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Martes, 4 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Jorge Reyes: dualidad sonora, visual y temporal que promueve tradiciones

 

Jorge Reyes / Foto Abraham Paredes
ALONSO FRAGUA

El viento sopla su aliento frío sobre el escenario y eriza la piel de los danzantes de Nok Niuk que desde hace 14 años acompañan al músico y compositor Jorge Reyes en sus conciertos. Mientras el público permanece atento bajo la carpa del IMACP entre el zócalo y la catedral angelopolitana, la actriz Arianne Pellicer le da voz a una pregunta de Netzahualcóyotl en esta noche de 2 de noviembre. ¿Dónde está la dualidad...?

La respuesta no tarda en llegar, encarnada por los sonidos primitivos de los tambores y las danzas circulares guerreras, acompañados por la base musical del techno minimal, los sonidos ambientales registrados y transformados en computadora y el despliegue de luces: azul, rosa, verde y el blanco espectral del humo que arropa la entrada de la Muerte con su vestido translúcido.

El mundo prehispánico y la era digital conviviendo en un mismo espacio, evocando los mismos sentimientos y dando vida a la misma tradición. Un mestizaje sonoro y visual que evita que como una pintura nos vayamos borrando y que como una flor hayamos de secarnos, como dijo el emperador poeta.

“La idea es dar una especie de paisaje sonoro dentro de la música para que todos estos sonidos que no son música sino más bien ruidos, saquen al público de su cotidianeidad y se involucren en otra dimensión de sonidos que en estas fechas de Días de Muertos son tan especiales para nosotros”, dice la mitad del rostro de Reyes que no está pintada. La otra, ésa que dibuja una calavera, permanece callada por ahora.

De regreso en el escenario, con una audiencia inmutable, Pellicer vuelve a ser el vehículo momentáneo de la poesía. Aunque sea de jade se quiebra, / aunque sea de oro se rompe, / aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. / No para siempre en la tierra: / Sólo un poco aquí... Y los guerreros sucumben a los ritmos frenéticos de la música mestiza. Y danzan y saltan y corren y cantan y gritan e invocan al fuego.

“Las coreografías tienen su sentido en virtud de que son representaciones de la vida y la muerte. La cacería del venado, del jaguar, que son animales mitológicos, totémicos. Que son animales cargados de un gran simbolismo. Entonces las danzas representan la dualidad de la vida y la muerte y el hilo tan delgado que separa una dimensión de la otra”, dice, ahora sí, la calavera que habita el rostro de Reyes.

“Las danzas intentan involucrar al público visual y energéticamente. Finalmente lo que hacemos es un manejo de energía a través del sonido. El sonido es vibración, es energía que se siente aunque no se vea. El sonido tiene la posibilidad de resultar en un elemento evocador de fantasía, de imaginación, aparte de poseer esa sensualidad, ese ritmo y esas situaciones misteriosas o lúdicas. Y justamente en estos días de muertos todos nuestros conciertos están enmarcados en esta parábola funeraria, que no fúnebre”.

Tras varios minutos de observar en silencio y casi ajeno al ritual contemporáneo de Reyes y Nik Niuk, el público empieza a olvidar el frío de la noche y sus palmas y sus voces cobran vida en medio del recuerdo de los que no están y la consciencia de que todos vamos a ir, de un momento a otro, al lugar de los descarnados. Y la celebración continúa.

“Nosotros somos artistas que manejamos la energía y que con nuestra creatividad y nuestro trabajo nos sumamos a participar en la tradición. No para que no desaparezca porque no va a desaparecer. En los 70 y 80 había siempre la batalla entre Halloween y el Día de Muertos. Y aparecía siempre como que el Halloween iba a desbancar a una de nuestras tradiciones antiguas. Finalmente la celebración de Día de Muertos ha cobrado tal importancia que ahora es mucho más grande”.

“En principio hoy se puede notar un interés mucho mayor del que había hace 30 años en la celebración de muertos. Antes en los zócalos no había tantas calaveras y demás. Eso lleva pocos años y asegura de cierto modo que hay un público que está participando también”.

Yo Netzahualcóyotl lo pregunto: / ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? / Nada es para siempre en la tierra: / Sólo un poco aquí.

Así como los sonidos primigenios se imponen en un instante a través de los instrumentos de vientos y las percusiones, al siguiente la computadora se apodera de las ondas sonoras mientras los danzantes encienden la barrera de fuego al frente del escenario en el clímax del ritual.

“Nuestro lenguaje es poco común. No es una música que se pueda circunscribir a las fórmulas y recetas de lo comercial, de las canciones que se puedan tararear o los éxitos de la radio. Es una música catártica, repetitiva y que se involucra con el techno minimal. Nos metemos en la vanguardia de los sonidos electrónicos pero también en la raíz de la tierra y la danza”.

“Y ese mestizaje probablemente a algunas personas les puede parecer extraño y repetitivo pero finalmente el resultado es que, a pesar de todo, estás confrontando al público que va desde niños hasta adolescentes, adultos y ancianos que, sin que se den cuenta, les gusta el techno”, dice la calavera con una sonrisa.

Y el lamento del emperador poeta se repite, amplificado por un micrófono y con voz de mujer: Como una pintura / nos iremos borrando. / Como una flor, / nos iremos secando / aquí sobre la tierra.

“Para mi es necesaria la mezcla porque siempre he sido un eterno buscador de futuros inciertos y de futuros sonidos y sonoridades y los avances de la tecnología siempre me dejan perplejo. Yo quiero vivir mi época al máximo utilizando todas las herramientas que tengo a mi alcance: el internet, la computadora, lo digital”.

“Hace 20 años hacía esto con dos maquinitas que hacían un ritmito que sonaba a caja de zapatos pero era lo que yo tenía. Ahora tengo unas cosas más complejas porque la tecnología musical se ha desarrollado de manera asombrosa en los últimos 15 años. ¡Y en los últimos cinco peor! Ya son cosas como de ciencia ficción”.

“Yo nunca he sentido una sensación de mantenerme como purista o folclorista, tratando nada más estar en los tambores o en la música tradicional. Como persona de hoy en día vivo esta época y esta época es la digital”, coinciden y concluyen ambos lados del rostro de Jorge Reyes.

 
 
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