Después de haber estibado las cajas de tres camiones de cinco toneladas, los primos Jicoténcal Cortés, Margarito Pérez de Zacatelco y Tránsito de Atligüecha se encuentran disfrutando de un dietético y nutritivo desayuno: tortas de tamal y champurrado.
Cual tormenta tropical los invade la presencia de la Sábila. Ella se dirige al Jicoténcal para reclamarle: ¿por qué a mí?, yo que te he dado los mejores años de mi vida, ¿por qué a mí no me preguntas?, ¿por qué tantas mujeres salen en entrevistas y yo nada? Tengo el perfil para ser candidata a diputada federal, senadora o gobernadora del estado. ¿Qué te he hecho que no te fijas en mí?, ¿qué tienen ellas que no tenga yo?
El Margarito y el Tránsito se quedan estupefactos, pasmados, turulatos, absortos, patidifusos, asustados, extrañados ante la actitud de aquella.
El Jicoténcal más calmado se queda mirándola, y cómo no va a mirarla si no puede quitarse la vista de un cromo de mujer: casi 1.70 metros de estatura –le faltan como 7 centímetros–, medidas de 85–55–85, cara ovalada con dos ojazos, cabellos ensortijados y una piel morena que apenas alcanza a cubrirse con un minivestido de color amarillo.
El pobre hombre le dice a la Sábila: Te juro que no estoy proponiendo a nadie como candidata a la secretaría general o presidencia vitalicia del Sindicato Único de Estibadores y Lambiches Organizados (SUELO).
Ella no le permite continuar y dice que le han chismeado que han salido unos papeles en donde están unas entrevistas y unas fotos de mujeres que quieren ser candidatas y por qué a ella nadie le ha dicho nada y suelta una serie de nombres: Adriana, Ana Lilia, Aurora, Blanca, Eréndira, Lorena, Maricarmen, Minerva y Rosalía.
El Jicoténcal le explica que esas personas han sido entrevistadas por los de La Jornada de Oriente, pero no se trata de la candidatura a la presidencia vitalicia del SUELO, sino que son mujeres que desde hace tiempo participan de la vida política de la entidad y que ahora han hecho público su conocimiento de los problemas de Tlaxcala.
O sea que no han sacado ningún pasquín en donde le pregunten a la gente quién quiera que los represente o quién quiera que se quede con sus cuotas, porque ahí no hay salarios como los que reciben las presidentes municipales o las diputadas locales, las diputadas federales o las senadoras.
No, a la promoción de aspirantes
¡No!, ninguno de los integrantes del sindicato ha promovido a nadie porque todavía no es tiempo de que sea elegido el secretario o secretaria general del SECOTI y por otro lado no tengo ni en que caerme muerto como para hacer un periódico, pasquín o volante en el que ponga en letras las palabras que digan los que quieran disputarse esa posición. Pero si tú quieres hacerlo con mucho gusto me designo tu representante, le dice el Jicoténcal.
Pos no estaría mal lanzarme, pero no para el sindicato, sino para presidente de la República como dicen que sucede en Argentina y Chile; o gobernadora como pasa en Yucatán y en Zacatecas, o como presidente municipal, diputada local, diputada federal o senadora como en el estado de Tlaxcala.
Un poco menos molesta la Sábila le pregunta, mientras se pasea frente a él: ¿Qué tienen ellas que no tenga yo? Porque soy mujer como cualquiera, con dudas y soluciones, con defectos y virtudes, tranquila y pacificadora, pero al mismo tiempo irreverente y revolucionaria, feliz e infeliz, realista y soñadora, sumisa por condición, más independiente por opinión, porque soy mujer, con todas las incoherencias que nacen en mí.
Ya párale Lupe inDalesio. Ya sé que eres mujer, una hermosa mujer, pero no por ser mujer se puede ser candidata a algo, primero tienes que tener el ombligo enterrado en esta tierra o haber vivido lo suficiente en ella como para que te hagan pasar por un natural u originario.
¿A poco todas las mujeres que han salido en esas entrevistas nacieron en Tlaxcala?, pregunta la Sábila.
El Jicoténcal se queda pensando y no le sabe responder, pero el Tránsito sí y dice: Adriana es local, Ana Lilia también, Aurora es foránea, Blanca es local, Eréndira es local, Lorena es local, Maricarmen es foránea, Minerva es local y Rosalía es foránea, por lo que concluye que de las nueve; seis son locales y tres son foráneas.
Lo que le hace preguntar a la Sábila: ¿Dónde y cuándo naciste?
Ella se queda pensando y le dice que nació en un hospital que está en la frontera con Puebla, cerca del municipio de San Pablo del Monte y eso fue hace como veintiquince años.
Oye, hace como diez años que estás cumpliendo 25. No te parece que es necesario sincerarse, si quieres ser candidata, le propone el Jicoténcal.
Ella se molesta y le dice que a una dama no se le pregunta la edad, que es una falta de respeto.
¿Cuáles serían los ideales o proyectos por los que lucharías’?, le pregunta el Jicoténcal Cortés.
Ella lo queda viendo con cara de estupefacta y le responde: ¿Qué no se trata de luchar por mí? ¿De tener salarios como esos de 150 mil pesos mensuales? Si se trata de luchar por los otros que se rasquen con sus uñas, yo quiero ser candidata porque ya me cansé de trabajar. Es mucha la chinga que se lleva uno vendiendo gorditas para sacar apenas para ir sobreviviendo. Yo ya quiero vivir bien y si para eso hay que sacrificarse por el pueblo, pues qué mejor.
Mujeres preparadas
¿Qué escolaridad tienes?, le pregunta el Jicoténcal a la Sábila.
¿Escolaridad de escuela? Pos estudié cuando era chiquita y me mandaban al catecismo, luego hice la primaria, pero no la pude terminar porque me salí de mi casa. Pero he estudiado mucho en la escuela de la vida, dice ella.
Él le explica que se refiere a si fue a la universidad y terminó una carrera. Mira, Sábila, todas las que dices que entrevistaron son universitarias: Adriana es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano; Ana Lilia es licenciada en Derecho por la UAT; Aurora es licenciada en Economía por el Tec de Monterrey; Blanca es Ingeniera Química y Enfermera por la UAT; Eréndira es licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UAT; Lorena es licenciada en Educación Especial por la UAT; Maricarmen es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, Minerva es licenciada en Administración y contadora por la UAT y Rosalía es licenciada en Sociología por la UNAM.
El Margarito resume: cinco de las nueve son egresadas de la UAT, dos de la UNAM, una de la UDA y una del Tec. Eso quiere decir que tienes que ir a la UAT, aunque sea nomás a las fiestas en las que dan muchas chelas y rifan computadoras.
No será posible inventarse la carrera como hacen algunas, propone la Sábila.
No se puede mujer, le responde el Jicoténcal, mirándola con ternura.
Lo que pasa es que no me quieres ayudar y se pone a llorar. Pero viendo que sus lágrimas no hacen mella, le grita muy enojada: No has querido que yo destaque, porque de seguro te vas a sentir menos. Ya que vivimos en una sociedad machista en la que los machos no quieren que las mujeres muestren que saben hacer las cosas mejor que los hombres, por eso te niegas a que sea entrevistada y lance mi candidatura.
El pobre del Jicoténcal no sabe qué hacer para que desista del sueño de brincar como chapulín y decir aquí estoy y con eso ser representante popular. Aunque no deja de reconocer que esa mujer se ha vuelto muy popular en el tianguis, por la ropa que trae.
Ya que cuando no anda con chiquifalda, lo hace con minivestidos o con ropajes esotéricos que no tiene nada que ver con el trabajo que ella desempeña.