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MEDIEROS
desde los comunicadores
Diálogo con los lectores de “Medieros”
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ANA LIDYA FLORES
Con esta edición de “Medieros” intentamos una modalidad de diálogo con nuestros lectores. El viernes 31 de octubre llegó a mi correo electrónico el mensaje de un compañero universitario haciendo el planteamiento sobre los correos electrónicos que circulan desde hace un par de meses, a propósito de la inseguridad, así como de la prensa amarillista. Puesto a consideración de las redactoras de esta sección, nos parece pertinente retomar la inquietud expresada en el siguiente texto:
“Hace unos días recibí el mensaje que viene renglones abajo sobre la inseguridad en Cholula. Su lectura me hizo pensar que de algún modo, contribuye a los fines del terrorismo, particularmente al generar un clima de paranoia paralizante que quizás podría llevarnos a terminar escondidos debajo de la cama.
“Los atentados del 15 de septiembre, así como los del 9 del mismo mes, pero del 2001, han estado continuamente bajo sospecha de ser provocaciones montadas por los propios estados (Bush y Calderón) para justificar la reducción de las libertades civiles o militarizar aun más al país”.
Hoy por la mañana, al dirigirme al trabajo, conduciendo sobre el bulevar Atlixco casi durante cuatro semáforos continuos (no estaban sincronizados), unos sujetos enfundados en overoles rojos ofrecían una publicación titulada Metro. Por la similitud del overol, con aquel otro, de color verde que utilizan los vendedores del Reforma, intuí que podían ser del mismo grupo editorial, con intereses “informativos” similares... Así que estoy tratando de entender por qué los vendedores del periódico apelaban a esos impulsos que llevan a alguien a comprar una publicación de esas características.
El vendedor prácticamente embarraba el periódico contra el parabrisas y la imagen de un sujeto brutalmente golpeado y ensangrentado hacía que el desayuno se revolviera en el estómago. Creo que así como existen ciertas regulaciones respecto a la venta de pornografía, para salvaguardar el pudor de los menores, algo similar debería suceder para la nota roja…
Y luego, llegar a la oficina y enterarte de este tipo de correos, pues... alguna estrategia debe haber para hacerle frente al pésimo papel de los medios y su connivencia con las autoridades. Si acaso publica un artículo relacionado con el asunto, me gustaría conocerlo, o bien, obtener un comentario general sobre el asunto.”
Hasta aquí el correo recibido. Claudia Magallanes y Gabriela Pinto escriben en esta edición a petición expresa, con el ánimo de dar luces sobre las estrategias del miedo y los tabloides sensacionalistas.
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La desinformación sobre la violencia se la debemos a los medios de ¿información?
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CLAUDIA MAGALLANES BLANCO
A través de los relatos que hacen de los hechos violentos los medios de comunicación crean un sistema de significados compartidos. Estos significados tienden a dar explicaciones únicas y reducidas, descontextualizadas y sin historia contribuyendo no a la comprensión del tema de la violencia, sino a la confusión y la desinformación en torno a éste. A base de repeticiones contantes, de cifras alarmantes y sin sentido los medios contribuyen al “secuestro de la idea de futuro”.
El lenguaje de la violencia que crean, diseminan y refuerzan los medios masivos desapropian del yo a los sujetos, es decir nos dejan sin capacidad de acción, sin poder alguno ante nuestra propia historia. “Las codificaciones del lenguaje de la violencia generan parálisis” nos dice Rossana Reguillo, y también generan amnesia. Los medios producen víctimas, no ciudadanos y la victimización nos desagencia.
En el contexto actual de incertidumbre económica, social, cultural, política que vivimos los medios de comunicación construyen certezas mediante discursos fragmentados que pretenden mostrarnos las causas de los hechos. En realidad lo que estos discursos logran es exacerbar el clima de linchamiento social. Con base en la idea de “normalidad” los medios producen las imágenes y discursos de lo que es “anormal”, que se traduce a lo que es pobre, marginado, rebelde, joven, indígena, lo “otro”. Esta construcción resulta muy peligrosa ya que genera modelos mentales que audiencias fragmentadas, desinformadas, victimizadas y sin agencia reproducen de forma automática y acrítica colaborando a la creación del estereotipo y contribuyendo a la sensación de pánico y de amenaza constante.
No son solamente los medios masivos como la televisión o la radio los que contribuyen a la creación de estos significados sobre la violencia. Contribuyen también los correos electrónicos, los blogs, los mensajes de celular, los videos en youtube. Es decir, contribuimos también nosotros, las personas que no trabajamos en los noticieros ni en las redacciones de los medios. Al reenviar un correo alarmista, contar la historia de la aguja en el cine o de la extorsión de Los Zetas en los bares, estamos haciendo propio el discurso ajeno en relación con el tema de la inseguridad y de la violencia y estamos colaborando a la construcción de la incertidumbre y el miedo contante.
Es innegable que vivimos momentos difíciles, que el crimen organizado existe, que el narcotráfico está activo en todo el país, que hay delincuencia y que se cometen hechos violentos en muchas partes todos los días. Sin embargo no debemos confiar en que sabemos lo que sucede porque vimos el noticiero de la noche o escuchamos al comunicador en la radio. Vale la pena cuestionarse esta (des)información y tener una visión más crítica y sobre todo informada de la situación.
Basado en lo expuesto por Rossana Reguillo, académica del ITESO, en el foro de la Cátedra Alain Touraine en la Universidad Iberoamericana el pasado miércoles 29 de octubre
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Alfabetización mediática contra el miedo
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GABRIELA PINTO MÁRQUEZ
Desde hace algunas semanas he recibido correos que mencionan la situación de inseguridad que vivimos en el país y particularmente en Puebla y Cholula. Algunos de ellos han sido un tanto paranoicos, desde los que invitan a cancelar las cuentas en Hi5 o Facebook, hasta los que podrían tener semejanza con guiones de películas de pseudoterror al más puro estilo Destino Final en los que una víctima es secuestrada, torturada, asesinada o una mezcla de las posibilidades anteriores.
Por lo regular cuando recibo este tipo de correos hago caso omiso de éstos y los mando directamente a la basura, pero la insistencia de una de mis mejores amigas me despertó una especie de indignación y de inconformidad y me decidí a contestarle.
En la respuesta le mencioné que considero que la información nos da cierto control y seguridad, evita que nos engañen fácilmente y nos empodera como ciudadanos. Desde hace algún tiempo consulto un par de diarios en línea. Solía escuchar a Carmen Aristegui hasta que la sacaron del aire y aunque considero que Javier Solórzano es la mejor opción a mi alcance no acostumbro escucharlo porque requiere de conexión a internet y mi servicio es por cable, de manera que no puedo llevar la computadora a la cocina o en el sitio en el que realizo mi rutina de arreglo personal y me resulta incómodo, pero trato de consultar diversas fuentes, entre las que se encuentran los semanarios Eme equis y Proceso.
Me parece de suma importancia aprender a leer los medios masivos de información para lograr identificar los datos que sirven y los que no. Las notas que tienen más tintes de melodrama que datos que nos puedan resultar de utilidad como ciudadanos y parte activa de una sociedad.
Desafortunadamente algunos medios son también un negocio que lucra con el morbo. Bien lo saben las revistas de espectáculos y la prensa amarillista que se dedican sin escrúpulos a esta finalidad. Algo parecido ha ocurrido con los correos electrónicos que supuestamente solicitan ayuda, prometen un viaje, objeto y otras recompensas a cambio de un simple forward y los que advierten los peligros de determinada ciudad.
En la respuesta que le hice llegar a mi amiga mi opinión acerca de dicho correo, le sugerí que consultara noticias en línea, oyera la radio o leyera el periódico de su preferencia para evitar considerar cierto cualquier dato que llegue a su buzón.
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