Dijo el gobernador Mario Marín Torres que van ocho ocasiones en que el presidente Calderón viene a Puebla, “siempre con buenas noticias”; pero los reporteros aseguran que sólo son cinco. No importa quién tiene la razón, lo cierto es que tanto uno y otros parecen cada vez más acostumbramos al maltrato, prepotencia y excesiva presencia de fuerzas de seguridad federal durante las visitas del presidente.
Ayer no fue la excepción. Algunos que con agrado y admiración de niños recuerdan a los soldados y tanquetas del Ejército Mexicano que resguardaban a los mandatarios priistas, ahora ven con repudio a la milicia, a la Policía Federal Preventiva y a los agentes secretos que “protegen” al gobernante panista.
“¿Por qué está un tanque ahí en el Oxxo, mamá?”, preguntó un menor de jardín de niños a la mujer que lo lleva de la mano. “Es que viene el Felipe Calderón”, fue la seca respuesta de la señora que agacha la cabeza y aprieta el paso frente a la mirada vigilante del uniformado de verde que, impávido, sostenía un arma larga.
Ayer, los accesos al fraccionamiento Los Héroes, al sur de la ciudad de Puebla, se convirtieron en un búnker por la excesiva presencia de agentes de la Policía. Para cuando Calderón estuvo dentro del fraccionamiento entregando las llaves de las viviendas y hablando de que nos irá muy bien a pesar de la turbulencia financiera mundial, algunos habitantes tuvieron que sortear retenes y vallas para poder llegar a sus domicilios.
Para los militares no hay ninguna flexibilidad: no pasas significa eso; no pasas. Si no, pregúntenle al presidente del Congreso local, Othón Bailleres, quien acostumbrado al desorden de los actos locales, usó otro camino para alcanzar al presidente que se despedía de unas mujeres porristas del gobierno estatal; un oficial lo paró en seco: “No pasas”. Y ahí se quedó paradito el diputado, con su más de un metro 80 centímetros de altura. Quietecito. Obediente. Y como él, el gobernador, diputados federales, funcionarios, beneficiarios, la Policía Estatal, reporteros, todos.... todos obedecimos por dónde caminar, dónde sentarse, cuándo levantarse e irse.
Pero como dijo un albañil que desde el puente de la 14 Sur se reía de todos los abajo obedientes: “¿A qué le tiene miedo Felipe Calderón?”