Hace ocho días mencioné en este espacio, entre otras cosas, la espléndida oportunidad de ver Persépolis; la llegada a Puebla del valioso film israelí Solos contra el mundo, y la diversión asegurada que –por su atractivo cast– prometía ser Locas por el dinero, con las talentosas Diane Keaton (hace ya 31 años de Annie Hall), Queen Latifah (irresistible, por ejemplo, en Chicago como Mama Morton) y Katie Holmes (que dista mucho de ser solamente “la señora de Tom Cruise”). En efecto, son las tres –con su envidiable timing comédico y su “química” colectiva– las que elevan del nivel promedio a Locas por el dinero (Mad money), dirigida por Callie Khouri, la guionista, ni más ni menos, de aquella –ya legendaria– Thelma & Louise (o Un final inesperado) de Ridley Scott. ¿De qué trata Locas por el dinero? De la posibilidad de saquear, pulcramente, la Reserva Federal de los EU a partir de un simple candado que se compra por internet. ¿Qué no hay forma de que eso pase en la vida real? Who cares. Tampoco pasa que un chaparrín de nombre E.T. quede varado en la Tierra –sin ser su planeta– lo cual le hace pensar en no otra urgencia que la de ...phone home! Así pues, si le gustan las películas gozosas por el hecho del gozo mismo (es decir, sin la obsesión de que todo se justifique), vea a estas “locas por el dinero” entre las que, sorpresivamente, es Katie Holmes, quien se “roba” (ejem) buena parte de las escenas.
El destacar, en el párrafo anterior, el trabajo de Keaton, Latifah y Holmes me lleva a recordar a otras prometedoras actrices femeninas que, de repente e inexplicablemente, desaparecieron de los primeros planos de Hollywood. ¿Por qué? ¿En dónde están? ¿Regresarán al status que alguna vez tuvieron? Me refiero, entre varias más, a presencias (ausencias, en este caso) como Mary Stuart Masterson, Kirstie Alley, Cathy Moriarty y hasta Anne Heche. ¿Qué les pasó?
Mary Stuart Masterson –de dulce rostro y quien “de golpe y porrazo” ya cumplió 42 años– es gratamente recordada, sobre todo, por sus roles en El cielo se equivocó (Chances are), Tomates verdes fritos y Corazones en conflicto (Benny & Joon). Al parecer, ahora mismo está refugiada en la televisión, muy lejos del importante status que llegó a tener y del impulso ascendente que se le auguraba. Kirstie Alley por su parte –en especial célebre “por culpa” de las tres exitosas Mira quién habla, al lado de John Travolta– extravió el rumbo a partir de que (exagerada e inexplicablemente) subió de peso, refugiándose también en la televisión. En ella, por cierto, creó y actuó la serie Fat actress, interpretando una versión de sí misma como una actriz que lucha por perder peso en busca de recuperar su carrera fílmica. En cuanto a Cathy Moriarty –a quien también se extraña– no pudo tener un debut más auspicioso: fue al lado de Robert De Niro como Vicki Thailer, la esposa del boxeador Jake La Motta, en Toro salvaje (‘80), de Martin Scorsese. Pero un serio accidente automovilístico y la consecuente rehabilitación física y emocional la alejaron por más de seis años de las pantallas. De ahí en más, una serie de malas decisiones, aceptando roles apenas de reparto en malas o intrascendentes películas (algunas con Schwarzenegger, Sly Stallone y Gasparín, el fantasma como compañeros), prácticamente la borraron de la memoria del cinéfilo. Y finalmente el caso de Anne Heche, quien hizo Donnie Brasco (con Pacino), Volcano, Escándalo en la Casa Blanca (con De Niro y Dustin Hoffman) yhasta el remake de Psicosis, pero que después –aunque no le falta trabajo– ha reculado también en la televisión. Chicas: ¡se les extraña en la pantalla grande!
(Mientras escribo llega una buena noticia: el estreno de Ceguera, de Fernando Meirelles, thriller psicológico basado en Ensayos sobre la ceguera, de José Saramago. Pero llega también una mala: Persépolis sale de exhibición).