Así como hay diputados que se dedican al “turismo legislativo”, ya que siempre están viajando, también hay servidores públicos en el Poder Judicial de Puebla que son conocidos como “funcionarios turistas”. Tal es el caso de María Elena Torres Machorro, la directora del Centro de Mediación del Tribunal Superior de Justicia, quien se caracteriza por su ausentismo, su prepotencia y porque solapa actos de corrupción.
Esta mujer le gusta autodenominarse “La princesa del PRI” y se siente intocable, a tal grado que ni el presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), León Dumit Espinal, la puede llamar la atención. Ese aire de superioridad se debe a que María Elena Torres Machorro es la cónyuge de Jaime Alcántara Silva, el secretario particular de la líder nacional del PRI, Beatriz Paredes.
Tal parece que en realidad León Dumit no se atreve a hacer nada contra la esposa del funcionario priista, ya que no se ha hecho caso a las quejas que han llegado al tribunal contra Torres Machorro, o de plano desconoce los señalamientos dirigidos hacia la funcionaria. Por ejemplo, ¿Sabrá el presidente del Poder Legislativo que en el Centro de Mediación hay trabajadores que no cobran el 100 por ciento de sus salarios?
Se dice que un grupo de trabajadoras de intendencia, junto con un chofer y por lo menos un par de secretarias, de manera atípica, tienen salarios muy elevados comparados con lo que normalmente cobran los empleados dedicados a esos oficios. Eso no es lo grave, pues en tiempo de crisis a nadie daña que alguien tenga un buen ingreso económico, sino lo irregular es que a esas personas las obligan a entregar una parte de sus quincenas a un funcionario.
Algunas versiones indican que estos trabajadores tienen que entregar hasta la mitad de sus quincenas. Si no acceden son despedidos. Y obviamente los involucrados no quieren hablar por temor de perder sus empleos. ¿Cómo puede pasar algo así en donde se supone que se imparte justicia? Pues pasa desde hace mucho tiempo en las oficinas que controla “La princesa del PRI”.
Si hoy o mañana alguien va a buscar a María Elena Torres Machorro no la va a encontrar. Se fue a Yucatán. En esta ocasión tiene una coartada, ya que fue a un congreso, aunque ella no debería ir a esos actos, ya que son cursos de capacitación para abogados mediadores. Pero en este mes se ausentó una semana porque se fue de visita a Estados Unidos.
Quienes la conocen calculan que este año la directora ha estado ausente más o menos un tiempo equivalente a cuatro o cinco semanas, independientemente de los días festivos y periodos vacacionales.
Siempre se va a todos los cursos y congresos que existen, aunque aún así no se justifica todas sus faltas, ya que a lo mucho hay tres eventos de esa naturaleza al año. Lo peor no acaba ahí. Los días en que Torres Machorro si está trabajando, nunca se le encuentra entes de las 11 de la mañana. Siempre argumenta que tiene desayunos muy importantes que atender, los cuales le son encomendados por el presidente del Tribunal Superior de Justicia ¿Será cierto?
Algunos usuarios y abogados que laboran en el Centro de Mediación prefieren que la directora no se presente, ya que las oficinas de esta dependencia del Tribunal Superior de Justicia se ubican en una casona de la 8 A Sur 2913, la cual es estrecha, razón por la cual él área de estacionamiento se acondicionó para que sea el área jurídica. Muchas veces la gente tiene que recoger sus cosas o hacerse un lado, además de empujarse, porque en esa zona del inmueble Torres Machorro guarda su auto deportivo modelo Mustang o su camioneta Suburban. Sin importarle que ahí sea una oficina y las molestias que causa. Se nota que la funcionaria es “princesa”, porque toda la gente de la realeza brilla por su frivolidad e insensibilidad.
Quien suple a María Elena Torres Machorro en sus prolongadas ausencias es Claudia Flores Zapata, la subdirectora del Centro de Mediación. El problema de esta subalterna es que es compradora compulsiva, continuamente atiende a vendedores de ropa, zapatos, cosméticos, perfumes, bolsas de mano y comida. Le gusta tardarse horas considerando la mercancía que le llevan y cuando eso ocurre, no atiende a nadie.
Mucha gente que se presenta a procesos de mediación y quiere hablar con los directivos del TSJ, o que necesitan copias certificadas, deben esperar horas a que Claudia Flores Zapata se decida qué va a comprar o acabe de examinar la mercancía que le ofrecen. Yo creo que esta mujer también se siente de la realeza y por eso los seres comunes y corrientes deben esperar horas a que la funcionaria tome decisiones sobre su arreglo personal.
Los aires de superioridad se notaron a principios de este año, pues 15 días después de que Guillermo Pacheco Pulido rindió su último informe de labores como presidente del TSJ, acto que fue la antesala de su jubilación, María Elena Torres Machorro rentó un salón del Centro de Convenciones y también rindió su informe de actividades.
¿Qué raro tiene eso? Pues que nunca un director del Centro de Mediación había rendido un informe y mucho menos en un acto público, ya que se supone que es un subordinado del presidente del Poder Judicial y cuando éste último da su informe de labores, incluye el área de mediación.
Esa actitud de Torres Machorro fue vista por algunos integrantes del Poder Judicial como un acto de insubordinación, pero no se aplicó una sanción severa. Se dice que únicamente hubo una retención temporal de una parte del presupuesto del Centro de Mediación, situación que la sufrieron un grupo de abogados, de reciente contratación, quienes no cobraron durante seis meses.
Una de las magistradas que debería poner orden en el Centro de Mediación es Elba Rojas Brucheta, pero no hace nada por una razón de peso:
Un par de consentidos de Torres Machorro es un hijo de la magistrada y su nuera. Ambos son abogados mediadores.