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Viernes, 7 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

El estilo Obama

 
ALFONSO SÁNCHEZ ANAYA

John Gerring y Joshya Yesnowitz  publicaron en el periódico Le Monde Diplomatique un  análisis de los discursos de Barack Obama que  revela una personalidad que seduce sobre todo por su elocuencia y que se sitúa a la izquierda del Partido Demócrata. Sin embargo, enfatizan los autores, en medio de la crisis económica que golpea a Estados Unidos, el senador por Illinois no ha propuesto hasta ahora nada para reducir el abismo que se ensancha entre ricos y pobres.

Nacido de un padre originario de Kenia y de una madre proveniente de Kansas, Obama creció en Hawai, donde sus padres se conocieron, y en Indonesia, en donde residió su madre para proseguir las investigaciones que realizaba para su doctorado en antropología y donde volvió a casarse, dándole un padrastro indonesio. Obama realizó sus estudios superiores en California (Occidental College) y en Nueva York (Columbia University), y luego trabajó como asistente social en los barrios del sur de Chicago antes de obtener su título en  derecho en  la Universidad de Harvard. Estas experiencias de vida le permitieron adquirir una visión multicultural de la compleja sociedad estadunidense.

Inicialmente, los afroestadunidenses constituían la única minoría considerada como tal. Una vez establecido el precedente de los derechos cívicos otorgados a los negros, el partido abrazó la causa de las mujeres, los hispanos, los homosexuales, y de una multitud de grupos diversos definidos según criterios étnicos o intereses particulares. La filosofía de los derechos no termina nunca de ampliarse. Así, durante el curso del siglo XX, el partido pasó de una ideología de “gobierno de la mayoría” a otra que insistía más en los “derechos de las minorías” y son estos grupos de interés los que lo han llevado al poder.

Gerring y Yesnowitz transcriben en su texto la parte central del discurso de Obama que le hizo célebre: “No hay una América progresista y una América conservadora, hay los Estados Unidos de América. No hay una América negra y una América blanca, una América latina y una América asiática, hay los Estados Unidos de América. (...) Nosotros veneramos a un dios todopoderoso en los estados azules (de mayoría demócrata), y no nos gusta que los agentes federales husmeen en nuestras bibliotecas en los estados rojos (de mayoría republicana). Nosotros preparamos los campeonatos de baloncesto en los estados azules y tenemos amigos gays en los estados rojos. Hay patriotas que se han opuesto a la guerra de Irak y patriotas que la han apoyado. Somos un único pueblo, todos hemos prestado juramento de fidelidad a la bandera, todos defendemos a los Estados Unidos de América”.

Las palabras, y la capacidad para pronunciarlas, representan el arte de la profesión, porque la política es un arte en el que el discurso sigue siendo esencial. Los estadunidenses escuchaban a Ronald Reagan, y les gustaba lo que oían. No puede decirse lo mismo de George Bush, el actual presidente, o de su padre.

Mi reflexión sobre el fenómeno Obama se apoya en la consideración de que él era un afroamericano; desconocido fuera de Chicago hace tan solo cuatro años; carente de relaciones personales en los círculos del gran poder y de dinero, pero capaz de romper moldes y tradiciones, supo aprovechar todas las ansiedades y frustraciones políticas acumuladas durante los últimos ocho años de la presidencia de George Bush.

Sólo 21 meses, desde que anunció su candidatura, le bastaron a Barack Obama para declararse vencedor del desafío que le significó convertirse en el primer  ciudadano afroamericano en convertirse en el 44 presidente de los Estados Unidos de América. 

La campaña de Obama fue inédita y transformó a las viejas estructuras de poder sustentadas en predominio de la sociedad blanca y protestante en una sociedad post racial laica. De igual manera, se estableció una nueva relación con los electores a través de una amplia red  de participación, financiación, organización y utilización de las nuevas tecnologías.

El candidato republicano, John McCain tuvo, según la prensa estadunidense, dos errores: el primero fue el nombramiento de la señora Sarah Palin y el segundo fue su reacción desordenada e impulsiva ante la crisis financiera.

De la campaña presidencial estadunidense nos quedan varias lecciones. La primera es que el financiamiento público de las campañas es posible a partir de ahora por la recaudación a través de internet. Pero también que por medio del internet se abre un mecanismo de participación y de organización que va más allá de una campaña.

A Obama le dieron la victoria: el uso del efecto de “red social “ creadas por internet,  como es el caso del Face Book, la telefonía celular para llegar a una gran cantidad de electores rápidamente a través de mensajes telefónicos, y sus vídeos en YouTube, una campaña electoral sin duda del siglo XXI.

 
 
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