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Martes, 21 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

El rey desnudo

 
Guillermo Aragón L.

Gail Tverberg, matemática y especialista en cuestiones energéticas, en un brillante artículo titulado Nuestro mundo es finito, publicado en abril de 2007, hace un análisis de lo que implica haber llegado y sobrepasado el llamado “cenit del petróleo”.

Lo que destaca este texto es que la crisis económica que comienza a revelarse a escala mundial, no es sino la punta del iceberg que emerge de las profundas contradicciones de un sistema económico que ha vivido sobre la ficción de que la economía puede crecer indefinidamente y de que el dinero virtual (el crédito) puede generar riqueza independientemente del trabajo.

Aunque este planteamiento ya estaba presente desde la década de los setenta con el Informe del Club de Roma (Los límites del crecimiento) que auguraba un negro panorama si no se corregía la tendencia de la explotación irracional de los recursos, los dueños del dinero (virtual) no sólo negaron la validez de la advertencia, sino que radicalizaron más el modelo a través del llamado “neoliberalismo”.

Hoy la realidad demuestra que ese rey va desnudo, vestido de mentiras y de billetes que no son sino papel y de cifras que sólo aparecen en los tableros luminosos de Wall Street, pero que no están respaldados por ningún bien y ningún trabajo concretos, sino que son “créditos a futuro”.

Lo más importante del análisis, es la verificación de que esta crisis ya no es una de tantas crisis cíclicas del capitalismo; esta vez, la crisis llegó para quedarse, porque a diferencia de las anteriores, como la multicitada de 1929, en esta ocasión los recursos naturales, especialmente los energéticos (petróleo y gas) comienzan a agotarse y con ellos la posibilidad de seguir produciendo una creciente cantidad de bienes destinados a generar ganancias, no a satisfacer necesidades, por lo que toda apuesta a una producción de valor en el futuro, resulta totalmente irreal, es decir, ya no tienen nada qué apostar o qué prometer.

Ha llegado el momento de pensar y construir un modelo social diferente, no por gusto, sino por necesidad. 

 
 
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