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Lunes, 27 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Educación
 
 

El testimonio de un preso político oriundo de Tehuacán levanta el ánimo de la disidencia de la sección 23

 
JAVIER PUGA MARTÍNEZ

Los más de 400 profesores que ayer llenaron el auditorio de la sección 23 del SNTE enmudecieron cuando escucharon decir a uno de los integrantes del Consejo Democrático Magisterial Poblano, oriundo de la región de Tehuacán, que pasó meses en el Reclusorio Oriente de la ciudad de México por el único delito de estar dentro de la lucha por darle mejores condiciones laborales a los maestros de Puebla, esto hace más de 10 años.

Pero los que más guardaron silencio fueron aquellos que expresaron sus dudas de que el actual movimiento tuviera buenos resultados, ya que desconocieron beneficio alguno tras una semana de tener tomadas las instalaciones del sindicato, de mal comer, mal dormir y abandonar por largos ratos a la familia.

“Los movimientos sociales no tienen fecha para terminar”, fue la respuesta del profesor tehuacanense, quien les recordó a sus compañeros que la lucha es por la democratización del SNTE, por erradicar esos vicios y corruptelas que la misma dirigencia del sindicato fomentó por décadas. Y eso no se puede acabar de un día para otro.

“Se nos está despojando de seguridad social, se nos quiere obligar a firmar contratos individuales y dejar de lado al sindicato, porque son negocios de los charros de Elba Esther. Sabemos cuánto nos duele eso, pero no tenemos miedo. Saliendo de aquí, cualquiera puede caerse y morirse, ¿por qué no mejor morir buscando la dignidad? Queremos mucho a nuestros hijos, ¿por qué no mejor les aseguramos su futuro?”, arengó el profesor, y muchos lo comprendieron: entonces arrancaron en aplausos y se pusieron de pie.

Las mujeres, incluso hasta quien había dudado del avance del movimiento, todas al unísono empezaron a corear porras exigiendo la salida de Elba Esther Gordillo, una tras otra; sacaron su talonario de pago para demostrar a sus detractores que son poblanos y comenzaron a cantar el himno al estado de Puebla. Los demás las secundaron.

Los profesores parecieron comprender por qué dormir a la intemperie, en cobijas, en casas de campaña, en el suelo. Supieron la razón de estar alejados de su familia y hacer de la “vitamina T” (tacos, tortas, tamales) del agua, los refrescos y los jugos su principal fuente de nutrición. No importó llevar a los hijos a terminar la tarea al campamento en que se ha convertido el SNTE 23, con tal de que ellos vieran cómo se gana un derecho laboral.

 

“Tapando con parches los resultados de Enlace”

“Pregúntele a quién quiera, pero le aseguro que no hay un solo maestro que no esté endrogado. Y todos estamos aquí en la lucha; aquí seguimos. Quizá ahora no lo comprenden, pero un día los padres de familia hasta nos lo van a agradecer”, afirma un profesor de la región de Libres.

–¿Pero por qué no al Acuerdo para la Calidad Educativa–, se le preguntó a ese mismo profesor. “El acuerdo obliga a que nos capacitemos y eso está muy bien, pero quieren que lo hagamos con nuestros propios recursos cuando saben bien que nuestro sueldo es bajo. La SEP del estado nos obliga a tomar unos diplomados pero impartidos por nosotros mismos; tres días antes llegan los textos, te piden que los estudies y que luego les des clases por seis meses a tus propios compañeros, sobre todo a los que salieron mal en la prueba Enlace, eso es tapar los resultados con parches”.

El profesor reconoce que, en efecto, algunos de sus compañeros compraron un plaza de profesor, “pero fue el propio sistema educativo quien fomentó eso y se volvió costumbre”, por lo tanto, no tienen la culpa y el Estado debe invertir en más capacitación para quienes están frente a grupo, pero no privatizando la educación.

“En otros países, quienes deciden formarse para docentes cumplen con un perfil académico y pasan duros exámenes; aquí, cualquiera puede se profesor. ¿Por qué la Alianza sólo está diseñada para la educación pública y no la privada?”, preguntó el docente, pero sabe que algo es seguro: va a pasar mucho tiempo antes de saber una respuesta.

 
 
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