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Martes, 21 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Pese a la falta que hace en Puebla, ninguna universidad ofrece Historia del arte: Galí

 


Montserrat Galí Boadella, investigadora de la UAP / Foto Abraham Paredes

YADIRA LLAVEN

“Pese a la falta que nos hace en Puebla, en ninguna universidad existe la carrera de Historia del arte, porque no hay posibilidades ni interés en abrirla. ¿Por qué?, por muchos motivos que ya no valen la pena analizar”, comentó a La Jornada de Oriente la doctora Montserrat Galí Boadella, investigadora del tercer nivel del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la UAP. 

“Puebla es una entidad que tiene ya varios siglos de historia del arte y la tenemos que estudiar”; y al parecer, “en el público ya se ha despertado el interés por analizarla, y eso es lo importante”.

“En la UDLA existe nominalmente Historia del arte, pero hay un sólo profesor que no es historiador del arte, por eso cuenta con académicos invitados. No hay manera de preparar sistemáticamente a los alumnos, porque la carrera requiere de técnicas y metodologías específicas que precisan especialistas, y que además ha avanzado mucho en la actualidad por razones obvias. Ellos no tienen la formación, únicamente conocimientos; no manejan la teoría ni la metodología, al igual que en la Universidad Iberoamericana”.

Desde 1995, Galí Boadella ingresó a la universidad con el apoyo del maestro Alfonso Vélez, quien tenía el proyecto de abrir un área de Historia del arte en la casa estudios, lo que se logró tras un convenio con la UNAM, con la opción de que los estudiantes de historia cursaran una especie de materias terminales; es decir, que las asignaturas optativas se tomaran con referencia al arte, lo cual le pareció “una buena elección, porque antes que nada se debe ser un buen historiador”.

Hoy día se confunde la Historia del arte con la crítica. “Para el arte contemporáneo está bien la crítica, ya que no se puede hacer mucha historia cuando un artista tiene 25 años y por vez primera presenta una exposición de su trabajo, la historia está por empezar. Uno no sabe ni siquiera si dentro de dos años seguirá siendo artista”.

De su trabajo en la UAP explicó que “básicamente mi investigación personal se refiere a tres áreas, que aunque parecen separadas están relacionadas. Mi proyecto a largo plazo es lo que yo llamo “Patrocinio y mecenazgo de los obispos de Puebla”, que son cosas diferentes. El patrocinio es una obligación del obispo, fundamentada legalmente en las Leyes de Indias y el Derecho Canónico, mientras que el mecenazgo es una acción particular”.

“Estoy estudiando desde muchas perspectivas del arte, analizo a Puebla como una ciudad episcopal, en donde el obispo era una figura que iba más allá del poder religioso, por eso se instaló la imprenta a edad temprana, antes que en muchas ciudades de Europa; pero de la misma manera veo a la música”.

“Ahora estoy analizando el obispado de Manuel Fernández de Santa Cruz (1677–1699), quien es mucho más importante e interesante que Juan de Palafox y Mendoza”.

“El otro proyecto es con el cuerpo académico, que es otra historia y que tiene que ver con los contactos con universidades francesas, de lo cual surge ‘México–Francia, memoria de una sensibilidad común. Siglo XIX y XX’. En ello, mi participación se centra en la influencia francesa en el arte de Puebla, y principalmente en la Académia de Bellas Artes en la ciudad, además del análisis de la vida de José Manzo y el obispo Francisco Pablo Vásquez”.

De la línea sobre el artista Manzo, sobre quien está por publicar un libro, dijo que el texto estaba escrito desde hace tiempo, y hasta recibió un reconocimiento como la mejor biografía en Puebla; sin embargo, “cada vez que te metes al archivo van saliendo más cosas, y me faltaba justamente todo el aspecto de su viaje a Francia. El año pasado tuve la oportunidad de estar en ese país dos meses y medio, y creo esta parte se ha enriquecido mucho, para presentar una visión diferente de lo que hizo en Europa”.

Evidentemente, reconoció, hay una parte de la historia que tiene que ver con el archivo diocesano de Puebla, pero que no podrá consultarse hasta después de un lustro, cuando por fin cataloguen y clasifiquen toda la documentación. “Pero después de cinco años, quién sabe si esté viva, así es que mejor publicaré el libro”, comenta entre risas; mientras reconoce que “uno no tiene la última palabra en una investigación, los alumnos ya seguirán”.

“Lo que suponemos que son retablos, bajo el diseño de Manzo, no se podrán documentar hasta que entremos al archivo. En un momento dado he podido documentar algunas cosas, como las condiciones en que se hizo el retablo de “La Soledad en Puebla”, se sabe la fecha exacta, los artistas que participaron... pero hasta que no entremos en ese archivo no sabremos qué pasó con la iglesia de la Concepción, de San Jerónimo y la de San José...”.

–¿Qué le impide acceder al archivo diocesano?

–Antes era imposible, era como el misterio de la Santísima Trinidad. Ahora, en este momento, se le dio un lugar adecuado junto a uno de los accesos a la catedral, por el lado de la 5 Oriente. Ya están las cajas, la documentación, pero está todo revuelto y no permiten que nadie lo toque hasta que lo clasifiquen.

“En el proyecto México–Francia, un lugar predominante lo tiene Francisco Pablo Vázquez, un gran personaje cultural y artístico de Puebla. Yo encontré relaciones de él con personajes de la vida política en Francia realmente apasionantes, como la amistad con el diputado que mandó a decapitar a Luis XIV”.

“Y si algún día escribo un libro sobre los obispos de Puebla lo haré hasta Pablo Vázquez con un bonito final”.

Otro de los temas que también está ligado a las dos anteriores investigaciones es “Musicat”, música en catedrales, proyecto nacional financiado por Conacyt y la UNAM. Este proyecto, detalló, se desarrolla en ciudades con archivos catedralicios, del que coordina el seminario de Puebla. “Catalogamos todas las noticias de música que contienen los libros de actas de cabildo, así como los papeles de música. Estos datos se están subiendo a una base de datos que podrán ser consultados por cualquier investigador, músico o simple interesado”.

“En Puebla nos hacen falta los primeros 40 años del siglo XVII y XVIII, todo lo demás, desde el siglo XVI hasta 1856, está paleografiado, registrado y una gran parte la hemos subido a la red. También estamos haciendo un catálogo de la música catedral del estado”.

“En la actualidad, si tenemos una partitura que está incompleta, ya sabemos si está en otra catedral, y la vamos a poder completar. Es un proyecto importante, y muchos europeos nos pretenden copiar este estudio. No obstante, la base de datos sólo la manejan los investigadores, pero la idea es que a partir de 2009 la podrá consultar cualquiera. Dará un cambio en la historia de la música colonial, con la idea de dar una nueva visión de la historia durante esa época de Puebla”.

Con este proyecto lleva ya más de cuatro años y también participan investigadores de Guadalajara, Durango, ciudad de México, Morelia, Mérida, y San Cristóbal de las Casas.

 
 
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