El conflicto magisterial que se vive en Puebla parece estarse crispando, ya que lejos de que surja el dialogo o un intento de acuerdo entre los disidentes y las dirigencias de las dos secciones locales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) están aumentando las amenazas de que se desate la violencia entre ambas partes.
Hasta ahora los secretarios de las secciones 23 y 51 del SNTE, Eric Lara Martínez y Cirilo Salas Hernández, respectivamente, lejos de ofrecer dialogo y propuestas de solución, se han limitado a acusar al PRI y al PRD, a profesores de otros estados y a grupos políticos de diversa índole, de estar atrás del movimiento magisterial disidente. Fuera de eso, no han ofrecido ninguna alternativa a las demandas de los mentores.
Los maestros que han salido a las calles a protestar están enarbolando una serie de exigencias que son genuinas y justas, consistente en exigir que acabe con los abusos y la corrupción en el SNTE, junto con el cacicazgo de Elba Esther Gordillo, así como la improvisación de políticas educativas que cada sexenio se impulsan y que acaban fracasando.
Algunas fuerzas políticas efectivamente están usando la coyuntura para atacar a Elba Esther Gordillo y por eso están apoyando a los maestros disidentes. Pero el malestar de la mayoría de los miles de profesores que han salido a las calles está al margen de esos juegos de poder. Su inconformidad es resultado del mal trato que han sufrido de sus representantes gremiales. Si en el SNTE no se comprende esta situación, difícilmente se podrá controlar la ola de inconformidad que parece estar creciendo en las filas de profesores.