Si se pudiera calificar la impopularidad de los alcaldes del estado de Puebla, quien ganaría sin mucha dificultad es el edil de Chignahuapan, Luis Ángel Carrasco Gasca, quien tiene en su contra no solamente al grueso de la población –que lo acusa de no hacer nada–, sino a la mayor parte de los regidores, a los trabajadores del ayuntamiento y a muchos de los funcionarios de primer nivel de la Comuna. En general, se le considera que es un hombre que literalmente gobierna solo, que no tiene asesores, no escucha a nadie y la gente de su partido, el PRI, ya anda buscando como destituirlo.
Carrasco Gasca es un político de apenas 32 años de edad, que empezó a escalar en su carrera política a partir de que fue secretario particular de Juan Manuel Vega Rayet, cuando éste fue presidente estatal del PRI. Luego de ello creó una organización de jóvenes priistas que desplazó a uno de los grupos políticos tradicionales de Chignahuapan, el cual es encabezado por José Lorenzo Rivera Sosa, quien actualmente es diputado local por Tetela de Ocampo. Mediante el uso de un discurso fresco y en contra de los caciques, consiguió convertirse en presidente municipal.
Una vez que llegó al cargo de edil se subió a un ladrillo y se mareó. El único proyecto que ha concretado es declarar el “Día nacional de Capulina”, debido a que el actor que da vida a ese personaje del cine simplón nació en Chignahuapan. Luego de ello no ha hecho obra pública. Los pocos trabajos emprendidos, que por cierto están todos atrasados, son la pavimentación de unas calles y la construcción de accesos a caminos. Tampoco ha mejorado los servicios públicos ni mejorado la atención en la alcaldía. En resumen, no ha hecho nada.
A ocho meses de haber iniciado la gestión la gente ve que pasa el tiempo y el ayuntamiento no se distingue por hacer algo en beneficio de la comunidad. Lo único por lo cual ha destacado el edil son por las constantes quejas de los trabajadores de la Comuna por malos tratos y por un hecho que permitió a Luis Ángel Carrasco ser conocido en la ciudad de Puebla.
Hace unas semanas Carrasco Gasca fue arrestado por la Policía Municipal por escandalizar en un antro de la ciudad de Puebla, en el que portaba una pistola y un cheque por 16 millones de pesos, destinados a la construcción de un hospital, que horas antes le habían entregado en la Secretaría de Desarrollo Social.
El edil de Chignahuapan es la fecha que no admite que ese episodio fue un error y se ha vuelto un hombre paranoico, pues considera que todas las críticas negativas en su contra las genera su grupo rival –dentro del PRI– que encabeza el diputado José Lorenzo Rivera y su hermano Saúl.
Como parte de ese delirio de persecución ya despidió –en diferentes momentos– al director de Seguridad Pública, a un juez calificador, a una secretaria que se llama Karen y a otro funcionario del gobierno local. A todos ellos los obligaron a firmar su renuncia, para aparentar que se fueron voluntariamente, pero en realidad lo echó el edil por considerar que le filtraban información al legislador Rivera Sosa.
Lo peor es que cuando los agraviados lo buscaron para solicitarle una explicación de por qué los despedía, el presidente siempre fingió que no sabía de qué le hablaban y por tanto, no les justificó su salida.
Una de las primeras medidas que tomó al alcalde al asumir el cargo fue anunciar políticas de austeridad en la Comuna. Esa encomienda se la dio a Eloisa Barrios, quien es la Tesorera.
Esta funcionaria se caracteriza por ser prepotente en el trato con el personal y restringir los vales de gasolina a los funcionarios de las áreas de obra pública y desarrollo rural, sin importar que sean quienes más deben de viajar y que por falta de combustible en ocasiones se quedan sin laborar.
Además, estableció que habría descuentos salariales para aquellos funcionarios que teniendo a su cargo vehículos oficiales los usaran para atender asuntos de su vida personal, como es trasladarse del trabajo a su casa.
Lo contradictorio de esta medida, es que Eloisa Barrios de lunes a viernes lleva a su hijo a la escuela en una camioneta propiedad del ayuntamiento, la cual es manejada por un chofer que cobra en la nómina del municipio y que utiliza vales de gasolina de la Comuna. Y por ese comportamiento nadie le descuenta parte de su salario a la tesorera.
A los trabajadores del ayuntamiento, como parte de las políticas de austeridad, les brindan servicios médicos, pero no para sus familias. Y a algunos empleados les han negado el pago de medicamentos en casos de enfermedad.
Luis Ángel Carrasco Gasca es un hombre que no escucha a la gente, no tiene asesores, hablan mal de él la mayoría de los funcionarios y a los regidores del PRI les tiene que rogar para que aprueben los asuntos que somete al Cabildo, ya que los representantes sociales ven al gobierno de Chignahuapan sin rumbo y también son victimas del mal trato por parte del edil.
Frente a ese escenario, se sabe que el grupo del diputado José Lorenzo Rivera Sosa no ha generado los ataques contra el gobierno municipal, pero si está aglutinando a la gente inconforme con el presidente municipal. Se cree que si el malestar crece, los agraviados podrían buscar la destitución del edil.
La semana pasada alguien de manera anónima abrió un blog titulado maliciosamente “la rata de Chignahuapan” y ahí se advierte, que en breve se conocerán una larga lista de supuestas anomalías que se cometieron con fondos del ramo 33. Se dice que a un grupo de constructores se les pagó de manera adelantada contratos de obras públicas inexistentes. ¿Será?
Más allá de lo anecdótico, surgen las preguntas: ¿Quién controla a los alcaldes priistas?, ¿quién les marca lo límites?, ¿quién vigila que sus gestiones pasen sin pena ni gloria?
Se supone que ese trabajo debería de ser del secretario de Gobernación, Mario Montero Serrano, pero es claro que eso no está pasando.