Todo es la composición de materia, la fusión de un centenar de elementos incapaces de descomponerse por medios químicos ordinarios, donde el átomo es la porción menor posible, con un centro de núcleo o protón con carga eléctrica positiva en un diámetro 20 mil veces más pequeño que el total del átomo, a su alrededor girando un electrón con carga eléctrica negativa que pesa mil 840 veces menos, a velocidad tal que sus cambios de trayectoria forman una capa contínua alrededor del protón. Así el protón central con su electrón periférico forma átomos, espacios vacíos en los que en un segundo de tiempo el electrón recorre miles de billones de kilómetros dando vueltas. La carga nuclear central de protones positivos esta equilibrada con la carga de electrón negativa que gira a su alrededor. Hay una partícula más sin carga eléctrica o neutrón con masa igual a la del protón, responsable de que los elementos tengan peso doble, cuya presencia no cambia la naturaleza química del mismo. Hay átomos “aberrantes” con más o con menos neutrones que la cifra normal, llamados isótopos. El átomo está en continuo movimiento electrónico. El número de protones le da número y peso atómico, se conocen 103, quizá 110. El giro rapidísimo de electrones dispone capas, la primera tiene dos, la segunda ocho, es fundamental que cada capa de electrones esté completa para que los cambios químicos se logren, así el número de electrones incompletos de la órbita exterior decide la naturaleza química del elemento. El átomo más simple es el hidrógeno, tiene un protón central de polaridad positiva y un electrón periférico que se mueve a su alrededor como tierra y sol. Esta descripción es el todo, objetos inanimados, plantas, animales, con ellos la tierra, el universo mismo lo forman átomos, un todo en el que el hidrógeno es el átomo uno, con peso atómico de uno, tiene solo un protón con un electrón, es el hidrógeno elemento del 90 por ciento de la materia universal. El carbono es el átomo seis, tiene seis protones y neutrones centrales, seis electrones giran en sus órbitas, dos en la primera, seis en la segunda, su peso atómico es 12 (protones–neutrones), forma parte de más de un millón compuestos orgánicos conocidos por que se combina fácilmente, con los electrones faltantes de su segunda cadena. El átomo ocho es el oxígeno, su núcleo es de ocho protones y neutrones, su peso atómico 16; forma su primera capa con dos electrones, seis en la segunda donde puede haber ocho, los dos faltantes de la segunda capa le permiten unirse fácilmente a otros elementos que pueden completarlos. Es el elemento más abundante en la corteza terrestre.
La vida se inicia cuando los átomos forman moléculas, éstas configuran células que son los ladrillos de los edificios vivientes, células como unidad elemental, distribuidas en infinitas posibilidades de función célular realizando todas las tareas de organismos vegetales y animales, con tal complejidad y eficacia que un ser humano de 50 kilos funciona con 20 millones de glóbulos rojos circulando en su sangre para transportar oxígeno inspirado en el aire, dentro de un aparatoso soporte respiratorio–circulatorio–nervioso–muscular–óseo–vascular–caja–vacio–pulmones–tubos microscópicos–acroscópicos. También el proceso digestivo: ingesta–digesta–asimilación–depuración–distribución–uso–excreta. El bombeo cardio–respiratorio con redes de distribución–colecta–excreta de nutrimentos de la sangre. La filtración renal. La función hepática de asímilación–síntesis–distribución útiles. La reproducción. El manejo cerebral de las funciones sensitivo–motoras como la visión–audicióntacto–reflejos–gusto–olfato. Ahí donde los tiempos de descanso son para no dejar de hacer. Esta es la vida, sin preguntar ¿quién la hizo, cómo, por qué, para qué?, solo vérla nacer, crecer, reproducirse. Para no quebrarse la cabeza se dice cómodamente que un dios dió la vida, la ofrece para función, aprovechamiento. Si se la quiere entender o explicar se le calificará de incrédulo, necio, comunista o ateo.
La muerte demuestra a lo vivo que el trabajo atómico, molecular, celular constante, métódico, ordenado, de su estructura vital orgánica se agota, tanto en lo constitutivo como en lo inorgánico, de tal forma que la actividad vital contínua, debe retornar a la forma de inicio sin fatiga, ni cansancio, hacer del momento vital una condición finita que permita reconocer que vivir es morir y morir volver a vivir, como dijo Amado Nervo. El agotamiento celular sucumbe ante la muerte donde reinicia la vida, de modo tal que los que no entendemos nos entristese a pesar de tenerlo presente como cierto, mantiene viva la presencia de la muerte, cobardemente simpática, valientemente aceptada, que llena los mitos respetuosos de los pueblos siempre añorados por su filosofia: Babilonia, Persia, China, Arabia, India, Grecia, Roma, Mesoamérica, las culturas andinas, hasta los ridículos gringos “halowénicos”, en los que la muerte es transcurso obligación de la vida.
La nada, el cero absoluto que almacena materia oscura concentrada unificada, al otro lado de la energía–materia conocida, es la contra–energía tridimensional, energía que al enfriarse debe partirse en “bosones” intermedios deconocidos, rompe la simetría que explica la masa, el mecanismo de los higgs donde los protones quietos move se deben estrellar libremente, para no permitir el caos, la antimateria, la nada.