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Martes, 21 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La familia López, con cuatro generaciones de moldear el barro y de atizar el fuego

 

Uno de los cuatro hornos que quedan en la ciudad de Puebla / Foto Abraham Paredes
ALONSO FRAGUA

La mañana aún no clarea, pero la jornada de los López inicia una vez más. Desde las cinco de la mañana, Arturo López Cano alimenta el horno del Centro alfarero del barrio de La Luz. Luego de cuatro o cinco horas, el fuego alcanzará los 800 o 900 grados necesarios para meter la primera carga de 288 ahumadores para las próximas festividades de muertos. Al final del día, después de cerca de 18 horas de trabajo, casi 2 mil piezas estarán listas para que el copal y el incienso ardan en los alteres dedicados a los difuntos.

Desde hace 35 años, don Arturo dedica su vida al barro. Él es la tercera generación de una familia de alfareros que continuará la tradición a través de su hijo mayor, Arturo López Lozano. Cada temporada de muertos, del 15 de septiembre al 27 de octubre, aproximadamente, los López trabajan sin parar desde antes del amanecer hasta las 10 u 11 de la noche. Durante este periodo, Saúl  y Ricardo ayudan a su padre y hermano en el negocio familiar.

Ambos están encargados del vidriado, el recubrimiento de óxido de plomo que da a las piezas terminadas su color negro característico. Saúl tiene 18 años, y aunque disfruta el oficio de alfarero, desde hace más de un año posee una recuperadora de metales. “Sí me gusta, pero es muy pesado. Sí se le saca lana, pero con la recuperadora hago dinero más fácil”. Su hermano Ricardo, de 14 años, quiere ser ingeniero electrónico. Para él, la alfarería es aburrida.

“Yo empecé como a los nueve o 10 años, acarreando piezas y pesando el barro para mi papá. Mi primera pieza la hice hasta los 11. Fue un cajete, que en nuestro oficio es lo más fácil de hacer”, dice Arturo hijo, mientras observa a su padre sacar, uno a uno y con gran destreza, los ahumadores al rojo vivo, ayudado de unas pinzas. “Ahorita tengo 22 años y sigo aprendiendo. En este trabajo nunca se termina de aprender”.

El mayor de los López, además de alfarero, es licenciado en Administración de empresas. “Yo tengo el sueño de remodelar el lugar. Hay un proyecto de taller–escuela aquí mismo. Mi idea desde que entré a estudiar administración era ésa; no dejar la alfarería”.

“A mí me gusta el oficio porque es bonito desde que preparas tu barro y empiezas a darle forma a la pieza. Luego le das el primer cocimiento y luego el segundo y te sale bonito, y pues te da un gran gusto. Y luego que venga la gente y te pague por tu pieza pues te da aun más alegría”, cuenta el que será el sucesor del negocio familiar.

“Primero se extrae el barro de Amozoc o de San Pablo. Nosotros acá lo mojamos en un rincón y al otro día lo hacemos bolas con las manos. Después lo ponemos en el piso y lo pisamos y se deja reposar un día. Al siguiente ya se puede utilizar. Para una cazuela de media campana que le llamamos, el primer día sólo se hace la parte de abajo –el cajete–, y al siguiente se le pone el borde –la faja–, y al siguiente se le ponen las orejas”.

“A eso agrégale el tiempo que se tarda en secarse; si llueve, 15 días, si no solamente ocho. Una vez secas metemos las cazuelas al horno para darles un primer cocimiento. Luego les damos el vidriado y le damos un segundo cocimiento”.

Tras un promedio de 20 días de trabajo los artesanos ofrecen estas cazuelas de un metro de diámetro y 80 centímetros de alto en 400 pesos, misma que las tiendas venden en 750.

Adiós a la leña y bienvenido el mercado global

 

Padre e hijo refieren que con las condiciones actuales no se dan abasto para cubrir la demanda de la temporada, sobre todo si se considera que el suyo es uno de los últimos cuatro hornos que existen en la ciudad de Puebla. Dos más se ubican sobre Palafox y Mendoza, en el barrio de La Luz, mientras que el otro está en el barrio de Analco.

Para lograr una mayor producción, los artesanos necesitarían un horno de gas que les permitiera sacar sus piezas más rápido y con mayor calidad. Aunque en teoría ya cuentan con este aparato, diversos factores han impedido su instalación. Hacia el final de su gestión como alcalde de la ciudad, Mario Marín les donó el mencionado horno, el cual, hasta hoy, sigue en custodia del ayuntamiento, según cuentan los López; además de la falta de recursos para esta tarea, existen diversas irregularidades relacionadas con la propiedad donde opera  el Centro alfarero del barrio de La Luz, ubicado en Juan de Palafox y Mendoza 1403.

 

Al terminar esta temporada, los 15 artesanos que conforman este grupo pretenden acercarse a la administración local para presentarle el plan para adquirir finalmente el edificio. “Vamos a ir con la licenciada Blanca Alcalá para que nos den un crédito blando, a liquidar en cuatro años, y como asociación comprometernos a pagar para que esto se convierta en un patrimonio para nuestros hijos y sigan esta tradición”, dice don Arturo.

“Por ejemplo, mi hijo Ricardo, el más pequeño, es un niño y no sabe lo que quiere. Pero al ver que esto ya deja más dinero, que ya hay remodelación del inmueble, que ya entra el turismo a visitarnos, pues entonces se quedaría aquí”, concluye el jefe de familia.

Una vez que la situación legal de su lugar de trabajo quede arreglada, la asociación estaría en condiciones de aceptar el trato que una compañía de gas les ha ofrecido. A cambio de consumir su producto de por vida, la empresa gasera se comprometería a instalar el horno. Gracias a él, el centro podría, además de conseguir piezas con una calidad estandarizada, exportar su producto.

“Aunque actualmente le pongamos esmalte sin plomo a nuestras piezas, el horno ya está contaminado con plomo; además, las piezas serían de mayor calidad con un cocimiento parejo”. De esa forma, sus cazuelas, candelabros, macetas y demás objetos serían aceptados para su venta fuera del país.

Otro beneficio que traería el gas sería una menor emisión de humo; menos hollín que manche las casas vecinas y decir adiós a las casi dos toneladas de madera de desperdicio industrial que usan diariamente durante la temporada más atareada del año.

 
 
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