El PRI y sus métodos pantagruélicos de gobernar no se han ido. La alternancia ha sido una de las mayores tomaduras de pelo en la ya de por sí carnavalesca historia de México. Y nuevamente corremos el riesgo de pasar por un baño de sangre. Amedida que el actual gobierno federal acabe por perderse en la lucha armada que aparentemente sostiene con algunos cárteles criminales, aumentará la presión sobre los escasísimos grupos de resistencia civil que operan en el país.
Y las muertes sospechosas también podrían aumentar, particularmente de quienes se dediquen a levantar la voz contra la impunidad y el autoritarismo. Muchas balas ya tienen nombre y apellido.
El supuesto llamado a la unidad lanzado por Calderón hace unos días no es sino una pantomima para acusar y aislar a quienes no comulgan con su nefasto estilo de gobierno, apoyado en el puño y la bota.
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