Por más de 20 años se ha dedicado a la comercialización de flores de ornato. Todos los lunes, “llueva, truene o relampaguee”, no falta a la cita con sus clientes, quienes con sus flores lo mismo buscan alegrarle la vida a su pareja, embellecer la oficina de su trabajo o de su negocio, o aromatizar sus espacios, pero para ella la venta es la manutención de sus tres hijos.
Elsa Sánchez Arellano es una mujer que, con su camioneta cargada de flores y aromas en la batea, forma parte del paisaje citadino de inicio de semana. Todos los lunes del año se le observa en alguna esquina de las calles aledañas al centro histórico de Tlaxcala en donde pasa las horas armando ramos de flores, mismos que ella o su hermana Angelina reparten entre sus clientes.
Con su hijo a la espalda, al que carga con un reboso atado a los hombros, la menuda mujer de 28 años de edad recorre las calles del centro de la capital todos los lunes “sin falta, porque de lo contrario, no comemos”, para ofrecer y vender sus productos a las personas.
En su camioneta, compañera de andanzas, acomoda claveles, rosas, lirio, gerbera, alstroemeria, solidagos y otros follajes que son amarrados con papel celofán de colores y cubierto por un delicado plástico que cubre los ramos.
“Nosotros iniciamos actividades desde antes de las 6 de la mañana, porque tenemos que llegar a las 8 horas. Nos dedicamos a amarrar y armar los ramos de flores, para que entre 9 y 10 de la mañana nos dediquemos a ofrecer nuestros productos en las oficinas o en algunos negocios. Nuestro fuerte para las ventas es de las 9 a las 14 horas, tiempo en el que caminamos por las calles para ofrecer en las oficinas, negocios o con la gente un ramo de flores que alegre su vida y aromatice sus lugares de trabajo”.
Elsa y su pequeño Jonathan, lo mismo se “meten” a las oficinas gubernamentales, tanto federales como estatales, que a las que ocupan los poderes Judicial y Legislativo. Pero también lo hace en los sindicatos, empresas, negocios y en casas particulares, porque “también ya con el paso del tiempo tengo mis clientes que me esperan para comprarme unas flores, las cuales, a veces, les duran toda la semana”.
“Hay para todos los gustos y bolsillos. Tenemos unos ramos sencillos desde 10 pesos, pero podemos hacer otros muy especiales que valen hasta 200 o 300 pesos, pero depende mucho del cliente. Nosotros nos preparamos para que la gente disfrute de este hermoso regalo”, refiere.
Sin embargo, por la situación económica que vive México y por el cambio climático, con el recrudecimiento del frío en esta época, Elsa reconoce que las ventas se han reducido considerablemente y por ello “hemos dejado de darnos algunos gustos. Sólo trabajamos para vivir”.
Explica que en otros años había llegado a vender hasta 150 ramos de flores “normales”, pero “ahora cuando está muy buena la venta llegamos a vender de 80 a 100 ramos, pero esas ventas sólo son en mayo o junio, o bien en los días de fiesta, pero el resto del año hay que batallar para vender”.
Aunado a ello, denuncia que ha tenido que sortear diversas problemáticas, sobre todo con las autoridades, las cuales les han llegado a quitar toda su mercancía porque “no nos ponemos a mano con ellos”.
Relató que “con el anterior gobierno municipal un día llegaron varios muchachos y nos quitaron las flores, incluso nos querían quitar hasta la camioneta, pero no nos dejamos. Sin embargo, nos pidieron que para arreglarnos les tendríamos que dar algo de dinero, que según es lo que cobran a los vendedores ambulantes. Querían 800 pesos y ellos nos avisaban después por cuánto tiempo sería el permiso para poder vender.
“En el fondo no nos quieren dejar vender. Nos andan quitando de las calles en donde nos ponemos, a pesar de que nosotros amarramos y exponemos nuestras flores en la camioneta y ahí se queda la basura que sacamos. No molestamos a la gente, porque les entregamos los ramos a nuestros clientes. Por falta de dinero no hemos podido acercarnos con las autoridades, sólo queremos que nos dejen trabajar”, apunta.
A pesar de esa problemática, Elsa asegura que es feliz junto a sus tres hijos. “En esta época del año es más difícil trabajar, porque mi hijo lo tengo que sacar de la cama antes de las 6 de la mañana para que se venga conmigo. Hace mucho frío, pero de algo tenemos que vivir. Así que lo abrigo muy bien, lo subo a la camioneta y a jalarle conmigo, no hay de otra”.
Además, como ahora ella cultiva algunas de las flores que comercializa, “tenemos más trabajo. En estos días de frío hay que luchar contra la helada. Nos paramos a las 2 o 3 de la mañana para echar humo al túnel del invernadero, el cual sirve para que se caliente el espacio, con lo cual hace que no caiga encima el hielo y también ponemos unas lumbradas (tipo antorchas) para combatir el frío y así no se queme la producción, porque nosotros, como apenas empezamos, no tenemos calentadores u otros equipos que nos ayuden, hay que hacerlo manualmente”.
No obstante, Elsa detalla que a partir de este negocio se han dedicado a aprender el arte de la floricultura, al grado que ya construyeron, “con muchos esfuerzos y sacrificios”, su propio invernadero en donde cultivan alstroemeria, lilis y rosa, porque “quien sabe hasta cuándo nos alcancen las fuerzas de las piernas para caminar en las calles y en los brazos para cargar. Nosotros, al igual que muchas familias trabajadoras, tenemos que buscar el porvenir de nuestros hijos”.