El sociólogo francés Alain Touraine advirtió que en 10 años México podría “perderlo todo” si no se construye un sistema político donde se dé voz a las minorías y se respeten los movimientos sociales como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Al concluir el Foro “Interioridad, Subjetivación y Conflictividad Social de la Cátedra Alain Touraine 2008”, que imparte anualmente la Universidad Iberoamericana de Puebla, en una breve entrevista con este diario, el también director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París consideró que es urgente la creación de un partido de oposición que se contraponga a los intereses de los Partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, que juntos conforman una mayoría en el Congreso de la Unión y se apropian del poder.
“Es fundamental para México, un país que tiene grandes posibilidades y que puede perderlas todas en menos de 10 años, la creación de un sistema político a través de un partido de oposición que respete los movimientos sociales, tipo Marcos, Oaxaca, muchos otros, y que permita actuar a la gente que no puede expresarse a ser escuchado”, manifestó.
Indicó que si bien será difícil la construcción del sistema político mexicano, pues desde que el PRI fue expulsado del poder no se ha podido establecer un sistema de “mayoría–minoría” política, como funciona en otros países, un proyecto alternativo como el que encabeza Andrés Manuel López Obrador podría organizar a las minorías para que en algún momento se conviertan en mayorías.
En esta misma tónica, Pedro Trigo, miembro del Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús en Venezuela, en la última ponencia del foro, titulada “Interioridad, Intersubjetividad y Resistencia Activa”, resaltó que en la conformación de un sistema político, también es importante que se permita la participación de los grupos étnicos en los diferentes tipos de poder, sin obligarlos a occidentalizarse.
“La novedad actual consiste en que un número creciente de gente de etnia quiere participan en el poder, sin dejar su propia cultura; eso significa que América Latina siga siendo latina, pero que no sea sólo latina, sino que también, a nivel de símbolos e instituciones, sea indígena, afrolatinoamericana, campesina y suburbana”.
Explicó que desde hace décadas las personas de grupos indígenas han participado en la política, pero para estar dentro han tenido que renunciar a su cultura para hacer como suya la occidental.
Benito Juárez es un claro ejemplo de ello, dijo, pues cuando fue presidente de México no se presentó como un indígena, sino que adoptó una vestimenta occidental para asumir el cargo.
América Latina, indicó, tiene que trabajar por la construcción de un nuevo sistema que asuma la pluralidad de las culturas y donde la participación de los indígenas, campesinos y la población suburbana sea permanente.