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Lunes, 3 de noviembre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Economía
 
 

Hay desesperanza en Calipan por el cierre del Ingenio azucarero

 
SAID DAVID

La comunidad de Calipan, en el valle de Tehuacán, recibe al visitante con un bosque de cactáceas que rodea las montañas aledañas. Igual de espinosos son algunos funcionarios locales que miran con desconfianza a los forasteros. “Es tierra de brujos”, dice un policía que porta un rosario en el cuello que le llega al ombligo. “Catemaco está aquí cerca”.

Los pobladores dicen que Calipan, cuyo nombre significa “En el lugar de la casa en lo alto”, atrae a la gente con un solo sorbo de agua. “Ha venido gente de fuera, toman el agua y se quedan; ponen su casa, buscan trabajo y hasta se mueren aquí. Es el agua”, dice una mujer mayor.

Prevalece por encima del pueblo una chimenea blanca que se eleva varios metros en el aire. En ella se puede leer “Calipan, 1921”. “El Ingenio ya estaba cuando yo era niña”, relata una productora de caña que cumplirá 80 años el próximo febrero. Desde hace más de un mes, los preocupados habitantes de Calipan no han visto salir humo de la chimenea que caracteriza a la comunidad. El dueño del Ingenio ha decidido cerrarlo por no ser rentable.

“Si el Ingenio cierra, perdemos dos años de siembra”, se lamenta un hombre alto de piel curtida. “¿Qué voy a comer? ¿Qué va a comer mi familia?”

La productora octogenaria señala un solitario local ambulante de flores instalado en la plaza principal de la comunidad, “mire las flores, hay muchas en el puesto. En otros años no ve usted una”.

“No hay venta”, se lamenta la vendedora de flores frente al silencioso ingenio azucarero, rodeada de montones amarillos y escarlatas de cempazúchitl y “mocos de pavo”. “Es que no hay dinero”.

Todos los productores conocen el nombre del hombre que ha decidido paralizar la economía de la región: Francisco García Gonzáles, dueño del Ingenio. Sin embargo, al preguntarles, ninguno lo ha visto o hablado con él nunca. “Quién sabe por dónde ande el dueño. Volando bajo por ahí”, explica un vigilante tras las rejas encadenadas de la fábrica.

El de Calipan es uno de los muchos Ingenios azucareros en el país que marchan hacia la ruina; se encuentran obsoletos, sin modernización y debiendo en suma cerca de 160 millones de pesos.

La zafra y la molienda de la caña deben realizarse en noviembre. Sin embargo, los productores de esta región no pueden llevar a cabo su labor sin la seguridad de que les paguen los 10 mil pesos por hectárea que les deben contractualmente. En suma, el Ingenio de Calipan adeuda cerca de 160 millones de pesos. 228 mil toneladas de caña se echarán a perder en sus parcelas este año.

Es día de muertos. La gente de la región está en los cementerios pasando el día con sus difuntos. Sin embargo, los productores de caña de Calipan prefieren reunirse en la plaza principal del pueblo, a unos metros del ingenio azucarero, que permanece inerte, como un corazón que ha dejado de latir y pronto traerá la muerte al cuerpo que lo lleva dentro.

Los cañeros pertenecen a dos sindicatos diferentes, la Confederación Nacional Campesina y la Confederación Nacional de Productores Rurales. Desde hace meses hay rivalidades entre ambos gremios. Sin embargo, ante el cierre inminente del Ingenio azucarero que mantiene a 2 mil familias en la región, han dejado sus diferencias a un lado para luchar juntos por su supervivencia.

Los cañeros, hombres y mujeres, casi todos personas de edad avanzada, resienten las acciones del representante ejidal Moisés Hebreo, quien, según ellos, excedió sus facultades al negociar a nombre de los productores con el dueño del ingenio y el gobierno, siendo ésta una responsabilidad de los representantes sindicales. Hoy esperaban su presencia en la plaza para discutir con los campesinos cuál será su destino próximo. Sin embargo, Hebreo no se ha aparecido. “El señor Moisés está en el panteón atendiendo a los muertos. Debería estar aquí atendiendo a los vivos, que los vivos tienen hambre”, se queja una productora.

“Nuestros niños tienen que marchar el 20 de noviembre para celebrar la Revolución”, dice un grupo de campesinos. “Ni siquiera tienen zapatos para marchar. Se supone que con la revolución se ganó, pero aquí sólo hemos perdido”.

Los productores no pueden esperar más a sus representantes. Acuerdan convocar a una reunión de carácter urgente para decidir por sí mismos las acciones que seguirán. “Esta semana se puede poner más feo”, advierte un productor de caña, antes de partir para contratar un carro de sonido, mientras mujeres con ramos de flores pasan frente al Ingenio inactivo con rumbo al cementerio.

 
 
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