Conseguir la supervivencia coincide con la reducción eventual de estados corporales desagradables y la consecución de estados homeostáticos, es decir estados biológicos equilibrados desde el punto de vista funcional. El sistema interno de preferencia de nuestro cuerpo está sesgado o predispuesto de forma innata para evitar el dolor, buscar el placer potencial y, probablemente, estos preajustados para conseguir estos fines en situaciones sociales. Por tal razón, la toma de decisiones debe comprenderse, no tan sólo desde la perspectiva cognitiva, donde el individuo sabe, sino también desde donde influye lo que el individuo necesita o desea.
La intuición sería la encargada de dirigir la toma de decisiones, donde no necesariamente interviene la conciencia o el razonamiento pero donde se tiene como finalidad la supervivencia. En la intuición son los mecanismos encubiertos la base del aparato de toma de decisiones. Estos son un medio para construir “predicciones” de resultados y predisponen a los dispositivos de acción del organismo para que se comporten de una determinada manera, lo que a un observador externo le puede parecer una elección. Este mecanismo biológico opera fuera de la conciencia.
Según A. Damasio, El error de Descartes (2002), la intuición se genera a partir de imágenes explícitas relacionadas con un resultado negativo, pero en lugar de producir cambios perceptivos del estado corporal inhiben los circuitos neuronales reguladores localizados en el núcleo del cerebro, que median los comportamientos apetitivos, o de acercamiento. Con la inhibición de la tendencia a actuar, o la promoción efectiva de la tendencia a inhibirse, se reducirían las probabilidades de una decisión potencialmente negativa. Cuando menos, habría una ganancia de tiempo, durante el cual la deliberación consciente podría aumentar la probabilidad de tomar una decisión apropiada (si no la más apropiada). Además, podría invalidarse por completo una opción negativa, o hacer que una positiva fuera más probable mediante intensificación del impulso para actuar. Este mecanismo encubierto, según Damasio, es el origen de lo que se denomina “intuición”, el mecanismo misterioso por el que llegamos a la solución de un problema “sin razonar” con respecto de él.
En general a este conocimiento previo sin justificación racional se le llama serendipia. También se le llama serendipia a cierta labor científica donde se generan resultados interesantes o un descubrimiento científico afortunado e inesperado que se ha realizado accidentalmente. La serendipia, pese a ser intuición propiamente dicha, está directamente relacionada con el nivel de conocimiento que tenga una persona sobre el tema de estudio. De modo que muchos la explican simplemente como experiencia. Según los investigadores Burke y Miller, la intuición sería la solución de problemas realizada de modo inconsciente y basada en el conocimiento acumulado por la experiencia cotidiana, la actividad profesional específica y la formación académica. Es decir, que la intuición no es una facultad distinta a la actividad racional y creativa ordinaria; su diferencia radicaría en que el proceso que da lugar a su realización práctica se llevaría a cabo mediante una intervención automática del subconsciente, en el que éste seleccionaría la información guardada en la memoria relevante en cada situación particular.
De acuerdo con Steven Pinker, La tabla raza (2003), este mecanismo neurobiológico aparece pronto en la vida, está en toda persona normal, y parece que se computan en conjuntos de redes en partes distintas del cerebro. Pueden ser instaladas por distintas combinaciones de genes, o por pueden surgir cuando el tejido cerebral se autoorganiza como respuesta a los diferentes problemas que haya que resolver y a los diferentes patrones del estimulo sensorial. Lo más probable es que se desarrollen por alguna combinación de estas fuerzas.
Este beneficio adaptativo tiene varias contrapartidas. Por un lado, el físico y biólogo Leo Szilard hablando sobre la creación científica dice: “el científico creativo tiene muchas cosas en común con el artista y el poeta. El pensamiento lógico y una capacidad analítica son atribuciones necesarias para un científico, pero no son ni mucho menos suficientes para la obra de creación. Aquellas ideas que en ciencia han llevado a un descubrimiento importante no derivan de manera lógica del conocimiento pre–existente: los procesos creativos en los que se basa el progreso de las ciencias operan en el nivel subconsiente.” Jonas Salk ha propuesto que la creatividad reside en una “combinación de intuición y razón”.
Por otro lado, Pinker resalta el hecho de que a medida que la ciencia y la tecnología abren mundos nuevos y ocultos, nuestras intuiciones no instruidas pueden verse perdidas. Según este autor, muchos científicos cognitivos piensan que el razonamiento humano no se realiza mediante un único ordenador para todo uso situado en la cabeza. El mundo es un lugar heterogéneo, y estamos equipados con diferentes tipos de intuiciones y de lógicas, cada una de ellas apropiada para una sección de la realidad. A estas formas de saber se les ha llamado sistemas, módulos, posturas, facultades, órganos metales, inteligencia múltiple y motores de razonamiento. Pinker señala que cada una de nuestras facultades de razonamiento se basa en una intuición nuclear que fue adecuada para analizar el mundo en el que evolucionamos.
Además, Pinker explica que carecemos evolutivamente de las facultades apropiadas para la nueva y sensacional comprensión del mundo que la ciencia y la tecnología han propiciado. Para muchos dominios del conocimiento, la mente no puede haber desarrollado una maquinaria dedicada: el cerebro y el genoma no muestran signos de especialización, y las personas no muestran una comprensión intuitiva espontánea ni al nacer ni después. No sólo ocurre que para aprender dominios del conocimiento hay que ir a la escuela o leer libros. Ocurre que no disponemos de unas herramientas mentales para comprenderlas intuitivamente. Dependemos de analogías que ponen en marcha una vieja facultad mental, o de artilugios mentales mal construidos que conectan elementos y piezas de otras facultades. Lo más probable es que comprender en estos dominios sea algo irregular, superficial y contaminado por las intuiciones primitivas. Y esto puede configurar los debates en las discusiones fronterizas en las que la ciencia y la tecnología entran en contacto con la vida cotidiana.
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