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Lunes, 27 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 DEL HECHO AL DICHO  

Los viajes estudiantiles

 
Manuel de Santiago

Los viajes estudiantiles, desde su aparición en el México urbano y contemporáneo, establecieron el propósito manifiesto de ser un premio por el desempeño escolar de los estudiantes y, al mismo tiempo, un recurso pedagógico para mostrarles de manera directa –in situ– la riqueza cultural de nuestro país y otros objetivos de semejante naturaleza.

Las “excursiones” tienen diversos destinos. Por mencionar algunos de ellos, se encuentran paisajes naturales, zonas arqueológicas, monumentos coloniales, museos, conciertos, exposiciones, actividades artísticas diversas, etcétera. Los métodos de estos viajes, en la mayoría de los casos, consisten en ilustrar a los escuincles sobre diversos tópicos mediante el desarrollo de los propios viajes y las visitas a los sitios elegidos.

Los organizadores “naturales” de estos periplos recreativos y culturales han sido las propias escuelas –los directivos, los profesores y aun los alumnos–, con la anuencia y subvención de los padres de los chamacos. A estas excursiones, que pretenden cumplir con los objetivos expuestos líneas arriba, se agrega la intención de fomentar la convivencia entre los chamacos y su consecuente integración al grupo.

Así, se organizan viajes que en ocasiones llegan a constituir actividades habituales de los colegios. Este es el caso de los viajes estudiantiles al famoso Festival Cervantino, que tiene lugar en la ciudad de Guanajuato y que año con año recibe la visita de miles de personas entre las que se encuentran grupos organizados de estudiantes.

El asunto sería muy bonito si no hubiera algún “pelo en la sopa”, alguna uña y hasta alguna que otra excreción nasal. ¿A qué cosa me estoy refiriendo? Pues a lo que sucede cuando se pervierten los objetivos originales por sujetos inescrupulosos que actúan dentro de las escuelas como profesores y que, probablemente, cuentan con la complicidad de algún funcionario que facilita la justificación de la inasistencia a las clases de los días en que se lleva a cabo la excursión; además de la connivencia con “el organizador” para que utilice las instalaciones de la escuela para cobros e instrucciones, etc.

Así, el objetivo de las excursiones se trastoca, pues se convierte en la intención exclusiva de obtener dinero para quienes organizan los viajes, sin importarles para nada los alumnos. Estos viajes se han convertido en el escape de muchos adolescentes que se dedican a “chupar” y a fornicar sin medida, sin que se les garantice los boletos para las actividades culturales que se desarrollan en el Festival y no sean siquiera orientados. Es más, los “profesores” se desentienden de los muchachos y solapan sus conductas con tal de mostrarse ante ellos como los “buena onda” y seguir manteniendo la clientela.

Algunos padres de familia confían o disimulan su responsabilidad, ya que el viaje parece “oficial” y así conviene creerlo. Puestos todos a fingir, los viajes así realizados seguirán haciéndose hasta que ocurra una verdadera tragedia que no sea el perder alguna virginidad o agarrar algún “pedo” monumental (reversible), sino algo mayor, producto directo del descuido y de la irresponsabilidad que aumentan los riesgos siempre existentes en cualquier viaje.

La ciudad atípicamente colonial de Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino, puede ser el objetivo de una excursión a largo plazo, pero mientras tanto, por qué no fomentar aquí, en la ciudad de Puebla, el gusto, el interés por esta clase de actividades culturales promoviendo la asistencia a las actividades que durante todo el año organizan la Secretaría de Cultura del gobierno del estado, el Instituto Municipal de Arte y Cultura, las principales universidades de la ciudad, el Centro Cultural Siglo XXI y muchos grupos artísticos independientes que continuamente realizan su trabajo en diversos foros poblanos. Un argumento importante en favor de esta propuesta es que el costo es muy bajo en la mayoría de los casos.

Y como dijo don Miguel de Cervantes, en boca de don Quijote: “–¡Tente, ladrón, malandrín, follón! que aquí te tengo y no te ha de valer tu cimitarra.”

 
 
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