“Yo me dejo ver en cada uno de mis cuadros. Tal y como son, soy yo. Si ven algunas piezas con un halo de maldad, de misterio, también soy yo, porque es una representación anímica de un instante de mi ser”. Así resume el poeta y artista plástico Juan José Ortizgarcía, su exposición Retrospectiva de la conciencia, en el Barrio del Artista, que inauguró este fin de semana junto al también artista Adolfo Pérez Martínez.
Entre las pinceladas sin dirección de un Quijote, explica a La Jornada de Oriente, “he puesto unos ojos y una boca, para que nos evoque otras sensaciones; la Paloma caída, en tonos azules y naranjas, representa otro de mis estados anímicos; como también lo es Caperuza encimosa, que está abrazando al Lobo, por quien demuestra que tiene más satisfacción, más pasión por la bestia que miedo”.
Y en eso radica la visión de la conciencia, “una conciencia que aflora instintivamente en el pincel, no calculada, no pensada, no elaborada, sino que se vierte a partir de que me pongo frente al lienzo y dejo que mi creatividad corra; empujo mi mano y solícito va trazando, agarrando forma”.
–Tras el recorrido por la exposición, su trabajo se contempla brillante, de tonalidades vivas, ponderando el color sobre la forma.
–Sí, me gustan los colores contrastantes, porque impactan. Me gusta su estado natural sin alteraciones. El rojo es rojo; el azul, azul, y el negro, negro, no hay degradaciones; aunque uno tiene que jugar de vez en cuando con las tonalidades de la paleta para dar el efecto de luz y sombra, de claroscuros.
“Yo sé que trabajar así implica riesgos, pero me aventuro, porque refleja quién soy realmente”.
–¿Cómo es el proceso de una pieza?, ¿es primero el tema, el color o la forma?
–Yo no pienso anticipadamente cómo va a quedar el cuadro. Simplemente voy desarrollando las pinceladas, y al último sale el tema. La idea fundamental es la conclusión de la obra en sí misma, y luego vendrá lo menos importante.
“Me interesa dejar en claro, en cada una de mis piezas, el paisaje que está dentro de mí, manejado desde el impresionismo abstracto”.
Además de una veintena de piezas en gran formato, mediano y pequeño, que exhibe en Retrospectiva de la conciencia, Ortizgarcía también presenta una instalación al término del recorrido que se llama Perder el control. Al respecto, explica que refiere “al ser que ha perdido el equilibrio en la vida, por una mujer, por un descuido, por diversas situaciones, y no queda nada de él o ella”.
–¿Existe un hilo conductor en su obra, o solamente son piezas individuales?
–Hay una secuencia desde el punto de vista de la conciencia, como una actitud frente al mundo, de preocupación. Y aunque el nombre de la exposición es Retrospectiva, no se trata de piezas que he pintado a lo largo de una década, todas son de 2008, del año pasado y solamente una de 2006.
–¿Qué le podría decir a una persona que se para frente a una obra abstracta y que busca entender lo que ve?
–Que todo está en función de la sensibilidad, y que debe dejarse arrollar por ella.
–Hace un par de semanas, comentó a este diario que un grupo de artistas, encabezados por usted, está abriendo la brecha de las relaciones con los oaxaqueños, para aprender de ellos la brillante metodología de autogestión que han desarrollado en los últimos años; así como el apoyo y la difusión a la plástica que la misma comunidad artística realiza a sus talentos locales.
–Sí, estamos en eso, aunque es un poco difícil, porque para interactuar con los oaxaqueños tendríamos que estar yendo y viniendo entre un estado y otro, y es algo que no está al alcance de nuestros recursos económicos; sin embargo, ya hay contactos establecidos para trabajar coordinadamente con algunos pintores de allá. Probablemente para el año que viene traigamos a Puebla algunos artistas vecinos, y viceversa.
En tanto, su compañero, el artista plástico Adolfo Pérez Martínez, comenta a este medio que Retrospectiva de la conciencia alude “a una regresión, a un análisis de los movimientos sociales, políticos, de la guerra, de todo lo que nos ha afectado a lo largo de estos años, desde una interpretación diferente, desde la plástica”.
Pérez Martínez, quien lleva más de 20 años dedicados al oficio de manera profesional, como discípulo del maestro Rafael Leonor Solís, platica que su formación artística viene de la Antigua Academia de Bellas Artes, hoy el Instituto de Artes Visuales del Estado (IAVE). “Por eso, esta exposición también se circunscribe dentro de los festejos del 195 aniversario de fundación de la casa de estudios”.
De estilo impresionista, el pintor, que pretende plasmar la luz y el instante sin reparar en la identidad de aquello que la proyecta, señala que “en Puebla hace falta mucha difusión para la plástica y la cultura”, asociado a que “las personas que asumen algún cargo en las instituciones son insensibles y no saben nada de arte; eso les impide abrir su mente y ver todas las posibilidades que se podrían obtener al haber más promoción”.
–¿Qué hace falta en Puebla para llegar al nivel de difusión que tienen los oaxaqueños?
–Todo, desde lo más básico: ofrecer el apoyo para traslado de obra, pues muchos no contamos con un respaldo económico, como sucede en otros lados, y la difusión de la obra en otros puntos de la geografía nacional, porque los poblanos estamos limitados a Puebla.
–Ante estos los obstáculos naturales, ¿cómo ha sobrevivido?
–He sobrevivido por terco e insistente, pero estoy muy feliz de haber elegido este oficio, el de la pintura, porque es lo que me apasiona, y no me arrepiento. También hay carreras que en la actualidad ya no prometen nada.
Sin embargo, para el pintor “hay muchas necesidades económicas, por eso uno tiene que ir balanceando las cosas. Desde hace años soy docente en el Instituto de Artes Visuales, y así tengo un dinerito seguro; aunque la gran mayoría de los compañeros no cuentan con esa oportunidad”.
La exposición fue inaugurada por el director del IAVE, Roberto Rojas; por el director de Difusión Cultura de la UAP, Daniel Alcántara, y el director del Barrio del Artista, Alberto Gómez Sánchez. Retrospectiva de la conciencia estará hasta el 20 de noviembre, y recorrerá, en enero, la Galería del Espacio 14 de la Universidad Autónoma de Puebla, y en abril estará en la Casa de la ciudad, en Oaxaca.