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Viernes, 17 de octubre de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Cuarenta años después

 
Yassir Zárate

l PRI y sus métodos pantagruélicos de gobernar no se han ido. La alternancia ha sido una de las mayores tomaduras de pelo en la ya de por sí carnavalesca historia de México. Y nuevamente corremos el riesgo de pasar por un baño de sangre.  A medida que el actual gobierno federal acabe por perderse en la lucha armada que aparentemente sostiene con algunos cárteles criminales, aumentará la presión sobre los escasísimos grupos de resistencia civil que operan en el país.

Y las muertes sospechosas también podrían aumentar, particularmente de quienes se dediquen a levantar la voz contra la impunidad y el autoritarismo. Muchas balas ya tienen nombre y apellido.

El supuesto llamado a la unidad lanzado por Calderón hace unos días no es sino una pantomima para acusar y aislar a quienes no comulgan con su nefasto estilo de gobierno, apoyado en el puño y la bota.

Y ahí está para corroborarlo la oleada de críticas que algunos se han llevado por cuestionar ese llamado “a la unidad”.

El espíritu del 68 debe retomarse. Ahora más que nunca se requiere de un movimiento que orille a la acción y no sólo al pensamiento. Se necesita articular una alternativa que se mueva hacia una auténtica democracia, en la que se destierre el poder del dinero para imponer gobernantes.

Pero tampoco se pueden perder de vista otros factores, como la lucha contra la endémica pobreza que azota al país desde hace siglos, o la reparación del daño causado a la naturaleza, que nos podría despeñar a una situación sin salida. Nada de eso puede quedar afuera.

 
 
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