Las raíces de nuestro idioma griegas, latinas, rescatar el origen de un término cuando obliga a buscar lo más correcto en el, así la palabra crisis procede del griego “krisis”, los que la aplicaban a una mutación para bien o mal que ocurría durante la evolución de un proceso; otra concepción fue aplicarla al momento decisivo de un negocio para definir la situación en que su expansión se detiene por un fenómeno de depresión; el término se ha generalizado más, se acepta llamar crisis cuando no hay confianza en el transcurso en un proceso, las perspectivas esperadas, en especial si son de beneficio comunitario, se diluyeron del objetivo terminal.
Esta es la ruta actual de los servicios de salud en México, una crisis sin horizonte de salvación, que perdió el concepto hipocrático que en el siglo V a.C. en su libro Aires aguas y lugares afirmaba que quien tuviera el deseo de investigar una enfermedad, su cura, debe tomar en cuenta: vientos, frío, calor, lugar donde ocurre, estaciones del año, agua de uso, ocupaciones, tipo de alimentos que se ingiere, ejercicio que debe hacer, trabajo que se desempeña. Hoy día la atención comunitaria de salud espera que la gente se queje para poner en marcha “cercos epidemiológicos” que no cercan nada ni a nadie, pero ellos cercan; solo traducen descoordinación de dependencias que se estorban unas a otras sin importar el accionar, las medidas que se tomen, así enfrenten disturbios ecológicos, protestas, mítines, vendetta de narcos.
El pensamiento epidemiológico se olvidó para simular, ya nadie recuerda como fue que John Snow enfrentó al cólera en Londres, a pesar de no saber quien lo causaba, solo usando metodología observacional, deductiva, o como William Budd investigó cuidadosamente la fiebre tifoidea, también antes de que se conociera al agente causal, su transmisión, que propuso medidas de control; tampoco se recuerda que Peter Panum en las Islas Foroe sin más que quizá una vaga idea causal del sarampión, determinó el periodo de incubación e inmunidad permanente en quienes lo sufrían; el como Goldberger condujo con observaciones acuciosas sus pensamientos para dilucidar que la niacina era la causa de la Pelagra en Georgia; como fue posible que Gordon integrara los conceptos básicos, dinámicos, fundamentales de la epidemiología moderna, considerando agente causal, hospederos transmisores, receptores, con ambiente, para formar los tres pilares de la salud pública: causa, susceptibilidad, medio ambiente. Pareciera que los miembros, no pocos de ellos insignes, de la ciencia dedicada a la salud para todos, ha perdido las raíces de la palabra: epi sobre, demos población, logos estudio o tratado, olvidan que la epidemiología es sustento de la salud pública, con el objetivo de correlacionar los factores determinantes de una comunidad social que determinan el valor de la demográfica, socioeconómica, daños de salud, que inducen la enfermedad comunal, pero no solo eso, se han desviado sus principios, por que la epidemiología no es útil para sujetos con enfermedad aislada, se enfoca a principios, actividades de enfermedad que ocurre en comunidad, de tal manera que la meta final de los servicios de salud es identificar las medidas preventivas aplicables al control e interrupción de enfermedades comunales. Por supuesto que esto debe parecerles escrito en chino a las autoridades de salud, quienes han instituido el concepto salud para echarse la otra.
Da vergüenza oír a las autoridades, sindicatos, afirmar que unos cuantos profesores, indignos de llevar ese título, protestan irrazonablemente porque les han arrebatado su esquema de jubilaciones y pensiones, dicen los oficialistas que una maestra tomo del hombro a un hijo al borde una meseta en el horizonte mexicano y de dijo... todo eso que ves en el horizonte sera suyo m’ijo... que el niño se voltea preguntando... y la Hummer a ma’, todo porque Esther la gorda en ovillo, el fascista presidente friéndose en su propio calderón hirviente, la “mota” secretaria de educación, los tres buenos para ellos.
Es quizá la nula visión del oportunismo la que impide ver a autoridades ciegas, torpes, el tropel de fenómenos promisorios que espanta, las “adelitas” de AMLO, las maestras fuera de aulas en la calle, las empleadas de ISSSTE o IMSS, las que se ganan la vida en los mercados, mujeres mayoritariamente protestando, no visualizan acaso que la próxima revolución la haga el género débil que sabe lucir testes en la sociedad, las que los enfrenten.
Miami no es ya preponderantemente cubano, New York dejó de ser exclusividad borinquen, los Ángeles no son mexicanos, ojo racistas, un ciudadano de piel oscura es candidato a la presidencia de EU, como van las cosas, vivirá en mansión de blancos pintada también de blanco.
El 16 de octubre de 1979 la ONU señaló fecha para “festejar” el Día Mundial de la Alimentación, se pidió a la Cámara de Diputados que emita un decreto para elevar a rango constitucional el Derecho Humano a la Alimentación, porque México un país con elevado índice de desnutridos no son atendidos socialmente por la secretaría de salud que dice “lucha” contra la obesidad infantil.
Funcionarios todos, la Secretaría de Salud es pilar de un pueblo ante marginación, pobreza, un México sano, educado, trabajando, comiendo, es acaso solo un sueño, muestren lo que tienen, por que es fácil decir la sentencia foxiana ¿yo por qué?