Atlixco– Las recientes acusaciones públicas de ex obreros de las ex fábricas textiles de Metepec, El León y Los Molinos, que señalan a personas ligadas con la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) de Atlixco de cometer presuntos fraudes con los bienes inmuebles y con el dinero obtenido por la venta de algunos de estos edificios, propiedad aparente de los viejos corporativistas, abren brecha para varias preguntas: “¿cuál es el legado y comportamiento actual de los líderes de esa central en torno a ese tema?; ¿saldó la CROM de manera honesta y leal sus cuentas finales con quienes la encumbraron décadas atrás?”.
Las respuestas a esas preguntas, lanzadas ambas durante una entrevista con La Jornada de Oriente por parte de un grupo de viejos ex trabajadores, remiten a una cuestión: “al final de la vida fructífera de la CROM, y para el caso específico de nuestros compañeros de Metepec, el trabajo y el esfuerzo de cientos de nosotros, traducido en la compra o construcción de muchos edificios, quedó en manos de pocos altos mandos de esa corporación; e incluso de hijos de ex líderes que tenían la tarea de administrar o conservar ese patrimonio”.
–¿Y qué pasó? –insistimos con Leonel.
–Muchos decidieron apropiárselos o venderlos para quedarse con el dinero sin el menor rubor. Alguien, un viejo jerarca de la CROM, alcanzó a decirnos, en cuanto estuvimos al tanto de esto, que no debería sorprendernos porque así fueron manejadas y tomadas muchas de las decisiones dentro de la CROM.
–¿De qué manera?
–De manera unilateral, autoritaria y caciquil –reviró.
–Hablamos de Metepec, pero también está el caso de La Concha, El Volcán, La Carolina y hasta El Carmen –apuntó el reportero.
–Todos cortados con la misma tijera, y todos son secuela del sindicalismo. Las formas de la CROM, más bien de sus cabecillas, al final no tenían porque cambiar, ¿o si? –admitió.
Hace dos semanas, Marina Tello Moreno, presidente de los ex obreros de las ex fábricas de Metepec, El León y Los Molinos, junto con un grupo de afiliados, acudió a palacio municipal para pedir ayuda a las autoridades en su lucha por recuperar los bienes que aseguran son propiedad de los ex corporativistas.
Entrevistada antes de ofrecer una rueda de prensa, Tello Moreno apuntó que los únicos dueños de esas propiedades son los viejos que hoy acumulan entre los 65 y los 80 años. “La batalla es contra una persona llamada Onésimo Castillo, ligado a la CROM, quien hasta la fecha es el apoderado de los edificios. Hablamos de 32 inmuebles, entre ellos el cine nacional, el campo deportivo, los juegos infantiles, la plaza de toros, el sindicato nuevo y viejo, el llamado jacalón, la terminal de los camiones, el mercado, el rastro y la cooperativa, todos ubicados en la junta auxiliar de Metepec”.
La presidente culpó a uno de los grupos de ex obreros de estar coludidos con Onésimo Castillo y con Leovigildo Jiménez, actual secretario general de la CROM en Atlixco. “Nosotros no estamos para quitar cosas a nadie. Estamos para pelear y recuperar los bienes inmuebles de los ex obreros”. Marina Tello adelantó que ya está en proceso un acta para revocar los poderes al actual poseedor de los edificios. “Aunque al mismo tiempo lamento que muchos de ustedes, de forma muy curiosa, comenzaron a colocar piedras en el camino”.
El trabajo de investigación describe que paradójicamente las implicaciones de la desaparición de las fábricas en Atlixco serían el desempleo y la evolución del municipio. “La falta de trabajo desembocaría en descontento y el cambio de actitud económica en creciente modernización. A pesar de esto, se llevaron a cabo estrategias, como la cooperativización de la fábrica de Metepec, la afiliación de taxistas y locatarios del mercado a la CROM y el combate del desempleo mediante trabajos en obra pública, que permitieron que el sistema caciquil sobreviviera”, asumió.
“Camarillo Ochoa contaría con un poder de negociación menor al de su antecesor, con menor capacidad de repartir y de invertir en beneficios materiales debido a la pérdida de afiliados al sindicato; aunque preservaría la habilidad de organizar y unificar a la comunidad, de movilizar gente y hasta de usar la violencia”.
Así entonces, explicó la hipótesis: “en Atlixco, la modernidad en términos educativos y el crecimiento de la población urbana, que trajo consigo la industrialización y la posterior expansión de la economía y la adhesión, al orden democrático que en su conjunto favorecieron el crecimiento de las oposiciones”.