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Martes, 28 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 EDITORIAL 

La insensatez de los diputados

 

En Tlaxcala, a pesar de que la democracia representativa ha recorrido un largo tramo todavía no logra convertir al Estado en un sistema de pesos y contrapesos que sirvan a la sociedad y al ciudadano.

Es muy fácilmente observable el peso que en lo político y en lo económico tiene uno de los tres poderes, mientras los otros dos se asumen como ejecutores de las acciones que realiza el primero.

El Congreso local, que en teoría representa las expresiones de la ciudadanía, debería alimentar el trabajo del consenso en la construcción o reconstrucción del andamiaje institucional que norma la convivencia.

Los diputados locales tienen muy poca idea de su tarea y prevalece en ellos la visión de que están ahí para servir al poder y no representan el poder de la sociedad. Por ello es común que aprueben leyes sin conocerlas.

El marco legal que se ha gestado como producto de la reforma de Estado, está plagado de errores que una y otra vez tienen que corregirse, porque los legisladores no conocieron, analizaron o consideraron las consecuencias de sus actos.

A los representantes populares no les parece importante la labor legislativa, están ahí para obedecer a un poder: el gobierno, el partido o el grupo, pero no a los ciudadanos, de ahí que se dan cuenta de sus torpezas hasta que las leyes son publicadas.

A quienes representan la voluntad popular no les importa la ciudadanía, de ahí que resulte necesario crear una instancia independiente que analice y publicite las consecuencias de lo que el Congreso pretende aprobar, a fin de que no tenga que taparse el pozo una vez ahogado el niño.

 
 
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