El yes we can –sí nosotros podemos–, sin duda que refleja una nueva forma de ver la política y de ver a los Estados Unidos. Ese “sí nosotros podemos” se constituyó en la esperanza del pueblo norteamericano el pasado martes.
Barack Obama, al ganar la elección de la presidencia de la República, afirma que eso es la mejor expresión de que los Estados Unidos pueden reinventarse como nación. De que en los Estados Unidos todo es posible.
El que un afroestadunidense –que hasta antes de las elecciones eran afroamericanos– llegue a la presidencia de la República, sin duda tiene un efecto simbólico, porque cambia la concepción de lo diferente.
El peso de lo que no es blanco, de lo que no es perfecto, de lo que no es completo, tiene hoy una expresión que le permite ser visto. Todo aquello que era invisible hoy se hace visible.
El triunfo de Barack Obama no sólo fue producto de las minorías raciales –negros, latinos–, sino particularmente de los blancos de clase media, que durante los periodos Bush vieron su vida deteriorarse.
La crisis jugó un papel importante, pero la esperanza lo fue más.
Se ha reinventado la Unión Americana como el espacio donde caben las diferencias. Entre otras cosas se renueva la imagen de tierra de oportunidades.
Eso tendrá repercusiones importantes para México, pues se convierte en la expresión de que el statu quo no se ve amenazado porque algo diferente llegue, sino se constituye en la razón de ser del mismo país. Una elección que dos visiones distintas no terminó con un país dividido.