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Martes, 4 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 OPINIÓN 

La crisis del modelo económico imperante

 
ARTURO HUERTA GONZÁLEZ

La crisis actual es una más de las crisis derivadas del libre mercado, caracterizado por el libre movimiento de capitales y mercancías entre países, como de la menor participación del Estado en la actividad económica, y el consecuente proceso de desregulación, donde se deja al mercado, actuar a su libre albedrío. Desde fines de la década de los años setenta, ha sido el capital financiero el sector hegemónico que dicta las políticas económicas a seguir, las cuales actúan a su favor y en detrimento del capital productivo y del empleo. Ello ha dado pie a que los flujos de capital se canalicen sobre todo al sector financiero, lo que ha creado burbujas especulativas en los mercados de capitales y de bienes raíces, ocasionando crisis en dichos mercados. La presente crisis mundial es la más reciente de éstas, la cual se gestó a raíz de la flexibilización de la política monetaria instrumentada por la Reserva Federal de Estados Unidos para salir de la recesión que se presentó del año 2000 al 2003, donde la tasa de interés bajó hasta el 1 por ciento. Ello junto con la mayor liquidez generada en el mercado financiero, llevó a la banca de tal país a expandir el crédito hipotecario a todo tipo de demandante de créditos, lo que a su vez fue acompañado de un ‘boom’ del precio de los bienes raíces, que retroalimentaba la expansión crediticia hacia tal sector y la demanda por créditos. Ello dio pauta al desarrollo de innovaciones financieras que introdujeron nuevos papeles y títulos financieros, respaldados por las hipotecas otorgadas y por el creciente valor de las casas. Bancos e instituciones de los países desarrollados y muchos otros participaron en la adquisición de dichos papeles y títulos financieros que ofrecían atractivos rendimientos ante el aumento del precio de las casas en el mercado de bienes raíces en Estados Unidos, como en otros países desarrollados. El problema se presentó cuando empieza a aumentar la tasa de interés, lo que aumenta el costo de las deudas contraídas y da lugar al resurgimiento de la cartera vencida, y junto a ello se da la caída del precio de las casas, ante la menor demanda de éstas y el exceso de oferta, lo que implicó la desvalorización de los títulos hipotecarios y demás títulos emitidos con respaldo en el valor de las casas. Se afectaba así el valor de los activos financieros que estaban en poder de los bancos y demás instituciones financieras en el mundo, lo que trajo consigo la caída del precio de sus acciones en los mercados de capitales, provocando la turbulencia financiera en los mercados internacionales a fines de 2007. No obstante las grandes inyecciones de liquidez a los mercados financieros, y la disminución de la tasa de interés a que se ve obligada la Reserva Federal para atenuar los problemas presentados, éstos prosiguen y se acentúan. La cartera vencida que inicialmente se presentó en las hipotecas, se ramificó a las empresas, a las familias y en la propia banca, sobre todo aquella en que sus activos estaban compuestos por créditos hipotecarios. Se ha creado un clima de pánico, donde la banca comercial no presta a otro banco, y mucho menos a las empresas y personas, lo que frena la inversión, así como el consumo, dando pie al proceso recesivo de la economía estadounidense, como de Inglaterra y otras economías europeas. Ello pasa a afectar a todas las economías del mundo, de una u otra forma y medida, dada la gran interrelación entre desarrollados y subdesarrollados.

La crisis de Estados Unidos va para rato. Tardarán años en salir de la problemática presentada, pues hay trillones de pérdidas que enfrentan los bancos, las instituciones financieras, las familias, por la desvalorización de sus casas (que es su activo principal para la gran mayoría), así como para las empresas, que ven reducidas sus ventas y el valor de sus activos en el mercado de capitales, y no cuentan con recursos para encarar el pago de sus deudas. El rescate de 700 mil millones de dólares aprobado por el Congreso estadounidense, es insuficiente para hacer frente a los problemas de dicha economía. La pérdida de activos es mucho mayor que dicho rescate, y además, no se dan cuenta que es una crisis del sistema económico imperante, en el sentido de que por un lado de lugar a prácticas especulativas y fraudulentas que terminan desestabilizando al sector financiero y a la economía, debido a que los auges bursátiles y de bienes raíces, así como el alza de los precios de las llamadas “commodities”, que son las materias primas y alimentos, no tienen sustento productivo, ni bases reales que las mantengan. Son solo acciones especulativas, que cuando cambian las expectativas de la economía, todo ello se derrumba, tal como ha venido aconteciendo. Por otro lado, toda esa lógica ha dejado de lado a la esfera productiva y al crecimiento del empleo y del poder adquisitivo de los trabadores, por lo que no se genera la riqueza material, ni la capacidad de pago para hacer frente a la deuda contraída, como para valorar los activos financieros emitidos por la llamada innovación financiera que desarrollaron los especuladores, terminando ello en aumento de cartera vencida y en la desvalorización de dichos activos y en la quiebra de bancos e instituciones financieras que emitieron dichos títulos financieros, como en aquellos que los adquirieron.

No hay forma de recomponer el valor de tales títulos, o papeles que inundaron los mercados financieros. De ahí las grandes pérdidas que se enfrentan. Ello se traducirá en caída de la disponibilidad crediticia por parte de los bancos, por muchos años, lo que frenará la inversión y el consumo, y por lo tanto la actividad económica y la generación de empleo en los países desarrollados. Igual cosa acontecerá en los países de América Latina, dado que la banca que opera en éstos es filial de las empresas matrices de los países desarrollados y siguieron las mismas prácticas. Especulan, otorgan mayores créditos al consumo y a la vivienda en relación al concedido a la industria y a la agricultura, por lo que no aseguran el reembolso de los créditos, dando lugar al problema de cartera vencida que ya está latente y creciente en nuestra economía. La banca de nuestro país, así como las grandes empresas que pululan en la Bolsa, han visto desvalorizado su capital, por la caída de la Bolsa, lo que junto a su gran endeudamiento y contratación de ‘derivados’ en dólares, los coloca en una situación de insolvencia, que no resolverán, pues por más que el gobierno mexicano quiera apoyarlas, sus pérdidas son mayores que el apoyo que se les pueda otorgar. Las exportaciones caerán, y seguirá contrayéndose los ingresos por remesas, así como por inversión extranjera, lo que presiona sobre el tipo de cambio. A ello se suma la demanda por dólares que realizan las empresas que tienen altos pasivos en dólares, así como la que ejercen los especuladores. El banco central está desperdiciando las reservas internacionales al colocarlas en el mercado de divisas para evitar que el precio del dólar aumente. De seguir así, tales reservas se agotarán y entraremos a una crisis de proporciones mayores a las de 1982 y 1995, pues tenemos menos industria, menos agricultura, para hacer frente a las adversidades provenientes del exterior.

 
 
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