Este miércoles presentó su renuncia Alejandro Fernández Soto al cargo de secretario ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública. Este personaje, a lo largo de su desempeño en el puesto que deja, fue cuestionado por su conducta y por estar en constante conflicto con los funcionarios que encabezan diferentes áreas de los cuerpos de seguridad pública.
Más allá de cuestionar la excesiva tolerancia que hubo hacia Alejandro Fernández, lo que ahora importa es hacer un llamado al gobierno del estado que aproveche la coyuntura para emprender una auténtica reestructuración y modernización de los órganos de seguridad pública para que estén a la altura de los diversos problemas que se enfrentan en esta área.
Es cierto que Puebla no enfrenta los mismos índices delictivos y presencia del crimen organizado, tal como ocurre en otros estados del país, pero particularmente este año se han registrado una larga lista de hechos de violencia que no eran característicos de la entidad poblana, lo cual es un llamado de alerta de que se necesita contar con mejores corporaciones policiacas.
El crecimiento de la delincuencia en Puebla y el resto del país es resultado de la crisis económica, de la falta de un adecuado desarrollo social, de la corrupción que contamina el aparato de procuración e impartición de justicia, de que en México priva la impunidad y que los cuerpos policiacos están infiltrados por el crimen organizado. Por tanto, las autoridades locales deben entender que la mejor opción para enfrentar el complejo asunto de la inseguridad no es negar los problemas, sino ofrecer mejores instrumentos para enfrentarlos.