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Lunes, 27 de octubre de 2008
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2008, AÑO DE LA COMPUTACIÓN
50 AÑOS EN MÉXICO
 

¿Qué dirán de mí? Minería de opiniones

 
Aurelio López López*

Esta interrogante que con frecuencia suele aquejarnos, principalmente en nuestros años juveniles cuando se consolida nuestra autoestima, entraña complicaciones que están siendo exploradas en las Ciencias Computacionales. En particular si nuestras fuentes de información, más que en los dichos de la gente, se encuentran en editoriales, revisiones, artículos de opinión o más recientemente, páginas web o blogs, lo que nos permite contar con las opiniones expresadas por escrito. Estos textos son la base de nuestro análisis.

Lo primero que hay que discriminar en el contenido de los textos es la información objetiva (que si vestía de negro o que el color de mi cabello es café) de la subjetiva, es decir, aquello que expresa un sentimiento, creencia personal o juicio de la persona que emite la opinión. Este proceso inicial de clasificación es relativamente simple porque está en buena medida guiado por los adjetivos que aparecen en las opiniones. Así, hay adjetivos con una fuerte carga positiva, por ejemplo, simpático, parlanchín o inteligente, o por el contrario con fuerte carga negativa, como pueden ser ignorante, pesado, aburrido o deshonesto. De esta forma, el encontrar uno o varios adjetivos en las frases bajo consideración nos puede indicar que se están emitiendo opiniones. Aunque la solución no es tan inmediata, dado que algunas veces encontramos frases más elaboradas también expresando opiniones, y de las cuales en México tenemos varias, tales como “es un corre ve y dile”, o “es un cuentachiles”.

Si ya pudimos separar lo objetivo de lo subjetivo, suponemos que nuestro interés será de la percepción que la gente tiene de nosotros, más que lo que es evidente, por lo que sólo nos quedaríamos con lo subjetivo.

La siguiente tarea que tenemos que encarar es determinar que la opinión es concerniente al sujeto de interés (persona o producto). Este problema tiene que ver con la estructura del lenguaje e involucra el uso de analizadores sintácticos (parsers en inglés), programas que trabajan en la estructura del lenguaje y cuya salida permite identificar los sujetos u objetos sobre los que recae la acción expresada en los verbos.

Así, ya separado lo que tiene que ver más con una opinión subjetiva sobre el sujeto en cuestión, lo siguiente es determinar si las opiniones que se emiten son favorables (positivas) o desfavorables (negativas). Aunque en primera instancia, los adjetivos que nos sirvieron para saber si un fragmento de texto era subjetivo, también nos pueden servir para determinar si una opinión es favorable o desfavorable por su carga antes mencionada, la situación no es tan simple. Aquí se presentan fenómenos lingüísticos que complican la situación tales como la negación (“no se mostró tan inteligente”) o el sarcasmo (“es un bueno para nada”).

Algunas veces sólo interesa alguna de estas clases (positivo o negativo), aunque tenerlas en conjunto permite ver el panorama y saber si el balance de lo que las personas piensan es favorable o desfavorable.

Se ha desarrollado toda una teoría para entender a detalle las opiniones llamada teoría de la valoración (appraisal theory), que surge de investigaciones en educación, y ha sido impulsada principalmente por James R. Martin en Australia. Esta teoría se ocupa, primordialmente, de la expresión lingüística de la actitud, junto con los recursos que permiten posicionar explícitamente y de manera interpersonal las “propuestas” y las “posiciones” textuales. En particular, se busca estudiar los significados que hacen variar los términos del compromiso de quien escribió un texto, con sus enunciados. Esto comprende tanto las expresiones individuales como aquellas que se van acumulando según el texto se va desarrollando. Cabe hacer notar que adicionalmente, este enfoque explora cómo al evaluar, el emisor de la opinión va estableciendo alianzas con los que comparten su punto de vista, y a la vez se va distanciando de los que difieren.

Dentro de la teoría de la valoración se consideran de entrada tres dominios semánticos: la actitud, el compromiso y la gradación. Son precisamente los enunciados “actitudinales” (que manifiestan actitud) los que expresan una evaluación (implícita o explícita) positiva o negativa, o que pueden interpretarse como una invitación a los lectores a proveer sus propias evaluaciones. Dentro de este dominios se da una división en subsistemas de afecto (componente básico en que se expresan las emociones), juicio (evaluación de acuerdo a las normas sociales) y apreciación (evaluación de acuerdo a principios estéticos u otros aspectos de valor social), siendo estos dos últimos subsistemas una “institucionalización” de las emociones. El afecto se manifiesta en los textos a través de verbos de emoción (amar/odiar), adverbios (tristemente), adjetivos (feliz) o nominalizaciones (desesperación). De la misma forma se expresan las institucionalizaciones del afecto, como el juicio y la apreciación.

En el dominio del compromiso se ubican las expresiones del lenguaje utilizadas para posicionar la voz del emisor de la opinión, así como sus significados que reconocen o ignoran los diversos puntos de vista puestos en juego en sus enunciados. Dentro de este dominio hay dos dimensiones contrapuestas: las aserciones declarativas absolutas que ignoran las otras voces (“los recursos naturales son mejor administrados en manos privadas”), y los enunciados que reconocen de alguna forma a las otras voces o posturas alternativas (“diversos estudios muestran que se ha desatendido la industria petrolera”).

Al dominio semántico de gradación se le considera un espacio de escala, donde se expresa la intensificación o disminución de la fuerza de las opiniones emitidas (“considero firmemente que C es un inepto” o “me da la impresión que C es un inepto”).

La teoría de la valoración es un modelo muy desarrollado para apoyar el análisis de las opiniones que nos permite llevar el análisis a tanto detalle como se quiera. No obstante, se requiere aun mucho trabajo de los investigadores de las ciencias computacionales para aplicarla completamente. Por otra parte, se reconoce que la teoría está fuertemente orientada a valores de la cultura occidental y no es inmediata su aplicación a otras culturas.

Los sistemas de tratamiento de información que realizan minería de opiniones, como se le conoce en lenguaje técnico a los procesos previamente descritos, son un tema actual y muy activo de investigación y desarrollo que tienen una variedad de aplicaciones, que van desde el análisis automatizado de opiniones de películas, obras, o productos en general, hasta estudios que permitan dar seguimiento a cómo va evolucionando la percepción de los ciudadanos acerca de empresas, gobernantes o políticos.

 
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