizo es alegre, jocoso, divertido”.

Por eso, hoy, “quiero levantar la voz desde Puebla, que la gente sepa que estas comunidades existen y ojalá que el INEGI tome en cuentas a los afromexicanos, pues ellos están buscando el reconocimiento como una comunidad independiente, es muy triste ver que ya son lugares fantasmas. No hay que olvidar lo importantes que fueron los africanos para la liberación de los mexicanos”.

Previo al concierto de arranque y a la inauguración de la décima edición del Festival Internacional de Puebla (FIP), las oaxaqueñas Susana Harp y Alejandra Robles y el cubano Amaury Gutiérrez charlaron con los medios de sus proyectos individuales, y más tarde pusieron a bailar a todo aquel que pasó entre las 18 y las 21 horas por el zócalo.

 
 
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